Navidad y padres compradores de felicidad

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Comprar el cariño y la conducta de nuestros púberes con regalos y libertades resulta una tentación que algunos educadores llevan al extremo, sobre todo por Navidad. La culpa no es del todo suya. Vivimos en un matrimonio difícil de divorciar, el capitalismo y su pareja inseparable, el consumismo. Sin uno no existe el otro, y sin el otro no hay el uno.

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista @DAVIDRABADA

El mundo da muchas vueltas, aunque lo hace más el dinero y sus especulaciones. Si nos viéramos obligados a dejar de comprar e invertir, los grandes capitales perderían ganancias, que no beneficios. Ante tal merma unas empresas cerrarían, otras pactarían bajarle el sueldo y la mayoría reduciría su plantilla engrosando las listas del paro. El estado, viendo sus impuestos reducirse al bajar consumo y especulaciones, decidiría pedir créditos a esos capitales para seguir pagando un bienestar social insostenible pero que prometió a sus electores. Esperando con optimismo años mejores su deuda alcanzaría cotas jamás vistas y tarde o temprano dejaría en la ruina al país, una herencia que debería asumir el pueblo pagano de todo aquello. En consecuencia, el gobierno entrante se pondría a hacer recortes sin sancionar a los anteriores culpables de todo aquel desatino de decisiones funestas. Ya se sabe que mejor no condenar a quienes a lo mejor te acusen a ti en un futuro, y menos aún procesar a quienes te pagan la campaña electoral, bancos y financieras. En fin, que a uno le subirán los impuestos, le bajarán los servicios sociales y hasta le pedirán que, en caso de trabajar, lo haga más horas y por menos dinero, o lo que es lo mismo, con más IRPF. Y luego nos dirán que ya no hay dinero para sanidad ni educación. Y si usted fuera creyente en los servicios públicos, verá que alguien lo querrá cambiar por púbicos, ¿o no le van a pedir que se prostituya laboralmente?

Seamos sinceros, sanidad y educación están cada vez en manos economistas que no en expertos que trabajen dentro

Seamos sinceros, sanidad y educación están cada vez en manos economistas que no en expertos que trabajen dentro. Por ello, y en diversas ocasiones ya hemos visto que muchos países han recortado costes y personal, aun a sabiendas que los grandes inversores guardaron su capital en lugar seguro, paraísos fiscales como Panamá, por ejemplo, ya que sabían que jugar en la bolsa ya no salía rentable. Al final, la economía de este sistema desacelerará y el mundo capitalista, aún dando vueltas, también. Y eso mismo fue lo que ocurrió durante la crisis del 2008 y casi en la vigente de 2021, ¿le suena ahora todo lo anterior? Pues la educación de nuestros hijos está en juego en todo ello.

 

Dinero fácil, educación falsa

El dinero y las especulaciones fueron como el agua a un ecosistema, cuantas más veces circulaban, más organismos las aprovechaban. El problema fue que aquella agua no era real, era especulativa, es decir no existía, pero a mayor número de manos que pasaba, más se creía que valía. Muchos de estos valores en realidad no valían nada y durante el 2008 muchos se dieron cuenta y les cogió pánico. ¿Solución? Venderlo todo y el mundo despertó ante la nada de aquellos valores. En fin, que las bolsas se desplomaron cayendo todo aquel castillo de naipes. Los financieros, quienes ganaban mil veces más que un simple docente, habían vendido sueños a los inversores con derivados, futuros y preferentes. Pero detrás de todos aquellos productos no había dinero tangible, sólo humo lleno de conjeturas, esperanzas y ganas de obtener divisa fácil. Una burbuja sólo está llena de aire, de nada más.

–          Un ingeniero diseña obras que se construyen, un financiero sólo pesadillas– me afirmaba un economista amigo mío.

Ante esta u otras crisis, uno pudiera decidir ahorrar y esconder todos sus duros debajo de una baldosa, pero el sistema ya inventó algo para disuadirlo, la inflación, y si esta fallara, la obligación de pagar más impuestos. Haga lo que haga le arrastrarán al gasto, no le quepa la menor duda. En fin, que nuestro sistema nos obliga a consumir o pagar a los grandes capitales, sean estatales, bancarios o multinacionales. Aunque quizás no nos guste, nuestra sociedad se fundamenta en eso, en que todos nosotros consumamos cuanto más mejor, y si es sin necesidad, o por encima de nuestros ingresos, más se aplaude. El problema es que esa sin necesidad o ese por encima tuvieron efectos dañinos sobre nuestro nivel adquisitivo inmediato y sobre la educación de nuestros hijos.

