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La revolución tecnológica

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Desde sus orígenes en 1981, la nanotecnología moderna se ha desarrollado hasta alcanzar proporciones descomunales. Ahora, transcurridas más de tres décadas desde la aparición del primer microscopio capaz de «ver» átomos individuales, el valor comercial a nivel mundial de los nanomateriales se sitúa en torno a los 20 30 millones de euros. Además, es un sector que emplea directamente en Europa a entre 300 000 y 400 000 personas, al tiempo que se prevé que el volumen mundial de los productos apoyados en la nanotecnología seguirá creciendo hasta alcanzar en 2015 un valor de 2 000 billones (con B) de euros. 

¿Pero qué es exactamente la nanotecnología? Podría definirse como el estudio de los fenómenos y la manipulación de materiales a escala atómica, molecular y macromolecular. Los materiales de ese tamaño, los nanomateriales, poseen propiedades que difieren en gran medida de sus equivalentes a mayor escala. Con frecuencia, esas propiedades presentan ventajas notables como por ejemplo mayor resistencia, menor peso, un mayor control del espectro de luz y una mayor reactividad química. Estos son los motivos de que numerosos científicos e ingenieros estén esforzándose por hallar maneras de obtener materiales a nanoescala. 

Si una canica fuera un nanómetro, un metro equivaldría al tamaño del planeta

Para los legos en la materia es difícil hacerse una idea de cuán diminutos son realmente los nanomateriales. Un nanómetro es la milmillonésima parte de un metro, mientras que una hoja de periódico tiene un grosor aproximado de 100 000 nanómetros. Si una canica fuera un nanómetro, un metro equivaldría al tamaño del planeta. Visto lo visto, no es de extrañar que los investigadores precisen de microscopios extremadamente especializados para observar la vida a esa escala! 

La comunidad científica es consciente de que las aplicaciones derivadas de los nanomateriales podrían ser el trampolín para lograr grandes adelantos tecnológicos, de ahí que los nanomateriales se hayan identificado como una tecnología facilitadora esencial (TFE). Algunas aplicaciones derivadas de nanomateriales nuevos son productos de consumo como filtros ultravioleta integrados en cremas solares o tejidos con propiedades desodorantes, y también aplicaciones médicas y técnicas como terapias oncológicas y baterías de iones de litio para automóviles eléctricos. 

Pese a sus numerosas ventajas, los nanomateriales también suscitan cierto grado de inquietud. Son semejantes a las sustancias y los productos químicos normales en que pueden ser tóxicos y, por ende, potencialmente nocivos para la salud humana y el medio ambiente. Todos los nanomateriales se someten a una evaluación de riesgos, si bien diversos investigadores admiten que se trata de un área relativamente nueva y por ello hay que seguir trabajando para mejorar aspectos concretos de tales evaluaciones. 

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