Motín de Aranjuez

La revuelta estalló el 17 de marzo, produciéndose todo tipo de saqueos y algaradas durante los dos días siguientes / Imagen: Caída y prisión del Príncipe de la Paz, el 19 de marzo

Tal día como hoy… 17 de marzo de 1808, tenía lugar el «motín de Aranjuez»

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El 17 de marzo de 1808, se producía en España la revuelta conocida como el «motín de Aranjuez». Fue el detonante de toda una serie de acontecimientos que provocaron la destitución del primer ministro Godoy, la abdicación de Carlos IV, la proclamación de Fernando VII -el rey felón- y la intervención directa de Napoleón en España, con la consiguiente guerra 1808-1814. En cierto modo, fue toda una premonición de los truculentos derroteros por que transcurriría el país a lo largo del siglo que estaba empezando.

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CV / Durante la segunda mitad del siglo XVIII se había producido en España un incipiente proceso de modernización, acompañado de la tímida introducción de los ideales ilustrados de influencia francesa. El reinado de Fernando VI (1746-1759) había sido el primero de paz ininterrumpida en siglos, produciéndose una nada desdeñable recuperación económica. Bajo Carlos III (1759-1788) se mantuvo la misma tendencia, si bien atemperada por las guerras en que se involucró.

En el convulso escenario europeo propiciado por la Revolución francesa, Godoy siguió una política errática

El estallido de la Revolución francesa coincidió con el ascenso al trono español de Carlos IV (1788-1808), un monarca de personalidad débil y pusilánime, que delegó el gobierno en su esposa María Luisa de Parma (1751-1819) y en el valido y amante de ésta, Manuel Godoy (1767-1851), un antiguo guardia de corps sin otro mérito que el de su relación con la reina.

En el convulso escenario europeo propiciado por la Revolución francesa, Godoy siguió una política errática. Al principio implicó a España, con más pena gloria, en las coaliciones absolutistas contra el nuevo régimen francés. Pero tras la llegada de Napoleón al poder, optó entonces por cambiar de bando y aliarse con él contra Inglaterra, contexto en el cual se produjo en 1805 la batalla de Trafalgar. Esta y otras derrotas provocaron una fuerte crisis, hambrunas y el colapso del comercio, que hicieron a Godoy muy impopular. A ello hay que añadirle el temor de la todopoderosa Iglesia a una desamortización para paliar el déficit y las conspiraciones de nobles descontentos por el poder de Godoy. La corte se convirtió en un pozo  de intrigas palaciegas lideradas por el príncipe heredero: el futuro Fernando VII.

En este contexto, Godoy autorizó el paso por España de los ejércitos franceses que debían dirigirse a invadir Portugal, aliado de Inglaterra. Pero una vez en España, las tropas imperiales parecieron olvidarse de los lusitanos y empezaron a actuar como un ejército de ocupación. Cuando Godoy empezó a entender el entuerto en que se había metido, le entró el pánico y dispuso el traslado de la familia real a Aranjuez, para evacuarla a Cádiz en caso de necesidad y, desde allí, zarpar hacia América.

La facción afecta al príncipe de Asturias empezó entonces a desplazar agitadores reclutados entre el lumpen de Madrid hacia Aranjuez. La revuelta estalló el 17 de marzo, produciéndose todo tipo de saqueos y algaradas durante los dos días siguientes. Godoy fue hallado escondido en su incendiado palacio y hecho preso. Carlos IV abdicó en su hijo.

Pero contra lo que el flamante monarca golpista imaginaba, no era él el dueño de la situación, sino Napoleón, que vio llegado el momento de tomar la decisión final con respecto a España. Convocó en Bayona a toda la familia real con la «oferta» de mediar en el conflicto. Una vez allí, padre e hijo dieron cumplida muestra de su bajísima talla moral e intelectual. Fernando VII abdicó en su padre, que fue rey de nuevo apenas unos segundos; los que tardó en abdicar en favor de Napoleón, quien a su vez lo hizo en su hermano José Bonaparte, que se convirtió en José I de España.

Los seis años de guerra que siguieron causaron entre 300.000 y 500.000 muertos, en una población de apenas diez millones y medio

Apenas un mes y medio después se producían en Madrid los hechos del 2 de mayo y un alcalde de pueblo le declaraba la guerra al Imperio francés en nombre de toda España. Los seis años de guerra que siguieron causaron entre 300.000 y 500.000 muertos, en una población de apenas diez millones y medio. La devastación económica fue absoluta, tanto en el campo como en el comercio o la industria, esta última objeto predilecto de saqueo, tanto por parte de franceses, como de los «aliados» ingleses y, cómo no, de los propios nativos.

Durante todo este tiempo, Fernando VII, al que Napoleón consideraba un bufón, estuvo plácidamente retenido en un palacio de Bayona con todo tipo de atenciones. Y no perdió la oportunidad de regodearse en su bajuna naturaleza. En cierta ocasión, denunció él mismo a un grupo de oficiales españoles que habían planeado liberarle mediante un golpe de mano y trasladarle a España para que dirigiera la guerra. Fueron fusilados. Así era el hombre que el motín de Aranjuez había entronizado.

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