 

Comprar el cariño de los hijos

Comprar a los hijos todo aquello que uno no tuvo; pretender que con más bienes muestren más cariño; protegerlos diciendo que tiempo habrá para que sufran; preguntar cada día al zagal que quiere para desayunar ante una pastelería, o hasta comprarle el mejor móvil ya en primaria, son múltiples ejemplos de cómo se les pagó por algo que no debía ser negociable, la responsabilidad. En resumen y concretando, se podría decir que comprar en exceso y regalarles demasiado engendra el materialismo en los chavales y no el valor de las cosas por el esfuerzo real que requieren. El enfoque anterior arrastra a los críos hacia un bajo nivel de compromiso durante su infancia y luego a la falta de respeto, solidaridad y empatía hacia sus adultos durante su adolescencia. De proseguir tal tendencia se les empuja a ser exigentes con los demás y a desarrollar una calidad profesional nefasta en su futuro laboral.

Tenerlo todo demasiado fácil durante la infancia y adolescencia provoca dar mayor prioridad al dinero que al esfuerzo, es decir, querer ganar mucho con escasa dedicación

Tenerlo todo demasiado fácil durante la infancia y adolescencia provoca dar mayor prioridad al dinero que al esfuerzo, es decir, querer ganar mucho con escasa dedicación, algo que perpetraron los financieros con la crisis económica actual. La compra del cariño con regalos sólo equivale al precio que uno paga por los sobornos emocionales de su hijo y no por un amor que apenas dura. Creerles cuando dicen que, tú no me quieres, es ceder ante su capricho. Y tanto que le quiere, tanto que por eso hace lo que debe, evitar ser un protector comprador.

Durante las jornadas económicas que la extinta Caixa de Manresa organizó en abril del 2007, Pilar del Castillo, Alejandro Tiana y otros personajes estuvieron de acuerdo en afirmar que los países con mayores cotas en educación aumentan su competitividad y se desarrollan más. Si la cultura no impulsa el esfuerzo jamás obtendremos profesionales cualificados. Para los asiáticos, por ejemplo, el éxito escolar de sus retoños resulta lo más crucial para la familia. Si los resultados de sus hijos son adversos, los padres asiáticos piensan que su alevín no se ha esforzado lo suficiente.

Si la cultura no impulsa el esfuerzo jamás obtendremos profesionales cualificados. Para los asiáticos, por ejemplo, el éxito escolar de sus retoños resulta lo más crucial para la familia

De hecho, en Estados Unidos los inmigrantes que mayor éxito estudiantil y profesional poseen son los hijos de los asiáticos, mientras que latinos y afroamericanos se quedan por debajo. Las familias asiáticas inculcan a sus chavales que deben trabajar duro con los estudios, y a pesar de que hablan otra lengua muy distinta al inglés, estos alumnos van por delante de los anglos autóctonos. Añadamos a lo anterior que a los estudiantes asiáticos recién llegados les va mucho mejor que a los afroamericanos y latinos nacidos en el país, prueba irrefutable que el esfuerzo prima sobre el origen social, cultural o étnico.

Sirve de ejemplo el instituto Orange County cerca de Los Ángeles en donde la mayoría de los habitantes son vietnamitas y en donde casi no hay fracaso escolar. A nivel académico no existen diferencias ni entre chicas y chicos, ni entre clases sociales, ni entre quienes hablan más o menos el inglés por el barrio. El elevado éxito escolar se explica por el nivel de estudio, la cohesión familiar y la cultura del esfuerzo en todo ello. En fin, que el éxito asiático no es genéticamente asiático sino de la perseverancia y del afán. No exigir esfuerzo a nuestros estudiantes es infantilizarlos.

Cabe añadir que antes era el estudiante quien se debía responsabilizar de su motivación y autonomía, como ocurre en Estonia y Finlandia, en cambio ahora, y según las pedagogías teóricas, es el docente quien debe apoyar y motivar a los alumnos de aquí. Estas ideas propiciaron en parte la idea en España del enriquecimiento rápido bajo formaciones mediocres. De hecho, nuestro país puso ingentes cantidades de dinero en la construcción dejando de lado a la educación. Es decir, se invirtió más en paletos que en personas. Al final esa situación propició que una minoría de capitalistas nacionales detentara el poder, la economía y las especulaciones urbanísticas. Eso a su vez provocó un mayor enriquecimiento de éstos en detrimento del bienestar social de la mayoría.

