Poner la firma antes de tener algo que decir

Fotografía: Esteban Cobo/UIMP

“La sociedad parece que quiere empezar por el aplauso, en vez de por el trabajo”

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Aunque el Quijote sea el máximo exponente de la literatura española, son muchos los españoles que no han sido capaces de leerlo, en ocasiones porque no entienden bien el castellano de Miguel de Cervantes. “Para algunas personas la experiencia de leer el Quijote es traumática, porque aunque muchas palabras y expresiones se comprenden bien, otras necesitan esfuerzo y notas específicas para conocer el sentido de lo que se quiere decir”, ha asegurado el escritor Andrés Trapiello, que participa en los Martes Literarios, la tribuna organizada por la Universidad Internacional Menéndez en Pelayo (UIMP) en colaboración con El Diario Montañés.

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UIMP / Por eso, el Premio de la Crítica 1993 y Premio Nadal 2003, entre otros, ha adaptado el texto íntegro de uno de los mayores hitos de la literatura universal al castellano moderno: “Tenía la necesidad de devolver el Quijote a una lengua hablada por millones de lectores a los que difícilmente se les podría exigir que leyeran en una lengua que difícilmente entienden”, ha explicado el escritor experto en Cervantes.

Para atreverse con el clásico por antonomasia de la literatura española, lo más imprescindible es conocer la lengua: “Si uno se enfrenta a Homero, por ejemplo, tendrá que conocer el griego”, ha manifestado. Aunque el conocimiento del lenguaje le parezca imprescindible, también ha considerado muy importantes otros requisitos, como conocer bien el país en el que nació o el momento histórico que representa.

“Se hace más hincapié en la difusión que en el estudio o meditación”, ha añadido Trapiello

El autor de Salón de pasos perdidos o Los amigos del crimen perfecto ha dejado claro que la adaptación no está pensada para los jóvenes, sino “para todo tipo de edades”, aunque ha reconocido que a estos “la sociedad se encarga de distraerlos con otras muchas cosas”. En su opinión, para la lectura, como para cualquier tipo de hábito, “se necesita cierta disciplina”, y en eso entra en juego la labor educativa, ya que “llegará un momento en el que, si no se inculca la lectura desde niños, se leerá muy poco”, ha advertido.

Quizás una de las distracciones a las que hace referencia Trapiello sean las redes sociales: “Entiendo que haya gente que las utilice para darse a conocer, pero en ocasiones se parecen a los grafiteros, que antes de tener algo que decir, ponen su firma”, ha destacado. “Se hace más hincapié en la difusión que en el estudio o meditación”, ha añadido. Otro tema que tiene que ver con la firma es la autoedición, uno de los temas que más polémica despierta en el sector literario y en el que el escritor leonés se apoyó en sus primeros años, igual que reconocidos escritores como Juan Ramón Jiménez: “El problema es que la publicación es la consecuencia de un proceso en el que primero está haber leído, corregido o editado, y, en cambio, la sociedad parece que quiere empezar por el aplauso, antes que por el trabajo”, ha apuntado.

Por último, se ha referido a la situación que vive la cultura en los últimos años en los que la subida del IVA, entre otras cosas, ha sido la protagonista. Así, ha considerado importante “convencer a los políticos de que no se trata solamente de una rentabilidad traducida en beneficios”. Además, ha sostenido que “en muchas ocasiones los que más atentados comenten contra la cultura son los que más deberían defenderla”, y ha destacado su función imprescindible “para avanzar en las grandes incógnitas que preocupan al ser humano desde hace tres millones de años: el amor, el miedo y la muerte”.

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