El equipo descubrió que todos ellos optaban preferentemente por intervenciones verbales, consideradas además las más efectivas cuando eran formuladas con claridad, estructuradas y aplicadas ante los primeros signos de agresividad.

La reclusión en centros de menores sólo como último recurso

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Un equipo de investigadores ha realizado un estudio de centros de menores en Bélgica, Países Bajos, Finlandia y el Reino Unido y ha descubierto que la reclusión de menores con trastornos psiquiátricos tras un incidente de agresión se utiliza siempre como último recurso por el personal encargado de su bienestar.

El estudio abarcó centros de entre 8 y 12 camas dedicados al tratamiento de jóvenes con problemas como trastornos mentales graves, comportamientos delictivos, violentos y de desobediencia, y problemas de control de sus impulsos.

«El comportamiento agresivo de los adolescentes supone un reto para los trabajadores de los centros dedicados al cuidado de internos de entre 12 y 18 años que han cometido delitos, sobre todo por la frecuencia de este comportamiento», explica Johanna Berg de la Universidad de Turku (Finlandia), autora principal del estudio.

«Nuestro estudio en unidades de Bélgica, Finlandia, Países Bajos y Reino Unido pone de manifiesto que, a pesar de que los principios en los que se basa el procedimiento en caso de agresión muestran bastantes similitudes [en todos los países], sí que existen diferencias entre las soluciones prácticas aplicadas.»

Sus hallazgos, presentados en Journal of Psychiatric and Mental Health Nursing, se han logrado gracias a 58 entrevistas realizadas a trabajadores de este tipo de centros entre los que se encuentran enfermeras, médicos, psicólogos, trabajadores sociales, entrenadores deportivos, educadores, trabajadores de apoyo y encargados de terapias ocupacionales, artísticas y familiares.

El equipo descubrió que todos ellos optaban preferentemente por intervenciones verbales, consideradas además las más efectivas cuando eran formuladas con claridad, estructuradas y aplicadas ante los primeros signos de agresividad.

Conversar sobre el incidente después de que ocurriera también reviste gran importancia para que tanto el joven como el trabajador puedan indicar qué provocó el incidente y cómo evitar que se repita en un futuro.

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Diferencia entre países

La reclusión, prohibida por ley en Finlandia, sigue siendo legal en Bélgica, Reino Unido y Países Bajos. Aún así, el encierro de adolescentes en una habitación vacía se consideraba la opción menos deseable en estos países.

Las técnicas de aislamiento van desde la separación del joven agresivo del resto de sus compañeros durante entre 5 y 15 minutos para que tenga tiempo de calmarse, hasta la reclusión, sólo utilizada cuando otros métodos menos drásticos resultan infructuosos.

El equipo descubrió que, si se optaba por la medicación, la decisión al respecto se tomaba conjuntamente entre el joven y el empleado. La medicación forzada se utilizaba sólo en ocasiones extraordinarias y únicamente en caso de que el comportamiento agresivo pusiera en grave peligro la seguridad.

«El personal de las cuatro unidades mostró estándares éticos encomiables en el empleo de medidas de tratamiento restrictivo», explicó Johanna Berg. «Procuran cooperar con el adolescente siempre que sea posible y evitar medidas coercitivas, siempre que no se ponga en peligro la seguridad de otras personas.»

Los factores que influyen en la elección de una respuesta de un nivel concreto, incluyen el nivel de agresividad, el grado de conocimiento que presenta el trabajador sobre el comportamiento del individuo, y los métodos que han resultado efectivos con anterioridad.

El personal que participó en el estudio también señaló la importancia del trabajo en equipo, y de que todos los miembros de un equipo multidisciplinario se comprometan a gestionar de forma terapéutica el comportamiento agresivo.

En función de lo observado, los científicos formularon varias recomendaciones prácticas clínicas. Entienden que la formación continua es necesaria para que el personal sepa evaluar incidentes y poner en marcha las prácticas más seguras y efectivas cuando se interviene en situaciones agresivas.

También recomiendan adjudicar recursos suficientes para que se puedan cubrir las necesidades de los adolescentes sin perjuicio de la seguridad y el bienestar del personal que vela por ellos. Una estrategia de este tipo permite conservar al personal cualificado en estos puestos de trabajo tan exigentes.

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