Muros e histerismo

Hay un asunto que algunos educadores llevan fatal ante los muros pubescentes, el histerismo. He vivido decenas de casos en donde un profesor se sale de sus casillas y entonces ellos, los alumnos, lo consideran inferior y falto de autoridad, es más, a menudo van a por él provocándole una y otra vez.

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista @DAVIDRABADA

Mantener el temple ante los alardes adolescentes resulta toda una técnica teatral. Ante sus insultos y sus palabrotas cabe representar un personaje ajeno a uno mismo, un bromista irónico y despistado. Y ello da buenos resultados, eso sí, sancionando después. Así los díscolos saben que no fue un despiste mi sarcasmo, y sobre todo cuando ven el parte. En fin que cabe mostrarse templado, de razonamientos lógicos y de coherencia en las decisiones. Esa justicia les infunde lo que necesita cualquier humano para el diálogo, la confianza. Si ellos confían en ti, uno ya está siendo aceptado y respetado por su clan, sin pertenecer a él, claro está. Y me repito, en tal situación mis demandas serán escuchadas, y muy a menudo cumplidas, sin necesidad de gritos ni imposiciones. Por eso es tan importante entablar esa confianza entre educadores y aprendices.

Por desgracia, y por nerviosismo, el mentor recurre al grito en el momento no adecuado. Un alarido puntual, ensayado y en el instante necesario suele ser muy útil para llamar al orden, pero hacerlo por costumbre y sin control disuelve su posible efectividad. Al final los púberes te toman por el pito del sereno. Por otro lado, los gritos engendran gritos. Si desde infantes ellos, los hijos, aprenden que el lenguaje para comunicarse en casa es el bramido, imitarán esas costumbres de adolescente y entonces mucho ruido y pocas nueces. Por tanto, la imposición a modo radical no suele funcionar en esta edad.

En función de cómo es un adolescente puede resultar más efectivo negociar con ellos, pero ojo, siempre al alza. No negocie a la baja con sus adolescentes

En función de cómo es un adolescente puede resultar más efectivo negociar con ellos, pero ojo, siempre al alza. No negocie a la baja con sus adolescentes. Si en casa un padre quiere que recoja la bolsa de deporte, pídale entonces que ordene toda su habitación. Si su hijo le dice que no va a cenar pero que quiere conectarse a Internet, no le pida a cambio que cene. Cenar hubiera cenado igualmente, suelen tener mucha hambre, lo de Internet se lo coló a lo Messi, como un gol. En asunto de notas algunos educadores defienden recompensarlas económicamente aunque mejor no pagar demasiado. Sino lea el caso siguiente.

Roland G. Fryer, economista de Harvard, propuso que se ofrecieran recompensas monetarias para motivar a los estudiantes de algunas escuelas de Nueva York y Dallas con elevado fracaso escolar. En un programa que se puso en marcha durante el 2006 en Nueva York, los maestros evaluaban a los alumnos cada tres semanas y recompensaban con pequeñas sumas, del orden de 10 a 20 dólares, a quienes lograban calificaciones altas. Los primeros resultados parecieron prometedores pero jamás fueron definitivos. Al final se acostumbraban y la cosa salía cara. La verdad, con la crisis sufrida, mejor ahorrar. En fin, mejor ser avaro durante el curso y premiar sólo al final.

 

Bachilleres, ciclos y finiadolescentes

Llegados al bachillerato, ciclos y demás, existe un argumento que puede crear un vínculo muy poderoso entre instructor y alumnos, el ánimo. En mis grupos de bachillerato no paro de decirles que sus ganas de continuar formándose voluntariamente es algo digno de mención y felicitación.

En mis grupos de bachillerato no paro de decirles que sus ganas de continuar formándose voluntariamente es algo digno de mención y felicitación

La sociedad necesita de gente como vosotros. Un país sin ciudadanos con iniciativa es un país muerto y abocado a la desidia; en fin, que sin personas como vosotros jamás habrá buenos profesionales capaces de brindar progreso a la sociedad que les pagó los estudios. Demasiados dirigentes mediocres han llegado sin formación a ostentar cargos en donde luego cometen demasiados errores que todos les pagamos. Vosotros sois quienes podéis mejorar esta situación en un futuro próximo.

En cuanto a disciplina, y estas edades, vale lo mismo que todo lo dicho en cuarto pero con más dosis de autonomía y trato adulto. Hay que pensar que los chicos ya se afeitan, las chicas ya son mujeres y que todos juntos ya te pasan más de un palmo. Qué suerte a veces la tarima. Y parece obvio que a esa edad se alcanzan noviazgos plenamente adultos, ¿hablamos entonces de sexo adulto con ellos? A ello iremos en el próximo artículo de esta sección de Fracaso Escolar o Fracaso Político.

Este artículo forma parte de una serie titulada “Fracaso escolar o fracaso político“, a cargo de nuestro colaborador, David Rabadà.

Entrega anterior: La edad de la no inocencia, la adolescencia (3)

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