«Molière»

Moliére por Pierre Mignard, Château de Chantilly, Francia / Wikimedia

Tal día como hoy… 17 de febrero de 1673 fallecía «Molière»

 

El 17 de febrero de 1673 fallecía en París el dramaturgo, actor y celebridad de la literatura universal Jean-Baptiste Poquelin, más conocido como «Molière». Tenía 51 años y una tuberculosis terminal, pero siguió actuando en el escenario hasta el último momento. Estaba representando su última obra ‘Le malade imaginaire’ cuando sufrió un ataque de hemoptisis. Murió en su domicilio pocas horas después.

 

CV / Francia vivía bajo Luis XIV la segunda generación de su siglo de oro literario. La primera la habían protagonizado Rabelais, Ronsard, Montaigne… La segunda Racine, Corneille y, entre todos y brillando con luz propia entre la Pléyade, Molière.

Escribió comedias, farsas, tragicomedias y hasta comédie-ballets –un género que él mismo fundó, consistente en dramas musicales y coreográficos

Escribió comedias, farsas, tragicomedias y hasta comédie-ballets –un género que él mismo fundó, consistente en dramas musicales y coreográficos en torno a sucesos de la vida cotidiana; un precedente de los actuales musicales-. Entre sus influencias clásicas tendríamos a Aristófanes, Plauto y Horacio. Desde principios del siglo XVII proliferaban en Francia las compañías italianas de teatro ambulante, inspiradas en su propia tradición de la Comedia del Arte. Su divisa era «castigat ridendo mores», algo así como enmienda las costumbres riendo, o corrígelas riéndote de ellas. Esa fue también la máxima de Molière.

Siempre afirmó que su objetivo era «hacer reír a la gente honrada», pero sus obras no solo hacían reír, y también rabiar a algunos, sino que iban cargadas de una acerada crítica a ciertos modos y usos sociales, a ciertas costumbres y propensiones humanas, como la sobreafectación, la hipocresía o la simple estupidez del pedante. En este sentido, él mismo se situó en su propio dilema: “No sé si no es mejor trabajar en rectificar y suavizar las pasiones humanas que pretender eliminarlas por completo”. No era partidario de absolutos, y conocía la condición humana, por eso optó por suavizar y rectificar, no desde una perspectiva moralista, sino poniendo en evidencia la ridiculez que entrañan.

Su padre era tapicero real de Luis XIII, y en los aledaños de la corte empezó a relacionarse con la compañía de comediantes Béjart

Nació en París el 15 de enero de 1622.  Contra la costumbre de la época, el actor no fue hijo de actores. Su padre era tapicero real de Luis XIII, y en los aledaños de la corte empezó a relacionarse con la compañía de comediantes Béjart, que dirigía el matrimonio del mismo nombre. Con ellos fundó en 1643 el «Ilustre Teatro», un proyecto que fracasó y que dejó a sus protagonistas endeudados hasta las cejas, yendo a parar unos días a la cárcel por causa de ellas. Pero ni así renunció a su vocación de actor. Dejó París para convertirse en actor de compañías ambulantes, regresando cinco años después y asumiendo de nuevo la dirección de la compañía.

De la mano de Monsieur Felipe de Orleans, hermano menor de Luis XIV, actuó ante el rey interpretando una tragedia y una comedia. La tragedia pasó sin pena ni gloria, pero la comedia entusiasmó. Tras el explícito reconocimiento real, la compañía obtuvo un inmenso prestigio.  Luis XIV los colocó en el Petit-Bourbon, donde se alternaban con la compañía italiana Scaramouche. Al poco tiempo, el Petit-Bourbon fue demolido, y el rey decidió instalar a la compañía en el Palacio Real del Louvre. En 1662, ya en la cima del éxito, se casó con la también actriz Armande Béjart, hermana de la familia de sus asociados. Al poco tiempo, gracias al apoyo del rey, el Ilustre Teatro se convirtió en La Compañía Real.

En realidad Molière se reía de todo y de todos, con una inteligencia que encolerizaba si cabe aún más a los receptores de sus inteligentes chanzas

Pero no todo fueron albricias con el apoyo real, porque suscitó envidias de otras compañías, y el odio de muchos cortesanos por los favores que recibía del Roi Soleil, y de la Iglesia por su crítica de las costumbres. Su ‘Tartufe’ estuvo prohibido durante cinco años por atacar la moral católica. En realidad Molière se reía de todo y de todos, con una inteligencia que encolerizaba si cabe aún más a los receptores de sus inteligentes chanzas. Y es que, ciertamente, sus sátiras eran despiadadas con los pedantes que presumían de una sabiduría de la que carecían, con los médicos deontológicamente inescrupulosos e ignorantes, con los pretenciosos burgueses que querían parecerse a la aristocracia, con las moralinas eclesiásticas que practicaban lo contrario de lo que pregonaban… y tan inteligentes que hasta un tonto podía entenderlas. Allí están, para la historia, joyas de la literatura como ‘El médico a palos’, ‘El burgués gentilhombre’, ‘Tartufo’, ‘El misántropo’, ‘El avaro’, ‘El enfermo imaginario’…

Murió como lo que siempre quiso ser, un actor. Una profesión que la Iglesia calificaba de inmoral, y por esta razón prohibía que los actores recibieran sepultura en los cementerios cristianos, a menos que se arrepintieran al recibir la extremaunción. En su lecho de muerte, Molière se negó a abjurar de lo que había sido y murió condenado por la Iglesia, con el «riesgo» de quedar insepulto o en cualquier fosa común.

Molière se negó a abjurar de lo que había sido y murió condenado por la Iglesia, con el «riesgo» de quedar insepulto o en cualquier fosa común

Solo gracias a la petición de su viuda, Armande, ante el rey, y a las consiguientes gestiones de éste ante los purpurados prelados –a las que debía ser problemático resistirse-, se consiguió que, finalmente, Molière fuera enterrado en un cementerio. Eso sí, el funeral tuvo que hacerse de noche, y enterrado en la zona reservada a niños no bautizados.

Como curiosidad, desde entonces se consideró entre los actores franceses que vestir de verde durante la representación trae mala suerte: era el color del que vestía Molière en su última representación: el enfermo imaginario que enfermó de verdad, toda una paradoja poética, para uno de los mejores literatos de todos los tiempos.

Dejar comentario

Deja tu comentario
Pon tu nombre aquí