Su muerte se conmemora el día siguiente, el 23, que supuestamente coincide con el fallecimiento de Shakespeare, coincidencia que dio a la fiesta del libro

Tal día como hoy… 22 de abril de 1616 fallecía Cervantes

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El 22 de abril de 1616 fallecía en Madrid Miguel de Cervantes Saavedra, «príncipe de los ingenios» y uno de los más celebrados escritores de todos los tiempos. Ciudadano de pleno derecho en el Parnaso donde, desde Homero y Hesíodo, encontramos a todos aquellos autores que, como Virgilio, Dante, Petrarca, Shakespeare, Goethe o el mismo Cervantes, convierten en ociosa cualquier discusión sobre cuál fue el más grande de la literatura universal: sin más, todos y cada uno de ellos. Palabras mayores.

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Don Quijote y Sancho Panza por Honoré Daumier. Óleo sobre lienzo. Neue Pinakothek. / Wikimedia

CV / Había nacido en Alcalá de Henares el año 1547, probablemente el 29 de septiembre, día de San Miguel. Según algunas versiones, pertenecía a una familia de conversos. Su biografía presenta muchas lagunas en los tiempos de su infancia y juventud. Se sabe que un abuelo suyo cordobés había sido cirujano, y que tal vez él mismo pudo haber sido adiestrado en esta profesión que, en cualquier caso, nunca llegó a practicar. Por otro lado, su minuciosa descripción de la estructura de los colegios de los jesuitas -sin citarlos- en su ‘Coloquio de perros’, ofrece también indicios de que pudo haber sido educado en alguna institución de esta orden. No parece que llegara a la Universidad.

Llevó una vida azarosa, aventurera y viajera, no exenta de infortunio. En 1569, con 22 años, pudo haber mantenido un duelo con un tal Antonio Sigura, al que habría dejado algo maltrecho. Consta una orden de detención contra alguien llamado Miguel de Cervantes, sin que se haya podido comprobar si se trata del autor del Quijote o de un homónimo. Pero sí se sabe que en estas mismas fechas viajó a Italia, ya fuera para eludir a la justicia poniendo tierra de por medio o por otras motivaciones. Allí se alistó en el tercio de Miguel de Moncada, iniciando su vida militar y participando en la Batalla de Lepanto (1571), donde recibió heridas que le dejaron un brazo inútil, siendo también conocido posteriormente como «el manco de Lepanto», batalla en la que siempre tuvo a bien enorgullecerse de haber participado.

Pasó los siguientes años en el ejército y participando en varias campañas en el Mediterráneo, hasta licenciarse en 1575. En el viaje de regreso a España, el barco en el que viajaba fue capturado por piratas berberiscos y conducido a Argel, donde permaneció cautivo cinco años, protagonizando en este tiempo varios intentos de fuga hasta que su familia consiguió pagar el rescate. De vuelta finalmente a España en 1580, y en la más absoluta penuria económica, solicitó emigrar a América, petición que le fue denegada. Se instaló en Sevilla y obtuvo algunos cargos administrativos menores. Como recaudador de impuestos, fue encarcelado tres meses en Sevilla, acusado de lo que hoy se denominaría «apropiación indebida». Fue en esta prisión donde concibió al personaje literario que le haría inmortal: Don Quijote, el caballero defensor de unos ideales cuyo tiempo ha caducado.

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Cervantes y Avellaneda

Empezó entonces a escribir, cultivando especialmente el género del entremés, a la vez que entabló contacto –y rivalidad- con otros autores  coetáneos. En 1605 publicó la primera parte de ‘El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha’, obra considerada cumbre en la historia de la literatura universal y fundacional de la novela moderna. Aun irá más allá con la segunda parte, publicada en 1615, entrando en la metaliteratura. Retirado Don Quijote en su innombrado lugar de la Mancha, se entera de que un tal Avellaneda ha publicado en Tarragona sus falsas aventuras. Falsas porque él nunca estuvo en las justas celebradas en Zaragoza que el impostor le atribuye. Y decide desmentirlo montando de nuevo en su Rocinante y poniendo rumbo a Barcelona esquivando expresamente el paso por Zaragoza. Todo para desmentir al impostor.

Retirado Don Quijote en su innombrado lugar de la Mancha, Cervantes se entera de que un tal Avellaneda ha publicado en Tarragona sus falsas aventuras

No pudo saborear su éxito. Falleció en Madrid, probablemente por diabetes, a los 68 años, el 22 de abril de 1616. En la dedicatoria de su última obra ‘Los trabajos de Persiles y Segismunda’, publicada póstumamente, anunciaba su propia muerte con estas conmovedoras palabras: “Puesto ya el pie en el estribo, quisiera yo no vinieran tan a pelo en esta mi epístola, porque casi con las mismas palabras las puedo comenzar diciendo: Puesto ya el pie en el estribo, con las ansias de la muerte, gran señor, ésta te escribo.”

Su muerte se conmemora el día siguiente, el 23, que supuestamente coincide con el fallecimiento de Shakespeare, coincidencia que dio a la fiesta del libro. En realidad coinciden las fechas, pero no la simultaneidad. España había adoptado ya por entonces el calendario gregoriano, pero Inglaterra todavía funcionaba con el juliano. El 23 de abril de 1616 en que falleció Shakespeare, era en España el 3 de mayo, cuando Cervantes llevaba diez días muerto.

Poco importa para un autor inmortal.

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También un 22 de abril se cumplen estas otras efemérides

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