En Estonia y Finlandia prima la familia sobre el eje educativo, la solidaridad sobre el eje social, la lectura sobre el conocimiento crítico, y finalmente su rechazo a un progreso económico exponencial e infinito

Estonia y Finlandia, antítesis de esta hispanidad, se fundamentan en todo lo contrario obteniendo altos logros en educación, economía y seguridad social. Su perfil cultural lo explica todo. En Estonia y Finlandia prima la familia sobre el eje educativo, la solidaridad sobre el eje social, la lectura sobre el conocimiento crítico, y finalmente su rechazo a un progreso económico exponencial e infinito. Los finlandeses y los estonianos, a diferencia del Reino de España, ven prioritaria una sociedad que no devore recursos, sino que sólo satisfaga las necesidades básicas de sus ciudadanos. Es decir, menos consumismo y más reciprocidad. En otras palabras, más incentivos educativos y menos facilidades a la especulación.

Visto todo lo anterior, deberíamos sobreproteger menos y exigir más a nuestros futuros profesionales. El Estado debería procurar que tal objetivo se cumpliera sin priorizar políticas de empleo basura bajo una educación competencial mediocre. Los informes PISA dejan claro que Estonia, Corea del Sur y Singapur mejoran sus niveles educativos año tras año, algo que nos muestra que lo importante es la buena formación, el esfuerzo y la reciprocidad social. Quizás a todos nuestros estudiantes les haría falta tener padres asiáticos o estonianos. Aquel niño occidental, sobreprotegido y agasajado con bienes materiales, se nos vuelve un pequeño tirano que después no podemos controlar, un débil egoísta que luego le costará dar amor, respeto y beneficios a la sociedad. Es más que obvio que los padres suelen ser blandos al recordar su pubertad para justificar a sus hijos. Escuché un día lo que la periodista Mercè Beltrán me comentaba.

<< Algunos padres de hoy son unos adolescentes eternos >>

Tengamos claro que un no a tiempo ante la demanda de ese chiquillo es un gran avance para que valore los síes que se quiera ganar. Por desgracia los padres compradores, y vale el mensaje para la Navidad, caen fácilmente ante la presión de un berrinche llorón. Acceder a la primera a los deseos infantiles es rebajar la correcta formación. Un padre me afirmaba que él los dejaba en la duda ante sus demandas insistentes. A menudo les respondía así.

<< ¿Qué crees que deberías hacer para ganarte lo que me pides?>>

Y luego se marchaba de inmediato para que pensara y despabilara, algo muy eficaz para cultivar su autonomía. Se insiste, consentir a un menor para dejar de oír sus demandas delata un obvio desinterés por él. Lo primero que necesita un niño es sentirse querido, algo que jamás obtiene por más donativos que reciba. Si alguien tanto quiere a sus hijos lo primero que debe aprender es a decirles que NO.

Pero los chantajes emocionales presionan.

Mamá soy el único de clase a quien no le dejan.

Papá soy el único del colegio que no lo tiene.

Todo ello son falacias ya que, con 30 alumnos por grupo, y unos 400 escolares en el centro, es harto imposible que el hijo de uno sea el único y querer lo mejor para él no significa darle todo lo que pide. Mejor nueve nos y un sí que nueve síes y un solo no, mejor un buen control de su entorno que dejarlo ante lo que quiera, mejor un aviso de cara que mil bofetadas de la vida. No prevenir durante la infancia conlleva que los pequeños problemas se tornen en un King Kong durante su adolescencia. Sirva de ejemplo lo que ocurrió con un púber de segundo de la ESO.

–          Juan, Juan, podrías recoger el papel que acabas de arrojar al suelo.

–          No lo pienso hacer, yo te pago.

–          Estimado alumno eso lo has escuchado en casa y ahora lo repites sin pensar por ti mismo. De pagar, tu no pagas nada, te lo pagamos los adultos. Los servicios de limpieza del colegio, que esta vez no te van a recoger el papel, salen de los impuestos de muchos adultosPor tanto, Juan, vas a recogerme todos los papeles de clase. Tengo todo el patio para que lo hagas.

Este artículo forma parte de una serie titulada “Fracaso escolar o fracaso político“, a cargo de nuestro colaborador, David Rabadà.

Entrega anterior: Familias desvertebradas, hijos desvencejados (50)

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