Josep Maria Esquirol: «Cuando la Universidad ha sido más Universidad es cuando ha sabido mantener la diferencia» / Imagen: Retrato de Michel Foucault (1926-1984) filósofo francés. Tinta y acuarela (Créditos: Wikipedia)

“El resistente no es el que huye, no es el que abandona: es el que mantiene el tipo”

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«Llegará un momento en que las cuestiones éticas se amontonarán y harán falta profesionales para resolverlas», declaraba un ingeniero biomédico en el «Magazine» de La Vanguardia del 14 de junio. «La de filósofo es también una carrera de futuro», sentenciaba. Josep Maria Esquirol, profesor del Departamento de Filosofía Teorética y Práctica y del máster de Bioética y Derecho: Problemas de Salud y Biotecnología de la Universidad de Barcelona, se adelanta en el tiempo, y en la necesidad: «Hoy —dice en su último libro—, la vocación de pensar es a la vez una urgencia».

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UB / Director de APORIA, Grupo de Investigación de Filosofía Contemporánea, Ética y Política, Esquirol es autor de varias publicaciones en el ámbito de la filosofía política: D’Europa als homes (1992), Tres ensayos de filosofía política (1996), La frivolidad política del final de la historia (1998) y Què és el personalisme? (2001).

También ha escrito sobre filósofos contemporáneos destacados, como Husserl, Heidegger, Lévinas, Arendt, Strauss, Ricoeur y Patočka. En el campo de lo que se ha denominado filosofía de la proximidad—línea de ensayo que comenzó con El respeto o la mirada atenta (2007) y El respirar de los días (2009)—, ahora publica La resistencia íntima (Quaderns Crema y Acantilado, marzo de 2015), una reflexión de lectura cómoda —que no significa fácil— sobre la cotidianidad y la condición humana.

Dice usted: «La gente sencilla lo ha sabido siempre: vale la pena resistir. La reflexión filosófica llega tarde, pero llega». ¿Había que romper el hielo hablando del tiempo (El respirar de los días) y de mirar con atención (El respeto o la mirada atenta), para llegar a la resistencia y la proximidad? ¿Cómo elige los conceptos que quiere tratar?

La filosofía de la proximidad, es para Esquirol un diálogo con buena parte de la filosofía contemporánea

Estos tres títulos forman parte de un mismo itinerario, de una línea de ensayo que se podría haber bautizado ya desde el comienzo como filosofía de la proximidad. Aunque esta denominación solo aparece en el título del último libro, ya iba con el tono y la intención de los anteriores acercarme a la experiencia. Más que elaborar una teoría abstracta y omniexplicativa, quería prestar atención a cosas que nos son muy cercanas y que, de alguna manera, forman nuestras experiencias más fundamentales. Creo que, precisamente por eso, las personas conectan con esta filosofía; aunque no es un discurso sencillo de divulgación sino, más bien, un diálogo con buena parte de la filosofía contemporánea. Y tampoco es aleccionamiento ni recetario. La atención es como el camino de acceso; y el tiempo y la resistencia son dos de las facetas más radicales de la condición humana.

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Josep Maria Esquirol, profesor del Departamento de Filosofía Teorética y Práctica y del máster de Bioética y Derecho: Problemas de Salud y Biotecnología de la UB.

Josep Maria Esquirol, profesor del Departamento de Filosofía Teorética y Práctica y del máster de Bioética y Derecho: Problemas de Salud y Biotecnología de la UB.

El libro carga con fuerza contra la actualidad, el equivalente al «hilo musical de los 70 y 80», un contínuum de información que nos desorienta, pero esta crítica resulta haber tenido buena respuesta mediática. ¿A qué cree que se debe?

