Los barceloneses pueden asistir estos días a las jornadas de la Creación escenificadas sobre una fachada oscilante en la basílica de la Sagrada Familia.

“Todo sale del gran libro de la naturaleza”

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Montreal  es la estrella invitada en La Mercè de Barcelona, una visita que no hace sino confirmar el secreto a voces del idilio a distancia entre dos urbes cosmopolitas, abiertas al mar y al mundo, puntas de lanza de la cultura más avanzada. Un noviazgo que se consuma estos días con el ritual del espectáculo L’Oda a la vida.

La Sagrada Familia de Gaudí se viste de luces.

Dijo Antoni Gaudí, arquitecto del templo, que “todo sale del gran libro de la naturaleza”, y durante un cuarto de hora de show los barceloneses pueden asistir estos días a las jornadas de la Creación escenificadas sobre una fachada oscilante en la que se proyecta el nacimiento del Planeta Tierra mediante un espectacular juego de luces.

El título del show deja bien clara la intención de sus responsables: la empresa puntera a nivel mundial Moment Factory, que ha puesto su talento multimedia al servicio de artistas del relumbrón de Jay-Z, Arcade Fire o Madonna.

A partir de una idea de Renaud Architecture d’Événements, el edificio más significativo del skyline barcelonés se ha visto asaltado por un baile de luces, música y colores durante 15 intensos minutos. Lo hará cuatro veces (a las nueve, a las diez, a las once y a las doce) en las tres veladas del fin de semana durante el que la capital catalana disfruta de sus festejos.

Un show no muy alejado de la viveza colorista de las ceremonias olímpicas barcelonesas, de la personalidad de Montreal y Barcelona y del espíritu que movía a Gaudí cuando aseveró que “la armonía nace de la luz, que da relieve y decora”.

Imagen del espectáculo

L’oda a la vida conecta de fábula con los “colores intensos, lógicos y fértiles” que promulgaba el arquitecto catalán, pero también con la pirotecnia y la vocación universal de aquellas rompedoras ceremonias de apertura y clausura, de mar y de fuego, que La Fura dels Baus y Els Comediants idearon para los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992.

La llama olímpica ya había llegado a Montreal años antes, en 1976, y la mascota elegida por la ciudad canadiense fue un castor bautizado con el nombre de Amik. Que la canción Amics per sempre se convirtiera en el himno de la despedida de las olimpiadas de la capital catalana sólo es una coincidencia más de las muchas complicidades que unen a estas dos ciudades que estos días estrechan lazos para animar las fiestas de La Mercè.

Un único detalle bastaría para explicar su cosmovisión común. El medio de transporte con el que muchos curiosos llegaron al estreno del espectáculo organizado por la ciudad canadiense en la Façana del Naixement de la Sagrada Família fue la bicicleta. Y ambas localidades saludaron el nuevo milenio con una red urbana que promoviera este transporte.

Familias con coches de niños, turistas que pronto quedarían anonadados, matrimonios con bocadillos y refresco; todos ellos abarrotaron las inmediaciones del templo armados con las cámaras de sus móviles que dispararon sin cesar desde el primer instante de un espectáculo al que asistirían boquiabiertos.

Los motes y los croquis en color originales de Gaudí, que siempre declaró que no le preocupaba la lentitud de las obras de su templo religioso porque su cliente jamás tendrá prisa, se convirtieron en un huracán lumínico que catapultó a otra dimensión a una de las basílicas más veneradas, rupturistas y visitadas del planeta.

Una historia de renacimiento, de gracia, de entusiasmo; una oda a la vida, en definitiva, muy fiel al empuje de las dos ciudades y al arte del catalán más universal.

Gaudí profetizó que los arquitectos del futuro sólo deberían fijarse en la naturaleza y en su más célebre creación el público pudo ver el fuego, el agua, el mundo submarino y el aéreo. También el estallido de las flores que los asistentes recibieron con un gran aplauso. Cuando el templo recobró su aspecto original, el público no pudo hacer otra cosa que girarse y agradecer a los iluminadores el espectáculo.