Percival Lowell

Percival Lowell / Wikimedia

Tal día como hoy…  12 de noviembre de 1916 fallecía Percival Lowell

 

El 12 de noviembre de 1916 fallecía en Flagstaff (Arizona, EEUU), a los 62 años de edad, Percival Lowell. Fue un reconocido astrónomo, aunque más famoso por su mayor error que por sus trabajos como científico. Defendió ardorosamente la existencia y el origen artificial de los famosos «canales» que Giovanni Schiaparelli (1835-1910) había creído descubrir en la superficie de Marte.

Primer mapa de Marte

 

CV / Lowell es, en este sentido, un claro ejemplo de cómo elementos extracientíficos, por no decir claramente fantasiosos, pueden influir en producciones científicas. Había nacido en 1855 en Boston, en una familia adinerada. Un hermano suyo, Abbot Lawrence, llegó a decano de la Universidad de Harvard, y su hermana Amy fue una destacada poetisa y crítica literaria. Él mismo se había graduado en Matemáticas por Harvard 1876), tras lo cual emprendió un largo viaje por Extremo Oriente, al final del cual decidió dedicarse por completo a la astronomía. Fundó su propio observatorio, el Observatorio Lowell, que sigue existiendo en la actualidad, y fue, hasta 1902, profesor del MIT -Instituto de Tecnología de Massachusetts-.

Fundó su propio observatorio, el Observatorio Lowell, que sigue existiendo en la actualidad, y fue, hasta 1902, profesor del MIT

En 1877, el astrónomo italiano Giovanni Schiaparelli anunció que había descubierto durante sus observaciones telescópica del planeta Marte durante la «gran oposición», la existencia de unos misteriosos «canali» que circundaban su superficie desde los polos, a la manera de meridianos, y otros también paralelos al ecuador. Schiaparelli anunció también que había realizado toda una topografía de Marte.

Lowell se entusiasmó con el «descubrimiento», hizo suya la tesis, y puso manos a la obra para desarrollarla por su cuenta. Obviamente, tales simetrías en los canales solo podía obedecer al hecho de que eran artificiales, y si eran artificiales alguien tenía que haberlos construido ¿Quién? Pues a Lowell le pareció obvio: una superraza de marcianos, que los habría construido para llevar el agua de los casquetes polares. Y la especulación fantasiosa siguió retroalimentándose. Como no había trazas de esta civilización más allá de los supuestos canales, se imaginó que por alguna razón la civilización marciana se había extinguido, o que acaso los supervivientes seguían ocultos… Publicó tres libros sobre el tema: ‘Mars‘ (1895), ‘Mars and its Canals’ (1906) y ‘Mars as the Abode of Life’ (1908).

Sus entusiasmadas hipótesis desplegaron todo un imaginario marciano que suscitó perplejidad en la comunidad científica

Sus entusiasmadas hipótesis desplegaron todo un imaginario marciano que suscitó perplejidad en la comunidad científica, máxime cuando se comprobó la denominación «canales» no solo había sido un error de la traducción al inglés de italiano «canali», que Lowell entendió como «canals» -vías artificiales- en lugar de «channels» -naturales, como el canal de la Mancha, por ejemplo-, y que Chiaparelli podía haberse referido a «surcos», sino que se había tratado de un error de observación: no había sobre la superficie de Marte tales canales, ni como «canals», ni como «channels» ni como nada de nada. Pero Lowell no cejó, y se mantuvo contumazmente en sus tesis, perdiendo todo el prestigio académico de que había gozado, y que ni el posterior reconocimiento de su error le permitió recuperar del todo.

Aun así, la obra de Lowell tuvo dos secuelas, una científica y otra literaria, ambas de más alcance de lo que se suele pensar. Otra de sus inquietudes fue la búsqueda del planeta X, que estaría en el sistema solar más allá de la órbita de Neptuno. En 1930, Clyde W. Tombaugh (1906-1997) descubrió, desde el Observatorio Lowell, dicho  planeta, que acabó siendo denominado Plutón; cuyas siglas, por cierto, son PL, es decir, Percival Lowell.

La obra de Lowell tuvo dos secuelas, una científica y otra literaria, ambas de más alcance de lo que se suele pensar

En el plano literario, el mundo marciano sugerido por Lowell suscitó el escritor Edgar Rice Burroughs -creador del personaje de Tarzán- la serie de novelas de John Carter, con su hermosa novia marciana Deja Thoris. La primera novela de este ciclo fue ‘Una Princesa en Marte’ (1917). Tuvo tal éxito en los EEUU, que en los siguientes años escribió diez secuelas.

Las novelas del ciclo marciano de John Carter son literariamente prescindibles -muy prescindibles-, pero hay en ellas algo que merece la pena contar. El imaginario marciano creado por Burroughs creó su propio mundo. Un mundo que, no solo en sus escenarios, sino también con una clara simioitud terminológica, recuerda claramente a los que muchos años después nos encontraremos en la saga de Star Wars; «Jedi», sin ir más lejos…

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