Movilidad sostenible y economía circular

La investigadora Olga Rodríguez, durante la entrevista en el Centro Nacional de Investigaciones Metalúrgicas (CENIM) del CSIC / Sandra Díez

 

Coches eléctricos, reducción de emisiones, car sharing, economía circular… ¿Qué tienen en común estos conceptos? Todos remiten a la movilidad sostenible, clave en cualquier estrategia para afrontar el reto del cambio global, entendido este como el conjunto de impactos ambientales derivados de la actividad humana.

 

Mónica Lara del Vigo / CSIC

En la Unión Europea, el transporte genera más del 30% de las emisiones de CO2 y los coches son el principal contaminante, según la Agencia Europea de la Energía. A pocos días de la Cumbre del Clima y con una opinión pública cada vez más preocupada por el calentamiento global, fomentar la movilidad sostenible parece ineludible. Pero ¿cuál es la mejor fórmula?

Desde el ámbito científico se trabaja para encontrarla. Ejemplo de ello es el proyecto europeo Car-E-Service, dotado con 6,2 millones de euros y en el que participan 15 socios –tanto del sector público como privado– de siete países. Uno de ellos es el Centro Nacional de Investigaciones Metalúrgicas (CENIM) del CSIC, ubicado en Madrid. Allí trabaja la química Olga Rodríguez, experta en reciclado de materiales e involucrada en este proyecto. Para esta investigadora, la movilidad sostenible es mucho más que la transición al coche eléctrico.

También “hay que fomentar el car sharing y alargar la vida útil de los materiales que componen los vehículos”, señala. Y en eso precisamente trabaja su grupo de investigación, en desarrollar procesos de reciclado y reutilización que generen una economía circular en el sector de la automoción. Otro aspecto crucial “es llevar la movilidad sostenible a las áreas rurales”, añade.

En esta entrevista, enmarcada en la Semana Europea de la Movilidad, Rodríguez detalla los retos de un proyecto que puede contribuir al desarrollo de ciudades y pueblos más habitables, saludables y sostenibles.

Estás trabajando en el proyecto europeo Car-E-Service, ¿en qué consiste?

Car-E-Service pretende desarrollar nuevos servicios de movilidad sostenible que estén relacionados con la economía circular. Queremos crear tres cadenas de valor con las que podamos, de forma circular, volver a utilizar o reciclar baterías, metales y tecnopolímeros, los tres materiales principales que encontramos en un vehículo eléctrico o híbrido.

El proyecto quiere facilitar una movilidad sostenible al ciudadano europeo y que esas nuevas cadenas de valor generen puestos de trabajo y beneficios

Los procesos de reciclado del coche de combustión están más avanzados, pero los de las baterías de los híbridos y eléctricos están aún por desarrollar. Entre sus componentes hay determinados polímeros que no se empleaban hasta ahora y por eso no se sabe cómo reutilizarlos o reciclarlos.

El proyecto quiere facilitar una movilidad sostenible al ciudadano europeo y que esas nuevas cadenas de valor generen puestos de trabajo y beneficios.

Es decir, además de favorecer la transición desde los vehículos tradicionales hacia los híbridos y eléctricos, ¿podemos decir que Car-E-Service se centra en el desarrollo de tecnologías que permitan reciclar los componentes de los nuevos vehículos?

Eso es. Se da por supuesto que el vehículo híbrido o eléctrico es el futuro, pero necesitamos alargar la vida útil de los materiales que lo componen. Exploramos vías para que estos materiales se puedan reutilizar o, cuando esto no sea posible, ser reciclados para reintroducirlos en la cadena de valor. Por ejemplo, a partir de los tapacubos de las ruedas, que son de poliamida, se están volviendo a fabricar nuevos materiales poliméricos. En lugar de desechar, hay que reciclar y reutilizar una y otra vez para reducir el consumo de recursos.

Esta parte del reciclado de los componentes es la que se vincula con la ‘economía circular’ que has mencionado. ¿Cómo explicarías el significado de este concepto?

