Vicente Sotés, catedrático de la UPM, preside la Comisión de Viticultura de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV). En este artículo traza un panorama del sector vitivinícola.

‘El sector vitivinícola, entre el modelo industrial y el tradicional’

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UPM/Autor: Vicente Sotés Ruiz

España tiene la mayor superficie de viñedo del mundo y es el tercer país en producción de vino, después de Italia y Francia. Pero se consume y produce vino en todos los continentes y cada vez más los productores de América (EE UU, Chile, Argentina), de África (Sudáfrica), Australia y Nueva Zelanda compiten con las producciones más tradicionales de Europa.

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El gusto por el vino está globalizado y las características del producto, embotellado o en cisternas, hacen que sea ideal para el comercio global. La globalización supone grandes oportunidades y retos para los productores españoles.

El sector vitivinícola tiene un lugar destacado en la sociedad rural española por el interés económico para el sector agrario y por la importancia en la generación de empleo.

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Tenemos unas 300.000 explotaciones vitícolas y unas 4.500 industrias vinícolas que dan ocupación directa a unos 22.000 trabajadores, sin contar con las industrias auxiliares o de comercialización de los vinos. Desde hace 20 años, el papel del vino en el turismo de alto consumo es una realidad que ha venido asociada a la transformación en espacios de lujo arquitectónico de muchas zonas rurales.

Los efectos de la producción y consumo moderado de vino en el medio ambiente y la salud son temas que se debaten a menudo. Desde el punto de vista medioambiental, la producción de vid es casi la única alternativa para fijar dióxido de carbono en climas donde la aridez impide el desarrollo de otras plantas leñosas. El efecto positivo de un consumo moderado sobre la salud se ha documentado por grandes expertos en nutrición.

El consumo global de vino se ha incrementado en los últimos diez años, siendo en la actualidad de 244 millones de hectolitros, según los datos de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) correspondientes a 2011. A pesar de ello, hay un excedente de vino a nivel mundial.

Comprender la evolución del consumo de vino no es fácil. Los cambios culturales asociados con la globalización han hecho que el consumo en países mediterráneos, donde el vino forma parte de la dieta tradicional, haya disminuido, mientras que en países no productores ha pasado a formar parte de los nuevos hábitos de consumo.

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Algunas características del vino como la facilidad del transporte, el consumo de una cosecha a lo largo de varios años (vino joven, crianza, reserva)  o la peculiaridad de las producciones de cada lugar (terroir) hacen que haya una gran competencia en los mercados entre productos de diferentes procedencias, con un mercado muy competitivo y globalizado. Los intercambios mundiales de vino suponen actualmente unos 104 millones de hectolitros (OIV, 2011), con tendencia creciente en los últimos 15 años.

Existe una gran competencia entre los países productores para ocupar este amplio espacio comercial porque es la única opción de supervivencia. Un ejemplo lo tenemos en España, que en 2011, sobre una cifra de consumo interno de 11 millones de hectolitros, exportó 22,4 millones de hectolitros (en 1996 el consumo interno eran 16 millones de hectolitros y se exportaban 7 millones). Estas cifras pueden suponer un espejismo porque el sector se encuentra en una crisis importante por el bajo nivel de precios del vino que, en muchas regiones no compensan los costos de producción.

En los últimos 20 años, los planteamientos de cultivo y elaboración de vino han cambiado radicalmente y algunos de los principios básicos en la viticultura tradicional, conceptos que aprendimos, asimilamos y hemos enseñado  en las últimas décadas, se han puesto en duda tanto por el desarrollo científico y tecnológico como por los criterios económicos y de rentabilidad que impone la competitividad del mercado y la apertura comercial.

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Así que ahora nos encontramos en una situación en la que conviven, y compiten, dos modelos vitícolas diferentes: el tradicional y el industrial. No es fácil la convivencia porque la viticultura española es un sector con una fuerte implantación social, un marco legal muy restrictivo, grandes problemas de excedentes de vino, con una rentabilidad muy baja o negativa en ciertos casos (los vinos de mesa están ahora más baratos que hace 15 años), con un sector productivo muy atomizado y poco preparado para adaptar innovaciones que hacen difícil la transformación de la viticultura tradicional hacia un sistema más tecnificado.

Estas premisas marcan las actividades docentes y de investigación que desarrollamos en la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), tanto en los cursos de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos como en el Máster de Viticultura y Enología, el más prestigioso y antiguo de España (se imparte desde 1969). Las líneas de trabajo que hemos seguido en nuestro Grupo de Investigación en Viticultura se refieren a: caracterización de variedades, ecofisiología, manejo del suelo, relaciones hídricas, sistemas de conducción y zonificación vitivinícola.

En el mundo vitivinícola gana importancia la valorización de  las zonas productoras por medio de la diferenciación de sus vinos, y los países iberoamericanos presentan una amplia diversidad de ecosistemas vitícolas. Con esta premisa hemos realizado un proyecto, financiado por el programa CYTED (Ciencia y Tecnología para el Desarrollo) y por la UPM (Proyectos con Iberoamérica), que analiza los determinantes de la tipicidad y originalidad particular de los vinos producidos en Iberoamérica, en especial la gran variabilidad climática existente en las diferentes regiones productoras.

Los resultados de la investigación se han plasmado en el libro Clima, zonificación y tipicidad del vino en regiones vitivinícolas iberoamericanas, recientemente publicado, donde hemos participado 80 investigadores de 10 países: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Cuba, España, México, Perú, Portugal y Uruguay. Más allá del libro, el proyecto ha supuesto un intercambio de experiencias y una transferencia de la metodología de zonificación para productores y científicos de Iberoamérica.

Vicente Sotés Ruiz es catedrático del Departamento Producción Vegetal: Fitotecnia, de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos de la Universidad Politécnica de Madrid. Recientemente fue elegido presidente de la Comisión de Viticultura de la Organización Internacional de la Viña y el Vino.