Sólo en España, la cifra de enfermos ronda los 400.000 y se diagnostican unos 20.000 casos nuevos cada año, según datos de la Federación Española de Epilepsia, que calcula que en todo el mundo, unos 50 millones de personas padecen la enfermedad.

El CSIC participa en un estudio que identifica el mecanismo que precede a las crisis epilépticas

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La investigadora del CSIC Liset Menéndez de la Prida junto con Richard Miles y Gilles Huberfeld. /Foto: CSIC

Una investigación conjunta del Consejo Superior de Investigadores Científicas (CSIC) y el Instituto del Cerebro y la Médula Espinal el Hospital de la Pitié-Salpêtrière de París ha permitido identificar el mecanismo de transición hacia las crisis epilépticas, es decir, el mecanismo que desencadena las crisis. El hallazgo, que se publica en el último número de la revista Nature Neuroscience, abre las puertas a la futura predicción de estos ataques, uno de los mayores retos en el campo de la epilepsia.

Los investigadores han descubierto un tipo de evento eléctrico que precede a la aparición las crisis en enfermos de epilepsia de lóbulo temporal, resistente a los fármacos en un 80% de los casos.  Estas descargas eléctricas, bautizadas como pre-ictales, aparecen en los minutos previos a las crisis y provocan la sincronización anormal de los circuitos neuronales.

“La ruta hacia la crisis está marcada por una dinámica compleja y larga en la que las neuronas del foco epiléptico controlan la actividad eléctrica de sus vecinas a través de la liberación indiscriminada de un neurotransmisor excitador, el glutamato.

En la actualidad, de cada diez pacientes tratados con medicamentos: 6 logran control de la epilepsia; 2 presentarán algún tipo de mejoría notable y 2 no experimentan mucha mejoría.

Esta intensa actividad glutamatérgica interfiere con el funcionamiento normal del cerebro, reorganizando los circuitos neuronales y reclutando aceleradamente a grandes poblaciones neuronales dentro del foco epiléptico, antes de propagarse hacia otras regiones cerebrales”, explica Liset Menéndez de la Prida, investigadora del CSIC en el Instituto Cajal, que diseñó y desarrolló el estudio junto con sus colegas franceses Richard Miles y Gilles Huberfeld.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores analizaron datos de pacientes a los que se implantaron electrodos profundos como parte del proceso previo al tratamiento quirúrgico. Estos electrodos, que reflejan la actividad eléctrica del conjunto de neuronas que los rodean y miden los cambios que se producen en ella, se implantan para localizar las áreas que originan el ataque y que serán extraídas en la operación. Usando ese tejido, los científicos pusieron a punto un modelo in vitro que les permitió estudiar los diferentes tipos neuronales de modo independiente y caracterizar su actividad.

“De este modo, pudimos llegar a la conclusión de que existe un periodo de transición que precede la emergencia de las crisis, por lo que creemos que en un futuro podríamos ser capaces de predecirlas y, quizá, incluso atajarlas”, apostilla Menéndez de la Prida.

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Una enfermedad poco conocida

Aunque documentada desde hace siglos (está ya presente en el babilónico código de Hammurabi), es poco lo que se conoce de esta enfermedad, de la que existen más de 40 tipos y que puede tener múltiples causas, desde genéticas a infecciosas. En la estudiada por estos investigadores, la epilepsia del lóbulo temporal, la causa genética no parece determinante, sino que influyen más los problemas sufridos durante las primeras etapas del desarrollo, como crisis febriles, infecciones virales, meningitis o traumatismos craneoencefálicos.

Sólo en España, la cifra de enfermos ronda los 400.000 y se diagnostican unos 20.000 casos nuevos cada año, según datos de la Federación Española de Epilepsia, que calcula que en todo el mundo, unos 50 millones de personas padecen la enfermedad.

Parte de los casos responden al tratamiento con fármacos, pero otros muchos son resistentes (aproximadamente un 20%, cifra que en el caso de la epilepsia del lóbulo temporal se eleva hasta un 80%). En estos casos, la solución actual reside en la extirpación de las áreas epileptógenas, una cirugía a la que se llega después de años de tratamientos fallidos.

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