Se debe a que hay personas que leen muy bien. Afortunadamente, hay personas que forman parte de los medios, que escriben, que hablan, que hacen entrevistas a medios, cuya voz y criterio pesa. Lo atribuyo a esto. Obviamente, los medios no han hecho censura; lo que, hoy, estaría totalmente fuera de lugar. El medio admite la crítica, y eso es bueno. Pero sí, ha habido una buena recepción, a pesar de la crítica a la actualidad. Ahora bien, el imperialismo de la actualidad es tan evidente que es muy difícil volverle la espalda.

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En el capítulo «No ceder al dogmatismo de la actualidad», dice: «Hay instituciones, como la Universidad, que, en lugar de permanecer en la inactualidad, se han rendido y se someten a la actualidad con solícita servidumbre» . ¿Cuál sería la resistencia íntima de la Universidad, cuál la proximidad que es necesario defender y cuáles los instrumentos para hacerlo?

La idea es la siguiente: hay cosas que nos desgastan, nos erosionan, nos empobrecen. Una de las formas de este empobrecimiento es la homogeneización. Cuando se produce una situación en la que ya todo es igual, nada vale la pena. Por eso hay que estar muy atento ante las tendencias que buscan la hegemonía o que van hacia ella. Cuando la Universidad ha sido más Universidad es cuando ha sabido mantener la diferencia; cuando no se ha querido fundir con el resto de la sociedad sino que se ha esforzado por mantener una diferencia provechosa para todos. La Universidad, para estar auténticamente al servicio de la sociedad, no debe adaptarse; sino que, por el contrario, no ha de ceder. Debe mantener la diferencia para contribuir, desde esta, a la transformación social, tensando e interpelando críticamente.

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¿Y cómo puede volver al refugio, recuperar la esencia? Sin que ello quiera decir volver la espalda a la sociedad; porque, imagino, lo uno no impide lo otro.

¡Claro! De hecho, para ser más rigurosos, no deberíamos hablar de la Universidad, por un lado, y de la sociedad, por el otro. La sociedad está formada por instituciones. Y cuando estas instituciones mantienen su singularidad, es cuando la sociedad es rica, y no banal y uniforme. La escuela, la Universidad, las instituciones de justicia, las instituciones políticas…, todas estas instituciones deben mantener su singularidad, su especificidad. Cuanto más la mantengan, más madura y sana será la sociedad que articulen entre todas ellas. Esto es lo que ahora no ocurre lo suficiente.

“Veo qué es lo que forma y qué es lo que más bien deforma”, critica el filósofo respecto a la homogeneidad en la Universidad

¿Y qué debe hacer la Universidad? Pues, ser más Universidad. ¿Adónde lleva tanta burocratización? ¿Y tanta metodología vacía? ¿Y tanta investigación de escaparate? ¿Y tanto cientificismo exportado inadecuadamente a todos los ámbitos del saber? ¿Y tanto descuido por la docencia? Perdemos calidad docente y calidad de estudio —y digo, específicamente, «estudio» por no hablar solo de «investigación»— precisamente porque establecen unos ítems que son homogéneos en todas partes y que parece que garantizarán la calidad universitaria y la cientificidad de todo. Creo que esto no funciona así; estoy convencido, porque hace muchos años que doy clases, porque la Universidad de Barcelona es mi casa —o mi segunda casa—, porque tengo muy buena relación con los alumnos y porque me dedico a formar gente. Y veo qué es lo que forma y qué es lo que más bien deforma.

 

¿Cómo deforman los que denomina sabelotodos o entendidos que abruman?

Me refiero a las tertulias donde se habla de todo sin saber prácticamente de nada; como en una especie de charla continua. En nuestra sociedad hay mucho apelmazamiento, poco silencio y poca reflexión. Escasean los momentos de maduración del criterio. Y en cambio, prevalece y domina la palabrería ininterrumpida y superficial —como no puede ser de otra forma, porque hablar continuamente lleva a la superficialidad, a la banalidad. Para acabarlo de arreglar, es decir, de desarreglar, los que hablan lo hacen como «expertos».

