Nube tóxica del volcán Laki

La lava de Laki: Eldhraun / Wikimedia - Hansueli Krapf

Tal día como hoy… 18 de junio de 1783 los cielos de Berlín se oscurecían a plena luz del día

 

El 18 de junio de 1783 los cielos de Berlín se oscurecían a plena luz del día. Dos días después alcanzaba París y progresaba hacia Gran Bretaña, el norte de Italia y España. Se trataba de una inmensa nube tóxica producida por el volcán Laki, en Islandia. Alteró el equilibrio climático en todo el continente durante largos meses y se calcula que produjo unos 6 millones de muertos.

 

CV / Los monjes que durante la cristianización de Islandia en el siglo XII y que pudieron ver de primera mano las erupciones lo compararon con las puertas del infierno o con la prisión de Judas. El Laki, o Lakagigar, es una fisura volcánica que se encuentra en el sur de Islandia, entre el cañón de Eldgjá y la pequeña población de Kirkjubaejarklaustur –actualmente Parque Nacional de Skaftafell. Es parte de un sistema volcánico que incluye los volcanes de Grimswötn y Thórdarhyma, en una zona repleta de fisuras situada entre los glaciares de Mýrdalsjökull y Vatnajökull.

El Laki surgió precisamente de la explosión de una fisura del volcán Grimswötn el 8 de junio de 1873, que abrió 130 cráteres abiertos con explosiones freatomagmáticas

El Laki surgió precisamente de la explosión de una fisura del volcán Grimswötn el 8 de junio de 1873, que abrió 130 cráteres abiertos con explosiones freatomagmáticas debido a la interacción del agua subterránea con el magma basáltico que estaba ascendiendo. La erupción se prolongó durante ocho meses. Durante los primeros días, las erupciones fueron inicialmente de carácter estromboliano, y posteriormente hawaiano, con alta proporción de efusión de lava. Solo en Islandia provocó la muerte de 10.000 personas, entre una cuarta y una quinta parte de la población, y de la práctica totalidad de las cabezas de ganado.

Está considerada una erupción IEV 6 –Índice de Explosividad Volcánica, en una escala de ocho grados-. Se calcula que en total llegaría a expulsar unos 14 millones de km3 de lava basáltica y nubes tóxicas de ácido fluorhídrico y dióxido de azufre, y un volumen total de piroclasto de 0,91km3, en peso, unos 120 millones de toneladas de SO2 unos 8 millones de HF. Todo esto dio como resultado una de las catástrofes climáticas más importantes y con mayores repercusiones del último milenio.  Se calcula que las fuentes de lava alcanzaron alturas de entre 800 y 1.400m. En Gran Bretaña al verano de 1783 se lo llamó the sand summer –el verano de arena- por la caída de cenizas. Se considera uno de las mayores catástrofes medioambientales de la historia europea, pero sus efectos llegaron hasta mucho más allá.

El cielo se impregnó de polvo sulfuroso y un calor sofocante se adueñó de la atmósfera. El otoño fue muy frío; el invierno, gélido

Desde Islandia, la nube tóxica se desplazó en dirección sureste empujada por los vientos provocados por las altas presiones, cayendo desde Noruega sobre Alemania, Francia, Bohemia, Gran Bretaña… El cielo se impregnó de polvo sulfuroso y un calor sofocante se adueñó de la atmósfera. Primero, produjo un verano anormal y extremadamente caluroso, luego irrumpieron violentos aguaceros y granizadas que hicieron descender bruscamente la temperatura y provocaron gravísimas inundaciones. El otoño fue muy frío; el invierno, gélido. La pérdida de las cosechas dio lugar al hambre y a las epidemias. En latitudes más alejadas, se considera que provocó el bajo nivel de crecida del Nilo, provocando la correspondiente sequía y hambruna, reduciendo en un sexto la población del Valle del Nilo.

El pánico se adueñó de la gente, no solo por la carestía, sino también por el terror a lo sobrenatural, a algo que no  podían entender. Fue una niebla densa y persistente, imposible de atravesar por los rayos de Sol. El calor era tan sofocante que pudría la carne de un día para otro, pero su imagen era la de una «Luna nublada» que, a medida que avanzaba el día, iba cambiando sus tonalidades adquiriendo un colorido ferruginoso que al caer la tarde se tornaba rojizo, provocando el temor supersticioso.

En España también se hicieron notar sus consecuencias en todo el país, pero especialmente en Cataluña, Valencia, Aragón y Navarra

En España también se hicieron notar sus consecuencias en todo el país, pero especialmente en Cataluña, Valencia, Aragón y Navarra. La Gaceta de Madrid explicaba en 1783 que el color rojizo del Sol hacía que “El pueblo se asustase; y en efecto la consternación fue general entre las gentes poco instruidas”. Por su parte, el erudito y noble catalán Rafael de Amat y Cortada, barón de Maldá, dejó constancia en sus escritos de las altísimas temperaturas estivales de 1783, de la sequía, de las malas cosechas y de la presencia de una niebla tan espesa que impedía resplandecer al Sol.

Todas estas alteraciones fueron profusamente constatadas y registradas por los observadores contemporáneos, pero solo un hombre supo ponerlas en relación con la erupción del Laki: Benjamin Franklyn.

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