¿Por qué se caen las hojas en otoño?

Hacen lo que consideran más inteligente: se caen, pero antes de que se produzca la caída reciclan todos los nutrientes que las hojas han acumulado durante la etapa favorable

La caída de la hoja es un sistema de protección y ahorro que tienen los árboles de hoja caduca

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El otoño: cambios de luz, cambios de colores. Los árboles de hoja caduca se despojan de su follaje para recibir al invierno y se muestran desnudos. Pero no lo hacen por estética, lo hacen por seguridad y como modo de ahorro. El profesor de Fisiología Vegetal, Alfredo Guéra, explica en la entrevista cómo se produce este proceso y por qué.

Los árboles de hoja caduca se despojan de su follaje para recibir al invierno y se muestran desnudos
Los árboles de hoja caduca se despojan de su follaje para recibir al invierno y se muestran desnudos

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Fuente: Universidad de Alcalá

Profesor, ¿por qué se caen las hojas en el otoño?

Alfredo Guéra
Alfredo Guéra

La principal función de las hojas de los árboles es realizar la fotosíntesis, con la que ‘fabrican’ las moléculas que les permiten llevar a cabo sus funciones vitales. Para ello acumulan grandes cantidades de clorofila, el pigmento que les da el color verde. La caída de la hoja es un sistema de protección y ahorro que tienen los árboles de hoja caduca. En el otoño bajan las horas de luz, la radiación solar pierde fuerza, bajan las temperaturas y deja de producirse la fotosíntesis. Las hojas ya no son un órgano rentable –los gastos energéticos que requiere su mantenimiento son superiores a la productividad de las mismas- y, además, sus componentes, como la clorofila, en estas condiciones de luz y temperatura pueden provocar estrés oxidativo al conjunto de la planta. Por tanto, hacen lo que consideran más inteligente: se caen, pero antes de que se produzca la caída reciclan todos los nutrientes que las hojas han acumulado durante la etapa favorable, para que el árbol los pueda utilizar de nuevo cuando llegue la estación propicia.

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Antes de que las hojas caigan, movidas por el viento, se produce todo un espectáculo de color…

Lo que usted llama ‘espectáculo de color’ no es ningún capricho de los árboles. La mayoría de las hojas son de color verde por la presencia de la clorofila. Cuando las hojas empiezan a oxidarse, a ‘entregar’ sus nutrientes a la planta, a ‘envejecer’, las clorofilas se degradan y otros pigmentos, amarillos o anaranjados, que siempre han estado ahí, se dejan ver.
Otras adquieren tonos púrpura y rojizos como sistema de protección, son filtros solares que se ponen para defenderse de los cambios de temperatura y luz mientras que envejecen.

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¿Y qué pasa con los árboles de hoja perenne, por qué no llevan a cabo este proceso?

Los árboles de hoja perenne han desarrollado otro tipo de estrategias que están relacionadas con la falta de agua en zonas secas o con los suelos escasos en nutrientes

Simplemente porque han desarrollado otro tipo de estrategias que están relacionadas con la falta de agua en zonas secas o con los suelos escasos en nutrientes en zonas montañosas o frías donde abundan los bosques de coníferas. En este caso, se mantienen las estructuras de las hojas, pero se para la fotosíntesis durante el invierno, cuando las plantas están expuestas a bajas temperaturas y, en altura, a periodos de alta radiación solar.

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¿El cambio climático puede afectar a todos estos procesos?

Eso es muy difícil de aventurar, pero las plantas llevan miles de años enfrentándose a los envites del clima sin moverse del sitio y se han ido adaptando, generando sistemas de control, de alerta, y generalmente por duplicado. Las transiciones entre los otoños y las primaveras cada vez son más reducidas, pero para eso están los mecanismos de control: por ejemplo, en lo que respecta a la caída de las hojas, el control inducido por la duración de la iluminación (noches cortas y días largos o a la inversa) y el control inducido por la temperatura. Las situaciones más peligrosas son los cambios bruscos de temperatura y los periodos prolongados de sequía. El resultado es frecuentemente un ‘desarrollo acelerado o prematuro’, con un almacenaje menor de nutrientes del que fuera deseable y, como consecuencia, una menor calidad y cantidad de semillas y frutos.

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