Quizá sea más fácil empezar explicando qué es la economía lineal. En ella partimos de una materia prima extraída de la Tierra, la procesamos, obtenemos un producto y ese producto se desecha. Tiene una vida útil y cuando finaliza, ahí acaba todo. En la economía circular seguimos partiendo en muchos casos de la materia prima, también vamos a fabricar un producto, lo utilizamos y después, ¿qué? Primero intentamos reutilizarlo; si no se puede, lo reciclamos y lo reintroducimos de nuevo como materia prima secundaria que, en función de sus características, interesará a una u otra industria y servirá para generar nuevos productos. Así logramos que no se extraigan más y más recursos de la Tierra, que ya no da más de sí.

No puedes fijarte solo en las prestaciones del producto final o en el precio que va a tener, sino también en qué voy a hacer después con él

La idea clave es alargar la vida útil de los productos para ahorrar recursos.

Sí. Y otro aspecto importante de la economía circular, que casi nunca se explica, es el diseño. Cuando estamos obteniendo una nueva materia o vamos a fabricar un producto a partir de una materia prima tradicional, debemos diseñarlo para que se pueda reutilizar, eso facilitará mucho su reciclado. No puedes fijarte solo en las prestaciones del producto final o en el precio que va a tener, sino también en qué voy a hacer después con él. En Car-E-Service tratamos de definir esos procesos previos para que faciliten el posterior reciclado de los componentes.

¿Qué pasos hay que seguir para lograr ese reciclado?

Depende del material. Voy a referirme a uno de los casos más difíciles: las baterías de los coches. Una batería está compuesta de un montón de elementos -metales, sustancias orgánicas, grafito, etc.- que hay que separar. Una vez separados los distintos componentes, aquellos que son de interés, por ejemplo, los metales (sobre todo litio, cobalto y níquel), se atacan químicamente para disolverlos. Una vez disueltos, se aplican tecnologías que nos permiten separarlos de forma selectiva y obtenerlos con una elevada pureza para volver a transformarlos en metales y utilizarlos de nuevo.

El eje de tu investigación y de este proyecto es la movilidad sostenible, algo clave para afrontar el desafío del cambio climático. ¿Cómo se concreta ese tipo de movilidad?

Para nosotros no solo implica el uso de coches eléctricos o híbridos y la utilización de energías menos contaminantes. También hay que fomentar la movilidad compartida, para reducir el número de coches en carretera y las emisiones contaminantes. Parte del proyecto consiste en crear un servicio de car sharing, dándole una vuelta a lo que entendemos como ‘compartir vehículo’. Queremos que la gente que vive en áreas rurales acceda a estos servicios.

Hay que llevar la movilidad sostenible a la gente que viaja a diario entre su hogar y el lugar de trabajo, los denominados commuters

En lugares como Madrid y Barcelona es muy fácil encontrar coches para compartir, patinetes eléctricos, etc., pero quienes residen en la periferia o en ciudades pequeñas, no tienen acceso a este tipo de movilidad. Eso les obliga a utilizar su coche privado. Hay que llevar la movilidad sostenible a la gente que viaja a diario entre su hogar y el lugar de trabajo, los denominados commuters, de modo que dispongan de vehículos para compartir cerca de su lugar de residencia. Y las empresas, con estos servicios, pueden reducir gastos en taxis fomentando entre la plantilla el car sharing con unos vehículos que, además, son menos contaminantes.

Como señalas, el car sharing ya funciona en ciudades como Madrid y Barcelona, ¿cuáles son entonces las novedades que incorpora Car-E-Service respecto a las fórmulas existentes?

Planteamos servicios que no se encuentren en el centro de las ciudades, como sucede ahora, sino que estén disponibles en áreas rurales o barrios periféricos, donde la gente suele llevar su coche privado hasta la estación y allí coge un tren o autobús para ir al centro de la ciudad a trabajar. Con Car-E-Service esos vehículos híbridos o eléctricos estarían disponibles en la estación y el usuario, a cambio de una cuota mensual, tendría derecho a disponer del coche para ir de su casa a la estación y dejarlo allí en un punto con aparcamiento asegurado y posibilidad de recarga. Ese coche le va a ‘esperar’ cuando vuelva de su jornada laboral, aunque en el transcurso del día pueda ser utilizado por otros usuarios.

