Orígenes evolutivos de la justicia social

Además de la empatía, las comunidades cohesivas también se basan en un sentido de la justicia / Imagen: Pixabay

Hallan indicios de los orígenes de la justicia social en niños de seis años y chimpancés

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La cooperación es una de las bases de la vida en comunidad, donde se da por hecho que aquellos que no respetan la norma reciben su castigo. Un equipo de investigadores exploró indicios evolutivos de esta necesidad de justicia en niños de seis años y chimpancés, grupos ambos que mostraron interés en presenciar el momento en el que se hace justicia.

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Cordis / Investigaciones anteriores se habían dedicado a la empatía entre humanos y animales y habían demostrado que los humanos y algunas especies de animales no se sentían cómodos al presenciar el sufrimiento de otros. Estos comportamientos empáticos protegen las normas sociales y facilitan la cooperación.

Una investigación nueva revela que, además de la empatía, las comunidades cohesivas también se basan en un sentido de la justicia. El estudio evidenció que los chimpancés y los niños de seis años no solo se preocupan de que se aplique el castigo a quien consideran que se ha portado mal, sino que además disfrutan de la experiencia.

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Cuando la justicia ha de ser presenciada

Los investigadores al cargo de este estudio se basaron en el trabajo realizado por los proyectos DEVBRAINTRAIN y SOMICS y se propusieron desentrañar los orígenes y el desarrollo de este comportamiento. En un artículo en la revista Nature explica cómo decidieron comprobar la edad a la que se manifiesta este impulso de presenciar el castigo de comportamientos percibidos como antisociales y si también se manifiesta en chimpancés.

El estudio evidenció que los chimpancés y los niños no solo se preocupan de que se aplique el castigo a quien consideran que se ha portado mal, sino que además disfrutan de la experiencia

En el caso de los niños, los científicos prepararon un guiñol con tres personajes. Uno de los personajes era amable con los niños y les prestaba su juguete favorito, otro no era amable y se quedaba el juguete y un tercero fingía atizar a otros con un palo. Los niños tenían de cuatro a seis años y podían elegir pagar con una moneda para ver los golpes o utilizar la moneda para comprar una pegatina.

El equipo descubrió que los niños eligieron las pegatinas cuando se le pegaba al guiñol bueno, pero buena parte de los niños de seis años dejaron de lado las pegatinas y pagaron para ver cómo se castigaba al guiñol malo. Se informa además que los niños de seis años demostraron placer al verlo, tal y como se apreciaba en sus caras, a diferencia de los niños de cuatro años.

Para estudiar al grupo de chimpancés, los investigadores prepararon un espacio en el zoo de Leipzig en el que dos cuidadores asumieron papeles cooperativos o no cooperativos, implicando uno alimentar a los chimpancés, otro negarles la comida y un tercero que utilizaba un palo para pegar a los cuidadores. Los investigadores observaron que una buena cantidad de animales se esforzaron por presenciar los golpes al cuidador no cooperativo incluso aunque supusiese abrir una puerta pesada para verlo. Por otro lado, los chimpancés evitaban ver la paliza (fingida) al cuidador cooperativo e incluso la reprobaron.

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Un prerrequisito para vivir en comunidad

Dada la estrecha relación evolutiva entre chimpancés y humanos, se plantea la hipótesis de que el deseo de ver lo que se percibe como un castigo justo administrado contra quien se ha portado mal, se desarrolló durante la evolución como una estrategia social para mantener la cooperación y la cohesión y proteger las comunidades.

Los hallazgos también confirman resultados anteriores en los que se apunta a la importancia de la edad de seis años en el desarrollo cognitivo, emocional y social de los niños, pues es esta una edad en la que se empieza a mostrar interés por la justicia y virtudes asociadas como el sacrificio en beneficio de otros.

Este instinto se desarrolló durante la evolución como una estrategia social para mantener la cooperación y la cohesión y proteger las comunidades

El proyecto DEVBRAINTRAIN (Neurocognitive mechanisms of inhibitory control training and transfer effects in children) estudia el desarrollo de la capacidad para controlar impulsos del comportamiento, cruciales para el desarrollo cognitivo y para el bienestar a lo largo de la vida. El equipo está especialmente interesado en conocer cómo la plasticidad encefálica podría permitir un mejor control inhibitorio, especialmente durante la infancia.

El trabajo también aprovechó información del proyecto SOMICS (Constructing Social Minds: Coordination, Communication, and Cultural Transmission). Sus investigadores trabajan para conocer mejor cómo las observaciones, la acción y la comunicación compartidas se combinan con el conocimiento general para crear un espacio común compartido. En el proyecto se comparan datos de bebés, niños, adultos y primates y se apoya en indicios antropológicos.

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Fuente: 

Basado en información del proyecto y en artículos aparecidos en medios de comunicación

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