Napoleón III

Retrato de Napoleón III por Franz Xaver Winterhalter (1850). / Wikimedia

Tal día como hoy… 20 de abril de 1808 nacía Luis Napoleón Bonaparte

 

El 20 de abril de 1808 nacía en París Luis Napoleón Bonaparte, que con el tiempo se convertiría en el único presidente de la II República francesa y en emperador de Francia con el nombre de Napoleón III. Era hijo de Luis Bonaparte –hermano menor de Napoleón y rey de Holanda entre 1806 y 1810- y de Hortensia de Beauharnais, hija de la emperatriz Josefina.

 

CV / Dejó dicho Karl Marx que si la historia se repite, es en forma de parodia. Y lo dijo pensando precisamente en la entronización de Napoleón III como emperador, en contraste con su tío, el «auténtico» Napoleón.

En Francia mereció entre la población el apelativo de ‘le pétit Napoleon’, siempre en comparación con el otro Napoleón, el «grande»

Por lo general, no ha sido un personaje demasiado bien tratado por la historiografía, empezando por la de su propio país. En Francia mereció entre la población el apelativo de ‘le pétit Napoleon’, siempre en comparación con el otro Napoleón, el «grande», de cuya sombra nunca consiguió zafarse. Ha sido considerado también un megalómano y en gran medida denostado por su humillante derrota frente a Prusia, que le mandó al exilio los tres últimos años de su vida. Ello no obstante, el suyo es un periodo clave en la moderna historia de Francia. Entre otras muchas cosas, llevó a cabo la modernización urbanística de París, cuyo centro urbano histórico evoca claramente aún hoy la estética «Segundo Imperio», mucho más que cualquier otra etapa histórica.

Algunos historiadores han puesto en duda su parentesco con la familia Bonaparte, insinuando que podía ser hijo biológico de algún amante de Hortensia de Beauharnais, cuyos devaneos extraconyugales en el París de la época eran de sobras conocidos. Un extremo no comprobado en el caso de Napoleón III, aunque sí en el de su cuarto hermano –él era el segundo-, Carlos Augusto, que ni siquiera llevó en vida el apellido Bonaparte.

En su juventud se aproximó a los círculos carbonarios, a un liberalismo autoritario, al romanticismo y al socialismo utópico

En su juventud se aproximó a los círculos carbonarios, a un liberalismo autoritario, al romanticismo y hasta al socialismo utópico, caracterizándose por un sincretismo que se tenido como un reflejo de su ambición de poder, sin reparar demasiado en la ideología invocada para legitimarlo. A lo largo de su vida fue desplazándose hacia el tradicionalismo y reforzando cada vez más sus veleidades autoritarias.

Regresó a Francia tras el derrocamiento de Luis Felipe de Orleans en 1848,  y gracias a su apellido consiguió ser elegido presidente de la II República en las primeras elecciones con sufragio universal masculino. Un periodo, el de su presidencia, que también aporta sombras. Las elecciones a la Asamblea Nacional las ganaron los monárquicos, que revocaron el sufragio universal, volviendo al censitario. Luis Napoleón contemporizó con ellos, pero a la vez dio un golpe de estado invocando la vuelta al sufragio universal, pero en lugar de restablecerlo, abolió la república e instituyó el Segundo Imperio, proclamándose él mismo emperador con el nombre de Napoleón III. Lo de «tercero» fue por respeto a la genealogía imperial bonapartista, dando por testimonial a Napoleón II, que nunca llegó a gobernar.

Napoleón III implantó un sistema autoritario con apariencias parlamentarias, pero con fuerte represión política

Napoleón III implantó un sistema autoritario con apariencias parlamentarias, pero con fuerte represión política. En política exterior auspició la unificación de Italia apoyando al reino del Piamonte –a cambio de la cesión a Francia de la Saboya y Niza-, participó en la guerra de Crimea y prosiguió con la política de expansión colonial en Argelia y África iniciada en la época de Luis Felipe. Por su propia cuenta inició la ocupación de Indochina, pero fracasó estrepitosamente en Ecuador y México. Intentó siempre mantener una aureola de glamour imperial, bien acompañado por su esposa, la aristócrata española Eugenia de Montijo.

Al quedar vacante el trono de España en 1868, vetó al «orleanista» Duque de Montpensier, pero la candidatura de un príncipe alemán a la corona española le llevó, por sus propios errores, a la desastrosa guerra con Prusia en 1870. El propio Napoleón III fue hecho prisionero de los alemanes en Sedán. Dos días después era destituido y en Francia se proclamaba la III República.

Napoleón III murió exiliado en Londres el 9 de enero de 1873.

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