El objetivo es que cada vez más personas dejen el coche privado en casa y compartan vehículos eléctricos

Además, queremos incorporar plataformas que agregan distintos tipos de transporte, de modo que el ciudadano tenga incluida su tarjeta de transporte público o de acceso a taxi por si en algún momento no hay coches disponibles. Se trata de asegurarle que llegará a su trabajo a tiempo. El objetivo es que cada vez más personas dejen el coche privado en casa y compartan vehículos eléctricos. Finalmente, el proyecto incorpora la creación de unos módulos transportables donde se seleccionen materiales de coches que ya no sirven para su reutilización. Es decir, buscamos una movilidad sostenible basada en coches eléctricos, car sharing y economía circular.

¿Puedes detallar cómo funcionaría ese mecanismo para reutilizar y reciclar componentes?

El proyecto contempla desarrollar una plataforma, una especie de e-Bay en la que cualquier empresa que necesite recambios pueda comprarlos ahí. Digamos que ponemos en contacto las piezas que se han desmantelado gracias a estos smart mobile modules, que en realidad son dos camiones grandes con toda la tecnología necesaria para desmontar las piezas, hacer parte de la selección y testear, es decir, ver si esas piezas son buenas o no, si esas baterías están dañadas o no, para luego mandar el material al sitio que corresponda.

Es bastante sofisticado.

Sí, lo novedoso es integrarlo todo en una plataforma virtual en la que pueda consultarse en tiempo real la disponibilidad de materiales. Por ejemplo, si soy una empresa recicladora de plásticos y quiero reciclar poliamida [el material de los tapacubos], puedo acudir ahí. Pongamos que necesito seis toneladas; entro en la plataforma y veo que están disponibles en determinado lugar; ya puedo realizar un pedido para que las vayan recopilando. Todavía estamos definiendo el proceso, pero esa es básicamente la idea.

La gestión de este tipo de servicios, ¿sería totalmente privada o público-privada?

En principio van a ser las empresas que están dentro del consorcio que hemos creado las que desarrollen las plataformas y las pongan en marcha.

Desde esta perspectiva, Car-E-Service, más allá  de ser un proyecto de i+D, que desarrolla tecnologías innovadoras para el reciclado de componentes, incide en la parte final del proceso, en la transferencia de conocimiento, la creación de negocios y el cambio en la manera de usar los vehículos por parte de la ciudadanía.

Así es. No es quizá un proyecto tan científico como otros en los que he participado, pero aquí hablamos de modelos de negocio reales, con empresas que ya están implicadas porque ven que el futuro va por ahí y pueden obtener beneficios económicos. Eso me gusta, porque realmente ves la aplicabilidad real de un proyecto de investigación.

Hay empresas que sí están apostando fuerte, pero quizá aún estemos en el puro interés económico, en generar una buena imagen de marca

¿Percibís más sensibilidad en el ámbito empresarial hacia los problemas medioambientales?

Bueno, creo que hay de todo… Hay empresas que sí están apostando fuerte, pero quizá aún estemos en el puro interés económico, en generar una buena imagen de marca. Aun así, a mí me vale porque nos permite avanzar en los objetivos que buscamos. No sé si hay en sus conciencias una verdadera responsabilidad, pero al menos cada vez se tiende más a que la sostenibilidad ambiental esté dentro de la imagen de marca.

Este proyecto ejemplifica cómo desde la ciencia y la investigación se trata de buscar respuestas al cambio global y disminuir los impactos medioambientales de la actividad humana; en vuestro caso, a través del uso de vehículos menos contaminantes, el fomento del car sharing y la economía circular. Tu investigación, ahora y en etapas previas, ha estado muy relacionada con temas medioambientales, ¿ha sido casualidad o una elección propia?

