Al dimitir Pi y Margall, fue elegido presidente de la República el 18 de julio de 1873

Tal día como hoy… 10 de abril de 1838, nacía Nicolás Salmerón

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El 10 de abril de 1838, nacía en Alhama la Seca (hoy Alhama de Almería) Nicolás Salmerón Alonso, político, intelectual y el tercer presidente de la I República española. Una rara avis entre la especie de los políticos de todos los tiempos, que antepuso siempre el imperativo moral como máxima y que, como rezan las palabras que le dedicó Georges Clemenceau, escritas en su epitafio, “dejó el poder por no firmar una sentencia de muerte”.

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CV / Hijo de un médico rural de ideas liberales, cursó el bachillerato en Almería y se licenció en Filosofía y en Derecho por la Universidad de Granada, donde conoció a Julián Sanz del Río y a Giner de los Ríos, adscribiéndose al krausismo. Se trasladó luego a Madrid, donde en 1859 inició su actividad académica como profesor de filosofía en el Instituto San Isidro. Obtuvo posteriormente la cátedra universitaria de Derecho en Oviedo y, en 1866, la de Metafísica en la Universidad Central de Madrid.

De ideas republicanas, se implicó en la lucha contra la monarquía de Isabel II participando en acciones contra el régimen

De ideas republicanas, se implicó en la lucha contra la monarquía de Isabel II participando en acciones contra el régimen, lo que le valió ser expulsado de la Universidad y encarcelado durante cinco meses en el Saladero, coincidiendo allí con Pi y Margall. Al estallar la revolución de 1868 -«La Gloriosa»-, fue repuesto en su cátedra y participó activamente en las Juntas Revolucionarias. En 1871 fue elegido diputado y, tras la abdicación de Amadeo y la proclamación de la I República, fue ministro de Gracia y Justicia en el gabinete presidido por Estanislao Figueras.

Al dimitir Pi y Margall, fue elegido presidente de la República el 18 de julio de 1873. Intentó afrontar el cantonalismo, el carlismo y la insurrección en Cuba, a la vez que introdujo reformas con la intención de modernizar el país. Pero aun obteniendo algunos éxitos, la situación, acosado también por los republicanos federalistas radicales, devino insostenible. El 7 de septiembre presentó su dimisión, alegando problemas de conciencia por negarse las ratificar condenas a muerte de ocho soldados que se habían pasado al bando carlista.

Desde sus primeros momentos, en el republicanismo español convivieron varias tendencias a partir de dos ejes, por un lado, el alcance de las reformas sociales a llevar a cabo, por el otro, el republicanismo unitarista y el federalista. Los tonos eran en cada caso de intensidad variable. Entre los federalistas moderados se situarían Salmerón y Pi y Margall; entre los radicales, un grupo más minoritario liderado por Roque Barcia y Suñé y Capdevila, miembros de la camarilla de Paúl y Angulo, entonces exiliado por sus presuntas implicaciones en el asesinato de Prim-. En el republicanismo unionista destacaba Emilio Castelar.

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“¡Estoy hasta los cojones de todos NOSOTROS!”

Aun con estas diferencias, nada impedía que los juegos de alianzas entre los distintos sectores devinieran en más de una ocasión extraordinariamente volubles. Fue Castelar quien, por ejemplo, propuso como presidente a Pi y Margall contra Figueras, aun que estaba ideológicamente mucho más próximo a éste que a aquél. Igualmente, los más encarnizados enemigos de Pi y Margall durante su presidencia fueron precisamente los federalistas… En fin, cosas de la política, acaso magistralmente expresadas en la frase con que Figueras presentó su dimisión y se largó: “Señores, no aguanto más. Voy a serles franco: “¡estoy hasta los cojones de todos NOSOTROS!”

Siempre fiel a sus convicciones republicanas, se ganó el respeto de todos por su prestigio intelectual y su ascendente moral

Salmerón era un republicano convencido y a medio camino entre el federalismo y el unitarismo; conservador en lo táctico, pensaba que la población española no estaba todavía madura para una república federal, siendo más partidario de ir avanzando mediante la consolidación de pequeños progresos y conquistas, siempre bajo el imperio de la ley y sin las prisas ni las premuras que acabaron hundiendo el proyecto republicano.

Con la restauración borbónica fue nuevamente desposeído de su cátedra y tuvo que exiliarse a Francia en 1875. Rehabilitado con la amnistía de Sagasta en 1885, regresó a España y fue elegido diputado hasta su retirada en 1907. Siempre fiel a sus convicciones republicanas, se ganó el respeto de todos por su prestigio intelectual y su ascendente moral, deviniendo, en la expresión de Sánchez Albornoz, “la sombra de la república que un día habrá de llegar”.

Nicolás Salmerón falleció el 20 de septiembre de 1908 en la localidad francesa de Pau, mientras estaba de vacaciones, a los 70 años de edad. En 1915, sus restos fueron trasladados al cementerio civil de Madrid, donde reposan al lado de los de Pi y Margall, su rival político en ocasiones, con el que había compartido los ideales republicanos, la cárcel y la jefatura del Estado.

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