Napoleón Bonaparte

Retrato de Napoleón en su gabinete de trabajo, en el palacio de las Tullerías. Jacques-Louis David, 1812.

Tal día como hoy… 5 de mayo de 1821, fallecía Napoleón Bonaparte

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El 5 de mayo de 1821 fallecía a los 51 años, en la remota isla de Santa Elena, Napoleón Bonaparte, el hombre que había sido emperador de los franceses y dueño de Europa. Llevaba confinado en este islote de 121 km2  situado en medio del Atlántico casi seis años. Para unos es el máximo símbolo de la Revolución francesa, para otros el que la traicionó y supeditó a su ambición personal; anticristo, liberador, megalómano, genio militar, modernizador… hay pocas cosas que no se hayan dicho de él, buenas o malas. Una cosa es cierta, no dejó indiferente a nadie. Y marcó una época.

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Napoleón cruzando los Alpes, obra de Jacques-Louis David.

CV / Había nacido en Ajaccio (Córcega), el 15 de agosto de 1769. Un año antes, Francia había comprado la isla a la República de Génova. A los 10 años, su padre lo envió a Francia para estudiar en la escuela militar de Brienne-le-Château. Antes tuvo que aprender francés, lengua que habló toda su vida con un marcado acento italiano. Se graduó en 1785 como teniente segundo de artillería.

Al estallar la revolución, se apuntó a la facción jacobina y fue nombrado comandante de la Guardia Nacional. Destacó especialmente en el sitio de Tolón contra las fuerzas angloespañolas. A la caída de Robespierre, y debido a su amistad con el hermano de éste, fue detenido un tiempo, pero pronto supo ganarse la confianza del nuevo hombre fuerte del Directorio, Paul Barras, con cuya amante acabó casándose: Josephine de Beauharnais, viuda de un general realista fusilado por traición a la Republica.

Destacó como militar brillante en las guerras que las coaliciones europeas emprendieron contra la Francia revolucionaria. Llevando a cabo exitosas campañas en Italia y contra los austríacos, convirtiéndose muy pronto en una figura muy popular y símbolo de la nueva promoción de militares republicanos, entre los cuales destacaban también Murat, Bernadotte, Ney, Massena… que luego constituyeron la aristocracia imperial que el mismo entronizó. En 1798 fue enviado a Egipto. Aunque militarmente la campaña fue un fracaso, Napoleón se las arregló para retornar a Francia como un glorioso vencedor.

El 9 de noviembre de 1799 –el 18 Brumario en el calendario romano que había instaurado la Revolución- dio un golpe de estado y se proclamó Primer Cónsul Vitalicio de la República. Cinco años después se autoproclamó emperador. Y decidió hacerse dueño del mundo.

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Libertador u opresor no dejó indiferente a nadie

Destruyó el Sacro Imperio Romano Germánico. Derrotó a los austríacos, a los rusos y a los prusianos. En 1808 ocupaba España

Pocos consiguieron resistírsele. Destruyó el Sacro Imperio Romano Germánico -una reliquia política que databa de la época de los Otones, en el siglo X-, derrotó a los austríacos, a los rusos y a los prusianos. En 1808 ocupaba España. Muchos le vieron como un libertador, otros como un opresor. En el gobierno de los países vencidos acostumbraba a poner a familiares o generales suyos como reyes. José en España, Murat en Nápoles, Bernadotte en Suecia…

Solo se le resistía Inglaterra, cuyo proyecto de invasión había abandonado tras la derrota naval de Trafalgar (1805). En España no acababa de consolidar su posición debido a la resistencia española y a la ayuda inglesa. Allí empezó a  oír hablar a sus generales del que sería su némesis: Sir Arthur Wellesley (1769-1852) el duque de Wellington.

El 23 de junio de 1812 Napoleón inició la invasión de Rusia con un ejército de unos 680.000 hombres -entre franceses y aliados-, la mayor fuerza militar conocida hasta entonces. Al principio le siguió sonriendo la fortuna. Derrotó una vez más a los rusos consiguió entrar en Moscú. Y entonces llegó el general «invierno». En Moscú, lejos de sus bases de aprovisionamiento, con los rusos practicando la guerra de sabotaje, y sin nada que levarse al estómago, los franceses empezaron morirse de hambre y de frío. Napoleón decidió entonces retirarse. Regresó con unos 40.000 hombres; el resto se quedaron enterrados en Rusia.

Napoleón retirándose de Moscú, por Adolph Northen

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La derrota en Rusia alentó a los países vencidos. Austria, Prusia y Suecia se rebelaron y le declararon la guerra. En octubre de 1813 fue derrotado en Leipzig. Se replegó entonces hacia Francia, pero los franceses se habían cansado de tanta carnicería y le forzaron a abdicar. Regresó Luis XVIII, hermano del ciudadano Capeto decapitado, y se reinstauró la monarquía absolutista en Francia. Napoleón fue llevado preso a la isla de Elba, en la costa italiana.

La derrota en Rusia alentó a los países vencidos. Austria, Prusia y Suecia se rebelaron y le declararon la guerra. En octubre de 1813 fue derrotado en Leipzig

Pero consiguió escapar y presentarse en París. El borbón restaurado no se había hecho querer mucho por los franceses, que decidieron proclamar nuevamente a Napoleón como emperador. Pero las monarquías europeas no estaban dispuestas a darle una nueva oportunidad. El ejército aliado le derrotó definitivamente el Waterloo (Bélgica) el 18 de junio de 1815.  Habían pasado cien días desde su retorno de Elba.

Esta vez se hicieron cargo de él los ingleses, que le llevaron a Santa Elena, desde donde era imposible escapar. Vivió aun 5 años más, dicen que amargado dictando sus memorias y con todo el tiempo del mundo para reflexionar sobre los vaivenes de la fortuna. Murió de un cáncer de estómago. Otras versiones sugieren que envenenado con arsénico.

Fue enterrado en Santa Elena, hasta que sus restos fueron repatriados a Francia en 1840. Desde entonces, reposan en Les Invalides.

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