Siempre me interesaron estos temas, pero quizá también jugó un papel la suerte. Desde que comencé mi carrera investigadora, he trabajado en reciclado. Cuando empecé a realizar la tesis en 2004 me centré en los materiales de construcción, por ejemplo en la reutilización de los residuos en la industria cementera. Me gustó la experiencia y tuve la suerte de caer en grupos de investigación relacionados. O quizá lo fui buscando de modo inconsciente.

¿Qué otras líneas de investigación del CENIM se relacionan con temas de desarrollo sostenible y protección del medioambiente?

Mi grupo se llama TECNOECO y pertenece al departamento de Metalurgia Primaria y Reciclado, así que estamos totalmente enfocados a esas cuestiones. Otra parte importante de nuestras investigaciones se orienta a reducir los contaminantes en las aguas, ya sean naturales o, sobre todo, industriales. Hay muchos metales pesados y no pesados que son valiosos y están vertiéndose a aguas residuales de la industria. Queremos recuperarlos no solo para evitar que contaminen, también para que puedan reutilizarse en otros ámbitos. Para ello utilizamos tecnologías basadas en el empleo de nanomateriales, biocarbones y membranas, entre otros.

Has señalado que te gusta investigar o  participar en proyectos en los que se ve la aplicación real. Antes de involucrarte en Car-E- Service fundaste, junto con otros colegas, la spin off del CSIC Thermal Recycling of Composites (TRC). ¿A qué se dedica esta empresa?

A reciclar materiales compuestos, es decir, que se componen de más de dos elementos. Nuestro ámbito de trabajo son las resinas y las fibras. Estos materiales se usan en las palas de los aerogeneradores, en los aviones, en los barcos… porque son ligeros y muy resistentes. Pero, al ser tan resistentes, son difíciles de reciclar. Su uso está aumentando mucho porque para la industria, sobre todo la aeronáutica, son muy útiles.

Y más recientemente también para la automovilística debido a la irrupción de los coches eléctricos, que necesitan este tipo de materiales ligeros. Por ejemplo, las palas de los aerogeneradores utilizados para transformar la energía eólica en eléctrica llegan al final de su vida útil a los 20 o 30 años. Ese material necesita una salida. A partir de esa premisa, en 2014 mi grupo comenzó a investigar a nivel laboratorio y desarrollamos una tecnología que podría ser competitiva a nivel industrial; gracias a la ayuda del CSIC, logramos crear la spin-off Thermal Recycling of Composites (TRC).

Una empresa que además cuenta con el sello de excelencia de la UE.

Sí. Demostramos que el proyecto era viable y que pretendíamos obtener fibras a partir de esos residuos para su reutilización y promover así la economía circular. Además, hemos tenido la suerte de participar en Climate Kic, una aceleradora de start ups y spin offs de la UE; eso nos ha ayudado mucho a mejorar, no nuestra tecnología, pero sí el modelo de negocio, cómo comunicarlo, cómo llegar al cliente final. A los científicos siempre nos falta un poco esa parte.

Hay muchas mujeres trabajando en relación con el cambio global. Quizá ahora se nos empieza a oír más, pero siempre ha habido mujeres en la ciencia

¿Crees que es importante divulgar las investigaciones que realizáis a la sociedad?

Por supuesto. La divulgación es fundamental y creo que en el CSIC se está trabajando mucho en este sentido. Soy una investigadora vinculada a un organismo público, que se financia con dinero de todos los contribuyentes. Me parece no solo razonable sino obligatorio que la ciudadanía sepa qué se está haciendo con esos recursos y vea que el dinero que se invierte en investigación va a tener un retorno. Un retorno no solo en nuestra sociedad, o en Europa, también a nivel mundial gracias a esas investigaciones orientadas a afrontar el cambio global. En el CSIC se divulga a través de muchas fórmulas, desde charlas en colegios a formatos más novedosos como los monólogos científicos. Quizá esas experiencias generen una curiosidad que lleve después a las personas a ampliar conocimientos.

Esta entrevista forma parte de un proyecto de divulgación que hemos titulado ‘Científicas y Cambio Global’. ¿Qué te sugiere esta expresión?

