Parientes fósiles humanos, ¿pocos o demasiados?

Prejuicios y Evolución Humana“, entrega 2

Un asunto donde los prejuicios científicos saltan más a la palestra es en el número de especies que unos paleontropólogos veneran y otros crucifican. Los llamados splitters aceptan y publican un gran número de nuevas especies mientras los lumpers prefieren agruparlas en unidades más amplias. Al final, y entre unos y otros, el número de especies humanas es tan distinto que es imposible ponerse de acuerdo, y ni mucho menos converger en un árbol evolutivo.

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista  @DAVIDRABADA

La ciencia, como cualquier disciplina de conocimiento, nunca alcanza su máxima objetividad y la lucha entre los splitters y los lumpers resulta un claro ejemplo de ello. Ambos términos, del inglés, nos indican la ideología que siguen unos u otros científicos. Los splitters, de split, división o escisión, son partidarios de definir el máximo número posible de humanos fósiles. Ello lo justifican diciendo que el registro fósil descubierto contiene menos de una centésima parte del total de simios de nuestro árbol evolutivo. Así pues, y de esta manera, quedan por definir centenares de nuevas especies.

La ciencia nunca alcanza su máxima objetividad y la lucha entre los splitters y los lumpers resulta un claro ejemplo de ello

Los lumpers, de lump, terrón o grumo, si bien aceptan que el número de especies fósiles es muy inferior a las que existieron biológicamente, prefieren agruparlas en grandes unidades evolutivas dada la ingente variabilidad dentro de cada una y el riesgo de confusión. Por ejemplo, para los splitters Homo antecesor, Homo georgicus, Homo ergaster y Homo erectus son especies distintas mientras que para los lumpers las cuatro pertenecen sólo al grupo erectus.

Sobre ello se han publicado muchos trabajos donde la variabilidad de las cuatro anteriores encaja bien bajo una sola especie paleontológica. Es más, si un splitter no conociera la variabilidad actual de Homo sapiens, definiría decenas de especies nuevas con todos los cráneos de un cementerio. En cierto modo los splitters amagan un prejuicio que los lumpers les arrojan a menudo, y es que confunden y mezclan especie fósil con biológica. Los splitters justifican tantas nuevas especies a sabiendas que hubo muchas biológicas sin fosilizar, pero ellos definen especies paleontológicas, no biológicas. Es decir, si es cierto que sólo hemos hallado una ínfima parte de nuestras especies biológicas eso no justifica que creemos tantas paleontológicas ya que son cosas distintas.

Los splitters amagan un prejuicio que los lumpers les arrojan a menudo, y es que confunden y mezclan especie fósil con biológica

Cabe recordar que la especie biológica responde a una unidad evolutiva independiente que agrupamos según su compatibilidad genética, en cambio la paleontológica es otra unidad evolutiva que agrupamos según sus semejanzas físicas. Y es evidente que criterios distintos, cosas distintas. Aun así los splitters insisten en mezclar las dos y hay quienes afirman que esta confusión persigue más que un prejuicio, más bien persevera en personalismos científicos.

 

La oportunidad de crear “nuevas especies”

En el mundo de la evolución humana muchos han sido quienes han creado nuevas especies para salir en los medios y ganarse la popularidad y las subvenciones de políticos no formados científicamente. Así se han promocionado poderosos equipos para continuar alimentando sus excavaciones en detrimento de otros paleoantropólogos más humildes. En esto los lumpers tienen las de perder. Ellos prefieren el camino más respetuoso y acorde a la realidad evolutiva. Si no se puede decir más, me quedo con lo que veo sin inventarme especies fatuas aunque puedan biológicamente ser distintas.

