Personas sensibles a conservar el medioambiente

En la imagen, el investigador de la UPV/EHU, David Hoyos

La disposición a pagar por mejoras ambientales es mayor en mujeres y en personas con hijos

.

Investigadores de la UPV/EHU han incorporado una escala psicológica a sus estudios de valoración económica de recursos naturales. Analizando las características sociodemográficas de estas personas, se ha llegado a la conclusión de que la disposición a pagar es mayor en mujeres que en hombres; es mayor en personas con hijos, con respecto a las que no tienen hijos; y es mayor cuanto más aficionada sea la persona a tener contacto con la naturaleza.

.

UPV/EHU – A la hora de tomar decisiones públicas con implicaciones en el medio natural, es importante tener en cuenta las preferencias poblacionales. Para ello, una de las metodologías que más se está expandiendo a nivel mundial en los últimos años son los llamados experimentos de elección discreta. Se trata de utilizar el análisis económico para obtener una valoración monetaria de las preferencias de las personas sobre el estado del medio ambiente. Sin embargo, los doctores David Hoyos y Petr Mariel, de la UPV/EHU, han incorporado a ese análisis información recogida en una escala utilizada en psicología sobre las actitudes ambientales de las personas encuestadas. De esta manera, han podido relacionar las características sociodemográficas de las personas con sus preferencias medioambientales.

La valoración económica de recursos naturales persigue expresar en términos monetarios el valor que tienen los bienes y servicios que proporciona el medioambiente. Los economistas utilizan, para ello, experimentos de elección discreta, en los que las personas encuestadas deben elegir, entre una serie de opciones, aquella que maximiza su bienestar. Cada alternativa propuesta en la encuesta tiene asociado un coste, con lo cual se puede traducir a términos monetarios las preferencias de los encuestados.

Los agentes políticos obtienen una valiosa información cualitativa y cuantitativa sobre qué y cuánto demanda la ciudadanía

Básicamente, se trata de medir el bienestar social asociado a un determinado cambio medioambiental, en euros. Todo ello es de gran utilidad en el ámbito de las elecciones sociales, porque los agentes políticos obtienen una valiosa información cualitativa y cuantitativa sobre qué y cuánto demanda la ciudadanía. Dado que, además, se obtienen dichas preferencias en términos monetarios, esta información puede ser incorporada a un análisis económico estándar de “coste-beneficio”. Es decir, se puede comparar en la misma unidad de medida, en dinero, qué coste y qué beneficio tiene para la sociedad una política ambiental.

Los doctores David Hoyos y Petr Mariel, del Departamento de Economía Aplicada III de la UPV/EHU, han utilizado este modelo en varios emplazamientos. Uno de los emplazamientos analizados es el área protegida Garate-Santa Barbara, situado entre Zarautz y Getaria. En el estudio realizado en esa área, se propuso a los encuestados elegir entre la recuperación de bosque autóctono y la expansión de viñedos en la zona, para medir el impacto en el bienestar que tienen para las personas estos diferentes usos del suelo. Es decir, se dieron a elegir, en ese caso, la promoción de valores ecológicos frente a la promoción de usos más comerciales del suelo. Basándose en las respuestas dadas por los encuestados, concluyeron que “la promoción de valores ecológicos del área suponía un beneficio social estimado entre 57 y 265 millones de euros anuales”, ha explicado Hoyos. Además, en el estudio se pudo observar que se obtenía un mayor beneficio social cuando se promocionaban valores ecológicos sobre las explotaciones comerciales.

.

Mujeres, personas con hijos y amantes de la montaña

Ahondando en los resultados de ese estudio, los investigadores han querido ir más allá. Una vez valoradas económicamente las preferencias que tienen las personas, han estudiado qué influencia tienen las actitudes ambientales de aquellas personas a la hora de reflejar sus preferencias. Es decir, han tratado de explicar por qué la disposición a pagar por mejoras ambientales es diferente en unos individuos y otros. Con tal propósito, han incorporado en el modelo anterior información actitudinal ambiental sobre las personas encuestadas (en relación, por ejemplo, al reciclaje, a la afición por la naturaleza…), con el fin de entender más detalladamente por qué eligen unas opciones u otras. Se ha utilizado información recogida en una escala empleada en psicología, sobre las actitudes ambientales de las personas encuestadas, para clasificar a los individuos.

Ser mujer, tener hijos o el contacto con la naturaleza predispone a una mejor disposición medioambiental

Como conclusión, cabe destacar que la disposición a pagar por mejoras ambientales es mayor en aquellas personas que consideran necesario tomar acciones para conservar el medioambiente. Pero, analizando las características sociodemográficas de estas personas, se ha llegado a la conclusión de que la disposición a pagar es mayor en mujeres que en hombres; es mayor en personas con hijos, con respecto a las que no tienen hijos; y es mayor cuanto más aficionada sea la persona a tener contacto con la naturaleza.

Gracias a esta nueva aplicación, además de gestionar un espacio natural teniendo en cuenta las preferencias de la gente, se pueden diseñar políticas públicas más eficientes, ya que, según explica Hoyos, “las instituciones públicas tienen información más detallada de cómo se reparten entre la población esas preferencias”. Además, una vez que se caracteriza a la población, se pueden diseñar políticas ambientales más específicas. “Por ejemplo —explica—, podemos entender que el perfil de hombre sin hijos no montañero es un perfil social que necesita una sensibilización más específica”.

Dejar comentario

Deja tu comentario
Pon tu nombre aquí