Existe una considerable evidencia que muestra que el peso al nacer –una medida común de la salud del recién nacido– es predictivo de muchos resultados a largo plazo, incluido el coeficiente intelectual, la educación y los ingresos. / SINC. 

Las políticas sociales disminuyen la desigualdad entre recién nacidos

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SINC / Dos economistas estadounidenses han revisado las investigaciones científicas de corte económico de los últimos cuatro años para obtener un perfil de cómo las desventajas sociales de las madres afectan a la salud de los recién nacidos.

“Nuestro estudio revela cómo las desigualdades maternas afectan a la salud infantil y el bienestar de la descendencia. Según nuestras estimaciones, aunque las desventajas predicen una mala salud al nacer, y dicha brecha social y económica va en aumento, la salud entre los recién nacidos de madres favorecidas y desfavorecidas ha disminuido con el tiempo”, declara a Sinc Anna Aizer, profesora de la Universidad de Brown (EE UU) y coautora del artículo de revisión que publica la revista Science, junto con Janet Currie de la Oficina Nacional de Investigación Económica y de la Universidad de Princeton.

Las científicas lo atribuyen al hecho de que se sabe más sobre la forma de proteger la salud del recién nacido y a que hay más políticas sociales para poner en práctica dichos conocimientos.

“La brecha de la desigualdad económica de EE UU se ha ido ampliando desde hace décadas, los estudios muestran que las desventajas de la madre puede tener consecuencias para la salud de los recién nacidos. Sin embargo, una revisión de la investigación económica reciente encuentra que la salud de los recién nacidos en realidad ha mejorado a nivel nacional en los últimos años. Este resultado nos sorprendió mucho”, enfatizan.

En el trabajo se describe cómo estas desventajas maternas afectan la salud del recién nacido a través de cuatro canales: los malos hábitos de salud, la exposición a factores ambientales nocivos, peor acceso a la atención médica y peor salud materna subyacente.

“Existe una considerable evidencia de que el peso al nacer –una medida común de la salud del recién nacido– es predictivo de muchos resultados a largo plazo, incluido el coeficiente intelectual, la educación y los ingresos”, apunta Aizer.

Para analizar este indicador, las investigadoras llevaron a cabo estudios adicionales utilizando los datos de natalidad de EE UU, que documentan cómo la salud del recién nacido –debido a la situación ventajosa o no de las madres– ha cambiado en los últimos veinte años.

“Este valor ha bajado entre las madres desfavorecidas en este período, y se ha mantenido “relativamente constante” entre las madres con mejores condiciones sociales y económicas”, aseguran.

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Mejor salud en recién nacidos ricos y pobres

Las políticas públicas de las últimas décadas parece estar empezando a romper el ciclo de la pobreza en EE UU entre los más pequeños. Las autoras destacan el programa de cupones de alimentos, el programa de alimentación suplementaria para mujeres y niños, y el reciente programa de la Asociación de Enfermeras de Familia como ejemplos que han demostrado efectos positivos en la salud prenatal.

También señalan que la reducción de la contaminación a nivel nacional desde la década de 1980 es el resultado directo de los cambios en las políticas que también afectaron en gran medida la salud prenatal.

Las intervenciones posnatales, como los programas de transferencia de ingresos y educación temprana, también son eficaces para contrarrestar algunos de los efectos negativos de mala salud al nacer.

A la vista de la eficacia de ambos programas, prenatales y posnatales, Aizer se muestra en contra de las políticas que favorecen un tipo de intervención frente al otro. “Sería un error si los recursos previstos durante el período prenatal no tuvieran un seguimiento en los posnatales”, explica Aizer.

El siguiente paso de la investigación será comprender mejor qué políticas son más efectivas. “Más que matizar si un solo programa es más efectivo que otro, es cuestión de conseguir una mejor gestión para saber cuál de estas políticas es más eficaz y para qué tipos de madres. Afortunadamente, la salud de los  recién nacidos y el cuidado de los niños ha mejorado para ricos y pobres a lo largo de los años”, concluye la economista.