Que por fin se nos está teniendo en cuenta. Hay muchas mujeres trabajando en relación con el cambio global. Quizá ahora se nos empieza a oír más, pero siempre ha habido mujeres en la ciencia. Me alegra que se nos esté dando más visibilidad y que la sociedad vea que no solo son hombres los que están buscando soluciones a los desafíos globales.

¿Has observado sesgos de género durante tu carrera investigadora? ¿Crees que has tenido mayores obstáculos que tus compañeros a la hora de avanzar profesionalmente?

Lo que he visto, sobre todo cuando era más joven, es que a veces a las mujeres se nos toma menos en serio. Eso sí lo he percibido en algunas reuniones. Incluso cuando ya tienes una cierta trayectoria y más responsabilidades, la forma de saludarte y de tratarte es distinta, como con más condescendencia. Sí he experimentado esa sensación en algunos momentos.

Estos días se celebra la Semana Europea de la Movilidad y el próximo 27 de septiembre es la Huelga Mundial del Clima, en la que previsiblemente participará la sociedad civil de muchos países. Por parte de la ciudadanía está aumentando la sensibilidad y preocupación por temas medioambientales y en particular por el cambio climático. ¿Cuáles crees que son los principales obstáculos para avanzar en la protección del medioambiente?

El principal impedimento son las legislaciones de países que no apuestan por esto. No creo que sea el caso de Europa, pero es muy difícil avanzar si existen grandes potencias económicas que no quieren hacerse cargo de lo que está pasando. La parte positiva es que la gente se está implicando, y al final quien mueve el mundo es la gente. Los gobiernos, si la sociedad presiona, toman medidas.

La parte positiva es que la gente se está implicando, y al final quien mueve el mundo es la gente. Los gobiernos, si la sociedad presiona, toman medidas

Por otro lado, a nosotros, lo que a menudo nos impide llegar al final no es que la investigación no vaya bien o que los resultados no sean buenos, sino la cantidad de normativa existente. En el caso de la construcción es evidente; la norma suele ir unos 10 años por detrás de la investigación. Tú ya has demostrado que una tecnología funciona, pero te cuesta mucho lograr que sea aceptada desde el punto de vista legal. Entiendo que haya cierta precaución, pero debería ser más ágil el proceso.

¿Y habría que trabajar más en red en el ámbito científico o hay suficientes interconexiones entre países, centros y grupos de investigación? En los debates sobre cómo responder al cambio global, y en particular al climático, se alega que a veces falta esa perspectiva global.

Creo que al menos a nivel de la UE eso está bastante avanzado. Los proyectos europeos de investigación tienen entre 10 y 20 socios, que nunca son del mismo país, al menos intervienen 5 o 6 Estados miembros. Sinceramente, la falta de comunicación creo que se da entre los gobiernos, no entre la comunidad científica.

¿Y entre la comunidad científica y sus respectivos gobiernos?

Sí. Digamos que no somos muy escuchados.

Retomemos para finalizar el concepto de cambio global. Estamos hablando de un desafío que no es casual que tenga el apellido de ‘global’, pues tiene innumerables ramificaciones. ¿Cuál dirías que es el papel de la ciencia ante este reto, y especialmente ante el cambio climático, señalado desde muchas instancias como el gran desafío del siglo XXI?

Desde luego para mí lo es y está claro que no se puede abordar desde una sola perspectiva. La ciencia es la única que puede solucionarlo y lo va a hacer desde muchos ámbitos. Yo trabajo en el reciclado de materiales, que es solo un ejemplo. Pero el cambio global hay que afrontarlo desde muchas vertientes: energías limpias, investigaciones sobre cómo reciclar con  bacterias, biología y agricultura  sostenible, la medicina… Cada disciplina permite avances que están contribuyendo a crear modelos más sostenibles.

 

Car-E-Service es un proyecto que se inserta en Horizonte 2020 y que cuenta con una dotación presupuestaria de 6,2 M€, procedentes de la ayuda H2020 No. 776851.

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