Imágenes: Cartel de la conferencia / Un momento del coloquio / Entrada de Auschwitz / Wikipedia

¿La razón puesta a disposición de la barbarie?

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Ayer, 24 de marzo, tuvo lugar en la Universidad de Barcelona la interesante conferencia-coloquio «Poesía después de Auschwitz/Poesía sobre Auschwitz», a cargo del catedrático de instituto, filósofo y poeta J. Jorge Sánchez, autor del libro de poemas «Del Tercer Reich». El acto fue presentado por el profesor de Filología Alemana de la UB, Xavier Jové.

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Xavier Massó /x.masso@catalunyavanguardista.com

CV / La conferencia empezó pivotando sobre la conocida aserción/pregunta de T. Adorno que daba título a la ponencia, para adentrarse después en los con demasiada frecuencia elusivos temas del holocausto, del nazismo y del estigma que supone en el contexto de la cultura occidental en su conjunto y en esa dialéctica cultura/barbarie que se desprende de ella al verse cara a cara con su lado más oscuro y siniestro.

Profundo conocedor del tema, J. Jorge Sánchez empezó con una pregunta en doble dirección ¿Por qué «Poesía» y no, por ejemplo, «Filosofía», «Ciencia», «Tecnología» o hasta «Cine» o «Arquitectura»? y su inevitable correlato “¿Por qué Auschwitz y no Treblinka, Dachau, Mauthausen o Janosevac?

Sin duda para Adorno «Poesía» funciona aquí como un caso particular del género «Cultura». Tras lo sucedido, la actividad artística sería una inmoralidad, o mejor, una «imposibilidad». Y ello acaso también porque atendiendo al papel del fragmento en la dialéctica cultura/barbarie, estaríamos ante un estado de la cultura occidental que se remontaría hasta la Ilustración, cuyo progresivo y abusivo predominio de la razón instrumental, lejos de cumplir sus promesas redentoras, habría acabado extendiéndose hasta el dominio social y desembocado en el aniquilamiento físico de los individuos convertidos en simples cosas.

Auschwitz sería la némesis adonde nos habría llevado la propia dinámica de la Ilustración

Según esto, Auschwitz sería la némesis adonde nos habría llevado la propia dinámica de la Ilustración. Una tesis ciertamente bastante extendida, que algunos entienden que el mismísimo Diderot prefigura en su obra maldita «Le Neveu de Rameau», o que lleva a afirmaciones como la de Bertrand Russell cuando, en su «Historia de la Filosofía Occidental», considera que la Ilustración derivó en dos revoluciones, la «racionalista» y la «romántica». La «racionalista» nos llevaría de Voltaire a Hegel y a Marx, y de este al Gulag; la «romántica», a su vez, transcurriría de Rousseau a Lord Byron, de ahí hasta Nietzsche y el holocausto.

Una manera sin duda algo frívola de despachar el tema, pero creo que el excurso está justificado en la medida que nos ayuda a entender los derroteros por donde se adentrará J. Jorge Sánchez, y que viene en su ayuda cuando se propone refutar esta asociación como un resultado «lógico» de la propia evolución de la cultura occidental o del espíritu ilustrado. Y ello nos lleva a la segunda pregunta: ¿Por qué Auschwitz?

Porque Auschwitz representa el paradigma de todo aquello que permite acogerse al planteamiento de cuantos quieren pasar cuentas con la Ilustración, así como con sus inmediatos precedentes intelectuales, el Racionalismo y la Revolución Científica; desde Descartes o Spinoza, hasta Newton, Leibniz, Voltaire o el mismísimo Kant. Un ajuste de cuentas, en definitiva, con la tradición cultural occidental.

Auschwitz es y representa, en este sentido, como expuso soberbiamente J. Jorge Sánchez, el cálculo frío, desapasionado, industrial y burocrático del exterminio; la razón puesta a disposición de la barbarie. Algo que el «burócrata» Eichmann representa también en su versión más anodina en la obra de Hanna Arent “Eichmann en Jerusalén”. Y esto nos llevaría irremisiblemente a la fatal conclusión: la razón crea monstruos. Sí, muy bien, tal vez ¿Pero y la sinrazón? Una pregunta implícita que J. Jorge Sánchez desarrolló cuestionándose si al abordar el genocidio y el nazismo, nos las estamos habiendo con la razón instrumental ilustrada resolviéndose en una más de sus fases o si, simplemente, nos las estamos teniendo con la sinrazón, con el salvajismo y la barbarie.

