Primera evidencia de la enigmática ballena asesina

Un grupo de ballenas asesinas tipo D en las islas Georgias del Sur/J.-P. Sylvestre.

Tras años de indicios, historias de pescadores, fotografías de turistas y un episodio de varamiento hace 60 años, un equipo internacional ha certificado la existencia de las ballenas tipo D.

 

DICYT – En enero de 2019, un equipo internacional de científicos que trabajaba al sur de Chile, en el cabo de Hornos, observó por primera vez lo que parece ser una nueva especie de ballena asesina. Las llamadas tipo D, solo se conocían a través de historias de pescadores, fotografías turísticas y por un episodio de varamiento hace ya más de 60 años.

Las muestras genéticas que el equipo recolectó ayudarán a determinar si este animal, con un color y forma corporal marcadamente diferente, es realmente nuevo para la ciencia

Las muestras genéticas que el equipo recolectó ayudarán a determinar si este animal, con un color y forma corporal marcadamente diferente, es realmente nuevo para la ciencia. “Estamos entusiasmados con los análisis genéticos que se avecinan. Las ballenas asesinas tipo D podrían ser el animal no descrito más grande que queda en el planeta y una clara muestra de lo poco que sabemos sobre la vida en nuestros océanos”, afirma Bob Pitman, investigador de NOAA Fisheries – Centro de Ciencia Pesquera del Suroeste en La Jolla, California.

Los científicos recolectaron tres muestras de biopsia de las ballenas -pequeños trozos de piel inofensivamente tomados- mediante un dardo para ballesta. Desentrañar los secretos de estas ballenas asesinas se ha trasladado ahora desde el ventoso Océano Austral al laboratorio, donde los científicos de NOAA Fisheries analizarán el ADN de las muestras de piel. “Estas muestras tienen la clave para determinar si esta ballena asesina representa una especie distinta”, subraya Pitman.

El primer registro de estas inusuales ballenas se produjo en 1955, cuando 17 animales quedaron varados en la costa de Paraparaumu, Nueva Zelanda

El primer registro de estas inusuales ballenas se produjo en 1955, cuando 17 animales quedaron varados en la costa de Paraparaumu, Nueva Zelanda. En comparación con otras ballenas asesinas, tenían cabezas más redondeadas, una aleta dorsal más estrecha y más puntiaguda y un parche blanco pequeño. Una ballena nunca antes descrita.

Inicialmente, los científicos especularon con una aberración genética solo vista en este grupo. Luego, en 2005, un científico francés mostró fotografías a Pitman de ballenas asesinas de aspecto extraño que habían capturado pescadores.

El creciente turismo en la Antártida ha producido fotografías de vida silvestre en una cantidad y calidad sin precedentes. Para monitorear la distribución, los movimientos y la abundancia de ballenas asesinas en aguas antárticas, Pitman y sus colegas comenzaron a recopilar imágenes de ballenas asesinas tomadas en el Océano Austral, incluso en barcos turísticos.

En la parte superior, una ballena asesina normal. Abajo, una ballena asesina tipo D/Uko Gorter.

Entre las decenas de miles de imágenes compiladas se encuentran seis avistamientos adicionales. En 2010, los investigadores publicaron un artículo en la revista científica ‘Polar Biology’ que describía las ballenas asesinas tipo D, con fotos de cada avistamiento y un mapa de los lugares.

Debido a que las ballenas asesinas tipo D parecían evitar las aguas más frías, los autores sugirieron el nombre común de “ballena asesina subantártica”. También fue evidente, por los pocos registros de avistamiento, que este animal vivía en algunas de las latitudes más inhóspitas del planeta.

Las historias continuaron: los pescadores chilenos se quejaron de que las ballenas asesinas les despojaban de peces a 60-80 millas al sur de Cabo de Hornos, donde la plataforma continental cae al abismo. Basados en fotografías de los pescadores, observaron que la mayoría de las ballenas asesinas eran “normales” pero, entre las imágenes, también había algunos grupos de ballenas tipo D.

Los pescadores informaron de que las distintas ballenas no se mezclaron y que las tipo D se mantuvieron más alejadas de los botes cuando había ballenas asesinas normales.

Los pescadores informaron de que las distintas ballenas no se mezclaron y que las tipo D se mantuvieron más alejadas de los botes cuando había ballenas asesinas normales

Este año, las historias y fotografías finalmente se hicieron realidad. Con el apoyo de un donante anónimo y Cookson Adventure Tours, y en colaboración con el Centro de Conservación Cetácea (Chile), Pitman reunió una expedición de expertos internacionales en ballenas: el propio Bob Pitman y Lisa Ballance de los Estados Unidos, John Totterdell y Rebecca Wellard de Australia, Jared Torres de Canadá, y Mariano Sironi de Argentina. En enero, zarparon de Ushuaia, Argentina, en el barco de investigación Australis de 22 metros, para buscar la esquiva ballena asesina tipo D.

Al principio, la suerte no parecía favorecer al equipo; en un momento se quedaron anclados durante ocho días de ansiedad, golpeados por vientos de 40 a 60 nudos en el Cabo de Hornos. Luego, durante una breve pausa meteorológica, Australis regresó y finalmente encontró los animales que Pitman había buscado durante 14 años.

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