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El libro exalta la resistencia como fortaleza, el sentido cotidiano de la vida, el «ir haciendo» y la «parresia», un término especialmente bello, por lo que defiende y por aquello a lo que se opone: la retórica y la demagogia. Explíquelo un poco más.

Este término, que podemos traducir por ‘franqueza’, Foucault lo trabajó mucho en sus últimos años de vida. Después de haberse dedicado bastante tiempo a desarrollar un discurso crítico para denunciar estructuras de poder y de dominio que a menudo pasan desapercibidas, se centró, en los últimos cursos, en algunas de las prácticas que se desarrollaban en las escuelas helenísticas y en los primeros tiempos del cristianismo.

“Pensar de verdad, solo lo puedes hacer si eres franco contigo mismo, si no te engañas a ti mismo”

De la filosofía tenía prioridad la dimensión práctica, es decir, la orientación de la vida. Importaba cómo unos cuidaban a los otros, cómo los maestros podían guiar y ayudar a madurar a los alumnos. En aquel momento no era muy relevante escribir libros o hacer currículos largos; lo decisivo era la relación maestro-discípulo. Y Foucault se fija en un aspecto muy sencillo, pero al que ya en ese momento se le daba mucha centralidad: la franqueza. La condición que posibilita todo lo demás es que haya libertad de espíritu a la hora de relacionarte con el otro y que no actúes estratégicamente por intereses ajenos a la búsqueda de la verdad. Pensar de verdad, solo lo puedes hacer si eres franco contigo mismo, si no te engañas a ti mismo. Y solo puedes pensar con el otro, en diálogo, si hay franqueza.

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También en la Universidad, lo que hablábamos antes…

Por supuesto. Hay que enseñar y publicar aquello en lo que se está verdaderamente interesado. No me pregunto por lo que puede tener más éxito. Estoy muy contento de haber hecho algo que está teniendo eco social; pero este libro lo escribí porque tenía muchas ganas, porque era fruto de una larga trayectoria y porque, en él, soy yo mismo. Cuando explicas o escribes sobre lo que realmente te apasiona, la conexión está casi asegurada. Además, el verdadero interés por lo que se tiene entre manos, es la mejor forma de crear comunidad. La pasión se contagia, y se crea comunidad en torno a un interés compartido. También esto es la franqueza.

Deja claro en su libro que todo radica en «la manera de hacer las cosas». ¿Nos habla de valores y de principios?

Trato de huir de los consejos tópicos y de decir cómo se deben hacer las cosas. Ahora bien, compartir una reflexión lleva a comprender mejor las cosas; y de la comprensión deriva una actitud y una práctica. Cuando ves o entiendes las cosas de una determinada manera, actuarás consecuentemente con esa mirada o con esa comprensión. Yo focalizo en la primera parte y no en la segunda; pero, efectivamente, considero que la plenitud de todo el proceso se da en la acción.

También subraya que «es revelador que todos los poderes constituidos se inquietan por la presencia extraña que los desmonta sin violencia».

“Cuando hay algo valioso que no encaja en el sistema, el sistema se muestra intranquilo”

Cuando hay algo valioso que no encaja en el sistema, el sistema se muestra intranquilo. La posición diferente, que no es artificiosa sino convencida, hace que el conjunto se sienta incómodo. A veces hay situaciones que aun siendo marginales son fecundas, y esta fecundidad tiene que ver con la incomodidad que provocan en el sistema. Esto es la resistencia.

El resistente no es el que huye, no es el que abandona: es el que mantiene el tipo con la marginalidad que le es posible, y desde donde actúa. Pero he aquí que, desde esta marginalidad, sacude el sistema. Puede que no dispongas de lugares de poder, ni tengas en todo momento unos altavoces que intensifiquen tu voz; pero la coherencia, y la fidelidad a lo que crees, tienen aún más fuerza. Las fogonazos son fugaces, como los titulares de la sociedad de consumo. La marginalidad franca no busca el titular, sino seguir creyendo en lo que vale la pena y «aguantar el tipo».

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