León y tigre pertenecen a dos especies biológicas distintas que muy pocos especialistas en felinos sabrían diferenciar a nivel óseo

Pongamos un  ejemplo: supongamos que ponemos en una mesa un cráneo de león y otro de tigre. Ambos pertenecen a dos especies biológicas distintas que muy pocos especialistas en felinos sabrían diferenciar a nivel óseo. Un splitter las hallaría distintas en base a algún rasgo de variabilidad individual, y un lumper nos diría, que si bien pudieron ser especies biológicamente distintas, con los datos presentes no hay criterio para discernir entre dos paleontológicamente diferentes. Insistimos, el splitter vería especies nuevas ante cualquier detalle de variabilidad individual, y el lumper se ceñiría más a los datos objetivos. Por tanto, y como vemos, los splitters llenarán las vitrinas de nuestra evolución con más errores que aciertos y resultará imposible trazar un árbol evolutivo coherente con tantas especies falaces.

Un claro ejemplo de splitters lo tenemos en un yacimiento de nuestra península, en Atapuerca

Un claro ejemplo de splitters lo tenemos en un yacimiento de nuestra península, en Atapuerca. Cuando en 1997 un equipo español definió un nuevo humano, otro paleontólogo, Delson, argumentó en la prestigiosa revista Nature que la variabilidad de Homo erectus acogía al recién creado. Lo mismo publicaron Asfaw y otros en 2002 también en Nature, y así una larga lista de expertos y artículos. Hasta la propia escuela americana se resistía a aceptar la nueva especie, a Homo antecessor.

 

Publicaciones americanas versus las europeas

El hecho que la mayoría de publicaciones que han permitido hablar de Homo antecessor no fueran inicialmente americanas daba testimonio de ello. Véase la dualidad de publicaciones entre el American Journal of Physical Anthropology y el Journal of Human Evolution por ejemplo. Los primeros, americanos, hablaban de un Homo erectus y los segundos, los europeos, ya aceptaban la especie antecessor. Bajo el prisma de los primeros, y ante la gran disparidad de especies afines, otros lumpers españoles, como Cela & Ayala, preferieron hablar de erectus para evitar incongruencias. A pesar de todo, el equipo español de Atapuerca perseveró en su empeño y hoy en día el fatuo Homo antecessor está en todos los textos escolares. Cabe preguntarse, ¿cómo lograron convencer a tantos?

Los primeros, americanos, hablaban de un Homo erectus y los segundos, los europeos, ya aceptaban la especie antecessor

El argumento básico de la definición de Homo antecessor fue su cara aparentemente distinta. Así fue que Bermúdez de Castro, Arsuaga, Carbonell y otros lograron publicar en Science su antecessor en 1997. Cabe indicar que el conjunto óseo de Homo antecessor es muy fragmentario e inconexo. El 75% de los restos son no identificables y el resto es extremadamente fragmentario. La cara ha sido lo más característico de la nueva especie aunque amaga un truco. Los especímenes hallados y utilizados en la creación de Homo antecessor pertenecen todos a individuos jóvenes. Unos correspondían a niños de entre 3,5 a 4,5 años de edad, y otros eran adolescentes de entre 10 a 15 años, tal como publicó el mismo Bermúdez de Castro en 2002. Es decir, Homo antecessor fue definido sólo con ejemplares jóvenes contraviniendo el protocolo internacional que dictamina que para dar consistencia a una especie paleontológica necesitamos una representación amplia de sus edades, sobretodo las adultas.

Sorprendentemente de antecessor no tenemos ejemplares adultos y por tanto su descripción es parcial y falaz. Además los caracteres que propone el equipo de Atapuerca como exlusivos de antecessor solo son rasgos que se dan entre muchos Homo jóvenes, es decir, caracteres compartidos y no distintivos. Cabe explicar que las morfologías craneales de las diferentes especies de homínidos se parecen más cuanto más jóvenes son. Sólo cuando ambos crecen aparecen mayores diferencias.

Sorprendentemente de antecessor no tenemos ejemplares adultos y por tanto su descripción es parcial y falaz

La evolución de los homínidos se ha encontrado en gran parte potenciada por el conservadurismo de caracteres infantiles por lo que Gould llamó neotenia, o McKinney & McNamara hipermorfosis. En el caso de los ejemplares de Homo antecessor, todos ellos jóvenes, manifiestan caracteres que muchas especies del género Homo comparten. Por ejemplo, la ausencia de quilla parietal que cita Bermúdez para definir antecessor se halla en muchos erectus adultos pero no aparece en los individuos jóvenes.

