Mejorar la educación o empeorar la sociedad

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

Si viajo por mis recuerdos como profesor de secundaria, y ante la política educativa nacional, me siento bastante secundario. Incluso asumiendo los distintos perfiles de alumnos, docentes y progenitores, más lo bien y lo mal que lo hacemos todos, no veo en la política educativa la intención de aplicar las soluciones prácticas y desestimar los caminos ineficientes. En consecuencia hay que ponerse más técnico que personalista para denostar la política educativa nacional.

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista @DAVIDRABADA

Se repite a menudo que el éxito de un buen sistema de enseñanza se halla en la infancia. Me contaba el Dr. Casas del hospital del Vall d’Hebron de Barcelona que un mínimo de un 15 por ciento de los alumnos fracasan por disfunciones no diagnosticadas ni tratadas en infantil o primaria. Yo añadiría otro 15 por ciento bajo un modelo político alejado del aula. Sumados los dos quinces se acercan tremendamente al 30 por ciento de fracaso total nacional. Si nos centramos ahora sólo en las causas adquiridas, este creo que es el marco de nuestro fracaso escolar. Pero hay que evitar a los justificadores. Pongo de ejemplo la siguiente conversación de una madre, y ante el alud de partes sobre su hijo, que supo dar una respuesta demoledora.

–          Es que su hijo ha dicho cosas muy contundentes en el aula – expuso un tutor a la madre.

–          ¿Cómo qué?

–          Pues le dijo – carraspeó el docente antes de empezar -, imbécil al conserje, rastrera a la mujer de la limpieza, moro a un compañero marroquí, negro de mierda a un senegalés, e hijo de puta al profesor de historia.

–          Eso es normal dada su hiperactividad.

–          ¿No entiendo? Llamar negro de mierda o hijo de puta a alguien es un insulto muy ofensivo.

–          Al contrario, es que mi hijo les dice lo que piensa, simplemente es muy sincero.

 

El fracaso escolar

En mayo de 2014 la prensa se hizo eco de unos estudios que explicaban las causas nacionales del batacazo escolar. Desgraciadamente muchos docentes, algún sindicato y asociaciones de padres llevaban décadas denunciando esas mismas razones, pero sin éxito patente. La política de este país, alejada de realidades demostradas, de formación más humanística que científica, y pendiente de qué dirá la oposición, hizo caso omiso a todas aquellas investigaciones. Por desgracia la política atendía más a teóricos alejados del aula que a los que trabajan en ella.

La política de este país, alejada de realidades demostradas, de formación más humanística que científica, y pendiente de qué dirá la oposición, hizo caso omiso a todas aquellas investigaciones

El primer estudio aplaudido por los medios aquel mayo de 2014 fue presentado por la Fundación Jaume Bofill. En este se había observado que cerca del veinticinco por ciento de los padres no ayudaba ni repasaba las tareas escolares de sus hijos, es decir desatendía sus hábitos estudiantiles. Desgraciadamente hacía décadas que docentes y algunos sindicatos como Profesores de Secundaria denunciaban que un escolar sin rutinas ni hábitos de estudio solía fracasar.

El segundo estudio difundido aquel mayo fue un artículo publicado en la revista PNAS por los sociólogos Yu Xie y Amy Hsin. Ellos, y tras años de investigación, habían llegado a la conclusión que el esfuerzo era más importante que el talento y que, si el sistema educativo no educaba en este sentido, y con gran independencia de los potenciales innatos de los chavales y de las teorías pedagógicas aplicadas, no se alcanzaban los resultados adecuados. En fin, que llevábamos muchos años sabiendo las causas del problema, pero la incertidumbre política y la de sus asesores habían frustrado todo intento de solución. El hecho, y bajo múltiples cambios de ley y de pedagogías durante los últimos treinta años, es que el fracaso académico persiste muy elevado en nuestro país. Miles de pretextos escuché de muchos expertos, pero hay algo muy simple, la verdad quiere pocas palabras, el fracaso esgrime mil excusas.

La mejora en la enseñanza no vendrá de la política, y ni mucho menos de sus asesores, sino del compromiso entre los educadores, entre padres y docentes

Visto todo lo anterior, la mejora en la enseñanza no vendrá de la política, y ni mucho menos de sus asesores, sino del compromiso entre los educadores, entre padres y docentes. Sólo hay que recopilar todo el corolario de estrategias que funcionan y evitar las pedagogías teóricas que fracasan. Ya se sabe que es mejor prevenir que curar, y para prevenir alumnos díscolos, pasotas y fracasados sólo hay que evitarles una mala educación de raíz, y en caso de padecer disfunciones, ser diagnosticadas y tratadas desde muy infantes. Durante la más temprana edad, y tanto en la familia como en el colegio, deben existir una serie de acciones de probado éxito que eviten así el naufragio escolar, pero ¿cuáles?

En diciembre de 2012 la OCDE volvió a ratificar que nuestro país ostentaba el récord en fracaso escolar de la Unión Europea, algo que ocurrió en plena polémica con la nueva ley de educación, la LOMCE del ministro Wert. Poco antes del informe de la OCDE habían sido convocadas en Barcelona unas jornadas educativas sobre el fracaso escolar. Y así el viernes 30 de noviembre de ese año se celebraron las I Jornadas de Secundaria en el Col·legi de Doctors i Llicenciats de Catalunya. Allí, y entre docentes, se debatieron las causas y las soluciones del desastre escolar nacional.

Cuatro expertos de renombre como Inger Enkvist de la Universidad de Lund en Suecia y miembro del Consejo Sueco de Educación, Ricardo Moreno catedrático de Matemáticas y autor del libro El Panfleto Antipedagógico, Oriol Pi De Cabanyes antiguo docente y periodista de La Vanguardia, y Gregori Luri, pedagogo, catedrático de Filosofía y autor de La Escuela contra el Mundo, expusieron sus datos y resultados al respecto. Se añadieron a ellos más de cien docentes que con experiencia probada, manifestaron sus acuerdos con los conferenciantes.

En caso de falta de capacidad por disfunciones cognitivas o sensoriales hay que diagnosticarlas y tratarlas ya en infantil, algo que Estonia y Finlandia practican habitualmente

El resumen de las jornadas fue enviado a los medios de comunicación, al Departament d’Ensenyament de la Generalitat de Catalunya y al resto de partidos políticos. ¿Que por qué actualmente nuestros estudiantes suspenden más? Pues porque se esfuerzan y estudian menos, incluso los hay que no vienen ni a clase. Quien quiera ahora que lo complique, pero vistas las causas hay que preguntarse lo siguiente, ¿cómo resolver entonces el hundimiento escolar vigente? En caso de falta de capacidad por disfunciones cognitivas o sensoriales hay que diagnosticarlas y tratarlas ya en infantil, algo que Estonia y Finlandia practican habitualmente. Pero en el caso de los alumnos capaces, y que simplemente abandonan los estudios, cabe escuchar lo que los docentes han dicho durante los últimos treinta años. A ello vamos en el próximo capítulo.

Este artículo forma parte de una serie titulada “Fracaso escolar o fracaso político“, a cargo de nuestro colaborador, David Rabadà.

Entrega anterior: Alumnos que fracasan en la ESO, ¿culpables o víctimas? (57)

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