Franco había muerto entubado en la cama apenas un año y medio antes, tras tres años de guerra civil y 36 de gobierno dictatorial

Tal día como hoy… 9 de abril de 1977, se legalizaba el Partido Comunista de España

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El 9 de abril de 1977, el entonces presidente del gobierno español, Adolfo Suárez, comparecía en TVE para anunciar la legalización del Partido Comunista de España, con ello se cerraba aparentemente el proceso de desmantelamiento de la estructura política de la dictadura. Con la legalización de PCE, las inminentes elecciones constituyentes convocadas para junio ya iban a ser homologablemente democráticas. Para el partido que había cargado con el peso de la resistencia contra la dictadura, parecía una victoria y se celebró como tal, pero se convirtió en su sepultura.

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CV / Franco había muerto entubado en la cama apenas un año y medio antes, tras tres años de guerra civil y 36 de gobierno dictatorial. Desde aquel momento, se inició el sprint final de una carrera de movimientos en la que se iba a decidir la posición que cada cual iba a ocupar en la grilla de salida de la de verdad. Y todos querían estar, lógicamente, en la pole position, tanto en el propio régimen franquista como en la oposición.

Era el único partido de la oposición con militancia cuantitativamente significativa y el último representante de una tradición republicana

La posición política del PCE era muy delicada. Era el único partido de la oposición con militancia cuantitativamente significativa y el último representante de una tradición republicana que, muy lúcidamente, Max Aub había dado por extinguida tras su último viaje a España, cuya experiencia relató en ‘La gallina ciega’ (1971). El otro partido histórico de izquierdas, el PSOE, se había convertido en unas siglas en manos de una franquicia dispuesta a sacarle réditos a cualquier precio ideológico.

A partir del verano de 1976, cuando el rey Juan Carlos se decidió a substituir al último presidente del gobierno nombrado por Franco, Carlos Arias Navarro –un hombre de escasas luces y menos redaños-, poniendo en su lugar a un joven falangista, Adolfo Suárez, quedaba muy claro que el país se encaminaba hacia alguna forma de democracia. Pero también quedaban igualmente claras dos cosas más. La primera, que el trayecto hacia esta democracia iba a estar en todo momento tutelado por los franquistas «renovadores» que detentaban el poder político; la segunda, que la forma que fuera a adoptar esta democracia iba a depender de la capacidad de negociación y presión de una oposición que, a la vez que se la invitaba a participar en el proceso, si rechazaba la oferta no salía en la foto. Y este era el peor escenario posible para el PCE.

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Así que llegaron las rebajas

Empezó entonces un curioso proceso de fabricación de recíprocos reconocimientos y homologaciones que debían desembocar en básicamente dos objetivos, la construcción de un partido de izquierdas que cortocircuitara a un PCE que estaba creciendo demasiado, y la organización de una derecha que, extraída del franquismo político y sociológico, se presentara con los debidos avales democráticos que iban a provenir de esta misma izquierda de laboratorio que se estaba pergeñando. Quienes iban a quedar fuera del circuito serían, por un lado, los franquistas explícitamente recalcitrantes y contumaces –la AP de Fraga Iribarne y compañía-; por el otro, el partido comunista. En medio, la UCD de Adolfo Suárez y el PSOE de Felipe González, que ocuparían el 75% del espectro sociológico y electoral.

Al poco de haberse legalizado el PCE, éste aceptó la monarquía como forma de gobierno y renunció a la bandera republicana tricolor que hasta entonces había sido la suya

El diseño estaba bien pensado, qué duda cabe, pero fallaba algo. Los franquistas recalcitrantes no iban a aceptar la legalización del partido comunista. Podían aceptar su futuro papel político marginal a nivel parlamentario, pero no que el PCE participara como un partido más. Y estaba el ejército, la gran baza de los recalcitrantes. Así, mientras se promocionaba desde el propio poder al PSOE en la izquierda y a UCD en la derecha, se agitaba el fantasma de los militares para justificar la marginación del PCE. Pero claro, tampoco el  PCE estaba dispuesto a jugar el papel de Don Tancredo en esta representación. No a cambio de nada.

En abril de 1977 la grilla de salida estaba ya muy clara, la pole position de la izquierda la tenía ya el PSOE. El PCE, por su parte, cuyos líderes tampoco habían destacado por su perspicacia, estaba claramente descolocado. Pero por otro lado, si no se legalizaba a los comunistas y se les impedía participar como tales en las elecciones, tampoco esta democracia iba a ser del todo homologable. No es que esto importara mucho internacionalmente –al contrario, encantados-, pero internamente amenazaba con convertirse en un foco de inestabilidad. Así que llegaron las rebajas.

Al poco de haberse legalizado el PCE, éste aceptó la monarquía como forma de gobierno y renunció a la bandera republicana tricolor que hasta entonces había sido la suya. Mientras los militantes del PCE tenían prohibido exhibir banderas republicanas, el PSOE, en cambio hacía acopio de ellas… sin que a nadie pareciera preocuparle.

El 15 de junio de 1977 tuvieron lugar las primeras elecciones democráticas en España después de 40 años. Ocurrió como se había propiciado y previsto. El PCE obtuvo unos resultados decepcionantes que, al parecer de algunos estudiosos del tema, para el único que fueron inesperados fue para su secretario general, Santiago Carrillo.

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También un 9 de abril se cumplen estas otras efemérides

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