Cráneo de Homo erectus

El surco poco marcado sobre el torus supraorbitario, las cejas para entendernos, le ocurre lo mismo. Y el rasgo estrella para antecessor, una cara moderna por su perfil facial poco prominente y sus pómulos marcados creando una fosa bajo los mismos es más de lo mismo. Y de hecho el ejemplar ATD6-58, que pertenece a un fragmento del malar de un semiadulto, ya muestra que esta característica desaparecía con la edad, y así lo indicó Bermúdez de Castro en 2002 en su libro El Chico de la Gran Dolina. Si sólo dispusiéramos de unos restos fragmentarios de cráneos de chimpancé joven para definir su especie, probablemente hablaríamos de un antepasado nuestro ya que un cráneo de bebé nuestro y de chimpancé presentan similitudes.

 

Nuevos árboles evolutivos para los humanos

Los padres de antecessor insistieron durante años que antecessor y sapiens eran antepasado y descendiente al poseer ambos el oyuelo debajo del pómulo

Con todo en contra para los creadores de Homo antecessor, estos postularon nuevos árboles evolutivos para los humanos donde antecessor era antepasado africano de nosotros los sapiens, algo que volvía a contravenir los datos y la lógica. Si Homo antecessor provino de África, ¿cómo no trajo consigo la talla de piedra más extendida por el continente austral desde hacía más de 1,6 millones de años? El bifaz. Por ahora en el nivel TD6 de Gran Dolina no se han hallado líticos de tal estilo asociados a los restos de Homo antecessor, pero sí lascas sólo de estilo europeo.

Todo este galimatías entre splitters proantecessor y lumpers disgustados parece indicar que no se han hallado caracteres taxativamente diferentes entre antecessor y erectus, siendo ambos una misma especie paleontológica. Este punto de vista es el que mejor se acoge al principio de parsimonia en ciencias. Este dice que la explicación más sencilla que engloba menor número de pasos evolutivos, es la más probable.

Homo antecessor complica el árbol de la evolución humana a sabiendas que probablemente sea una especie incorrecta y sinónima de erectus / Pixabay

Homo antecessor complica el árbol de la evolución humana a sabiendas que probablemente sea una especie incorrecta y sinónima de erectus. Por tanto, resulta más sencillo decir que erectus evolucionó en diferentes partes del planeta para llegar a sapiens en África y extinguirse por Asia. De esta forma, se podrían definir buenos y estables árboles evolutivos para los homínidos.

Forzar la máquina con la creación de nuevas especies puede llevarnos por crasos errores

Forzar la máquina con la creación de nuevas especies puede llevarnos por crasos errores. Aún así los padres de antecessor insistieron durante años que antecessor y sapiens eran antepasado y descendiente al poseer ambos el oyuelo debajo del pómulo. Lo lacerante es que la presencia de este oyuelo, o fosa canina, en Homo sapiens es producto de la variabilidad y en antecessor de la juventud. Véanse los ejemplares adultos de sapiens en la Pestera cu Oase de 36.000 años en Rumanía donde la fosa canina no aparece ni en pintura, y luego vean el ejemplar ATD6-58 de antecessor donde la fosa se difumina. Eso es variabilidad y no nuevas especies.

En definitiva, hay que llamar a la prudencia en todos estos campos, como son los homínidos, que tanto afectan al ego humano y asumir que hacen falta más ejemplares para llegar a conclusiones sólidas entre splitters y lumpers. Aun que hay algo que citamos a menudo pero que también se halla en el lodazal de los prejuicios en evolución humana, el propio concepto de homínido.

Este artículo es la continuación de una serie titulada “Prejuicios y Evolución Humana“, a cargo de nuestro colaborador científico, David Rabadà.

Para leer la entrega 1 aquí

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