Primera conversación telefónica transcontinental

Alexander Graham Bell (1847-1922) ha sido considerado el inventor del teléfono durante muchos años

Tal día como hoy… 25 de enero de 1915 tuvo lugar la primera conversación telefónica a casi 6.000 km

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El 25 de enero de 1915, tenía lugar la primera conversación telefónica transcontinental entre Alexander Graham Bell y su colaborador Thomas Watson. El primero se encontraba en Nueva York y el segundo en San Francisco. Sus respectivas terminales estaban conectadas por un cable de 3.400 millas terrestres norteamericanas –unos 5.950 km.-.

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Elisha Gray, que había sido un colaborador ocasional de Bell y de Edison, le acusó de haber copiado su transmisor líquido para construir su propio teléfono

CV / Era la culminación de una carrera iniciada 39 años antes, el 13 de marzo de 1876, cuando ambos se habían comunicado desde habitaciones contiguas con la famosa frase de Bell: “Sr. Watson, venga, quiero verle”. Una carrera no exenta de polémica y salpicada de pleitos judiciales por la patente del invento.

Alexander Graham Bell (1847-1922) ha sido considerado el inventor del teléfono durante muchos años. Registró el teléfono en la Oficina de Patentes y Marcas de los EEUU y fundó la Bell Telephone Company para comercializarlo. Hacia 1886 había ya en los EEUU unos 150.000 teléfonos, pero con un rango de alcance limitado a las llamadas locales. En 1879, Bell compró a la Western Union la patente del micrófono de carbón, cuya aplicación permitió la comunicación telefónica a largas distancias, siendo la primera la que hoy conmemoramos. Digamos también que la invención de dicho micrófono había sido a su vez objeto de disputa entre Thomas Alva Edison y Emile Berliner.

Entre las numerosas reclamaciones que le disputaron a Bell la invención del teléfono y el disfrute de la patente con que se enriqueció -con probables repliegues nada honorables involucrados- destacan la de Elisha Gray y la de Antonio Meucci.

Elisha Gray (1835-1901), que había sido un colaborador ocasional de Bell y de Edison, le acusó de haber copiado su transmisor líquido para construir su propio teléfono. La justicia dio la razón a Bell, pero las sospechas persistieron. Cabe decir que si bien es cierto que el primer teléfono experimental de Bell funcionaba con un transmisor de agua, también lo es que el modelo que comercializó lo hacía por la transmisión electromagnética.

Un caso muy distinto es el de Antonio Meucci, ingeniero italiano inmigrado a los Estados Unidos, que reclamó la prioridad del invento. Murió en la miseria, amargado y olvidado

Un caso muy distinto es el de Antonio Meucci (1808-1889), ingeniero italiano inmigrado a los Estados Unidos, que reclamó la prioridad del invento. Meucci afirmaba haber construido el primer «teletréfono» -así llamado entonces- en Italia en 1834. Ya en los EEUU, había realizado la primera prueba pública transmitiendo la voz de un cantante, hecho del cual la prensa de Nueva York se había hecho eco. Acuciado por problemas económicos, no pudo registrar la patente, limitándose a un «preaviso». Debido a una enfermedad posterior y carente de recursos para afrontar el tratamiento, empeñó sus diseños a un prestamista que, cuando Meucci acudió a recobrar, le espetó que los había vendido a un joven, sin más explicaciones. A su vez, Meucci había estado trabajando para la Western Union y alegó que sus modelos debían seguir en sus laboratorios, a lo que la empresa adujo que se habían extraviado. Curiosamente, eran los mismos laboratorios donde trabajó también Bell un tiempo después.

Incapaz de aportar pruebas materiales de su invención, los tribunales dieron la razón a Bell. Todo ello a pesar de que a lo largo del proceso surgieron claras evidencias de irregularidades y prevaricación, incluido el propio abogado de Meucci, que al parecer fue sobornado por propio Bell. Meucci murió en la miseria, amargado y olvidado.

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Justicia póstuma

Ello no obstante, al final se hizo justicia, aunque fuera póstuma. El 11 de junio de 2002, el Boletín Oficial de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos declaraba a Meucci inventor del teléfono, por sus acreditados experimentos realizados en 1860.

El 11 de junio de 2002, el Boletín Oficial de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos declaraba a Meucci inventor del teléfono, por sus acreditados experimentos realizados en 1860

En cualquier caso, a partir de la primera comunicación transcontinental la generalización del teléfono devino un fenómeno imparable que llega hasta nuestros modernos móviles de hoy, con respecto a los cuales hemos establecido una relación de dependencia cuasi absoluta. Algo que, en su momento, ya se dijo de los primeros teléfonos. Y para muestra, un botón.

Un rico ciudadano parisiense acababa de instalar en su casa uno de los primeros teléfonos de París y quiso impresionar con él al pintor Degas, del cual era admirador. Le invitó y concertó previamente que se le llamara mientras estuvieran reunidos. Sonó un timbre y el anfitrión se levantó, ausentándose unos minutos. Cuando regresó le dijo a Degas en tono ufano: “Es este nuevo invento del teléfono, ¿sabe?, es que yo tengo uno”. La reacción de Degas no se hizo esperar: “¿Así que en esto consiste el teléfono? Suena una campana y usted va y acude”.

Se refería, claro, a la campanilla que se utilizaba para reclamar la presencia de los criados cuando se les requería.

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