Una abuela y nietos marchan hacia la cámara de gas, durante la llegada de los judíos húngaros al campo de Auschwitz, entre mayo y junio de 1944 / Wikipedia

Una abuela y nietos marchan hacia la cámara de gas, durante la llegada de los judíos húngaros al campo de Auschwitz, entre mayo y junio de 1944 / Wikipedia

La estigmatización y elevación de Auschwitz a la categoría de paradigma, de sinécdoque en palabras del conferenciante, va acompañada de un descubrimiento que azora y  sume en la perplejidad: los nazis eran cultos, leídos e ilustrados. ¿Pero fue realmente así o nos hallamos ante un constructo ideado para pasar cuentas con la Ilustración y «colectivizar así la culpa?

Porque el genocidio desapasionado, burocrático e industrial que arroja esta sinécdoque es manifiestamente falaz y da una imagen del nazismo que no se corresponde objetivamente con la brutalidad, la crueldad y el salvajismo que imperó entre los Einsatzgruppen o en el resto de campos de exterminio, ora sistematizados, ora improvisados.

J. Jorge Sánchez desenmascara la sinécdoque poniendo de manifiesto que lo de Auschwitz, si fue así, fue una excepción. En el resto de campos o escenarios de exterminio no imperaba la fría y calculadora razón instrumental ni la burocracia, sino el más aterrador de los salvajismos, como se demuestra a partir de las descripciones que supervivientes, tanto víctimas como verdugos, dan de ello. Especial énfasis le merece al conferenciante el campo de Janosevac, regentado por los fascistas croatas, donde se llegaron a realizar concursos para determinar qué ustacha era capaz de asesinar más serbios en un día, degollándolos con un cuchillo que llamaban srbossjec, literalmente, cortaserbios.

Una de las imágenes de Jasenovac que dio la vuelta al mundo: soldados ustashi cortando con un serrucho la cabeza de un prisionero / Wikipedia

Una de las imágenes de Jasenovac que dio la vuelta al mundo: soldados ustashi cortando con un serrucho la cabeza de un prisionero / Wikipedia

Pero Janosevac no sirve como sinécdoque para según qué fines. Porque la motivación no era nada fría ni calculadora, sino ejercida con la más atroz de las crueldades, y porque fue llevada a cabo por colaboracionistas, no directamente por alemanes. Pero tampoco sirven el resto de la mayoría de los 1639 campos alemanes censados según la página web del Ministerio de Justicia alemán, porque allí los alemanes se comportaban como los croatas en Janosevac, o como los colaboracionistas húngaros, lituanos o ucranianos. De no ser por lo escabroso del tema, y del cinismo que se desprendería de ello, hasta alguno podría decir que las víctimas de Auschwitz fueron «afortunadas» en comparación con las del resto de campos.

Y con estos mimbres no se podía forjar el constructo que cuajó en el imaginario colectivo, en la afortunada expresión de J. Jorge Sánchez: el «pornonazi» emblematizado en el cine de los setenta, por ejemplo, como «Salón Kitty» o «Portero de Noche», incorporándole al frío, calculador y culto asesino, las connotaciones de icono sexual inherentes al caso, cuya fría depravación no es sino el resultado de la amoralidad propia del nihilismo intelectual consciente de su condición de superhombre. En definitiva, la imagen del nazi como un nihilista culto más allá del bien y del mal.

Al final, pues, se trataría una sinécdoque que dio pie a un constructo ad hoc que arraigó en el imaginario colectivo, al cual J. Jorge Sanchez desenmascara como la ficción que es. No es a la Ilustración que el nazismo nos remite. Más bien todo lo contrario: el nazismo nos remite al salvajismo, a la barbarie de la sinrazón. Fue un asalto a la razón en toda regla, parafraseando el título de Luckács; acaso la única cita que eché en falta, de entre las muchas y plenamente fundamentadas que se aportaron a lo largo de la conferencia, pero cuyo espíritu, si no me equivoco, estuvo presente en todo momento en ella.

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