Principales desafíos para la inmunización global

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La aprobación de varias vacunas eficaces y seguras por parte de las autoridades sanitarias de diferentes países ha dado el pistoletazo de salida a la inmunización global contra la COVID-19. Lamentablemente, la previsible brecha de acceso a las vacunas nos enfrenta a lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha descrito recientemente como un “catastrófico riesgo moral”.

 

ISGlobal / El desarrollo de estas vacunas, y de otras muchas que están por llegar, pulveriza todos los récords de la ciencia y muestran la luz al final del túnel de la pandemia. Pero incluso estos avances serán insuficientes en ausencia de una estrategia de inmunización que garantice una eventual inmunidad de grupo y permita el retorno a la normalidad.

Estos avances serán insuficientes en ausencia de una estrategia de inmunización que garantice una eventual inmunidad de grupo y permita el retorno a la normalidad

Lamentablemente, la previsible brecha de acceso a las vacunas nos enfrenta a lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha descrito recientemente como un “catastrófico riesgo moral”. Una carrera de competidores desiguales que amenaza un bien público global.

Este documento analiza la actualidad de algunos de los desafíos fundamentales para lograr este objetivo, enfatizando la seguridad y fiabilidad de las vacunas disponibles y la necesidad de superar para todos los países los obstáculos de producción, distribución y acceso. En muchos aspectos, el escenario que dejará la COVID-19 se verá influido por las decisiones que se tomen en los próximos meses con respecto a este asunto fundamental.

 

La ciencia ha cumplido. La cartera de vacunas aprobadas o en desarrollo es esperanzadora

Todas las vacunas que se están desarrollando utilizan una de estas cuatro estrategias:

Las vacunas clásicas:

  • Inoculan el virus entero inactivado
  • Inoculan proteínas virales

Las vacunas más innovadoras introducen una secuencia génica para que sea nuestro propio organismo el que sintetice la proteína viral en cuestión:

  • Introducen la secuencia génica directamente a la célula (vacunas a base de ARN mensajero o de ADN)
  • Introducen la secuencia génica mediante un vector viral inofensivo que infecta a nuestras células

La Unión Europea (UE) –así como la mayor parte de los países de altos ingresos y algunos otros– ya ha establecido una ambiciosa estrategia de inmunización que ha comenzado con la aprobación y distribución de las candidatas de Pfizer-BioNTechModerna. Pronto hará lo mismo con la vacuna de AstraZeneca/Oxford, basada en la tecnología de vector viral.

En otras regiones del mundo están empezando a ser distribuidas en este momento otras vacunas como las desarrolladas en Rusia (Gamaleya Institute) y China (Sinopharm). India ha aprobado el uso de emergencia de su vacuna Covaxin, aunque aún no han sido publicados los resultados de fase 3 sobre su eficacia y seguridad.

 

Podemos confiar en la seguridad y eficacia de las vacunas que están siendo utilizadas en España y el resto de la UE. ¿Y en las otras?

Las vacunas contra la COVID-19 se han podido desarrollar en un tiempo récord gracias a importantes avances tecnológicos y a la experiencia adquirida con los coronavirus SARS y MERS. Y todas las vacunas que obtengan regulación en la UE van a ser seguras, ya que previamente habrán completado las tres fases establecidas en los ensayos clínicos.

Con respecto a las vacunas basadas en ARN mensajero (las primeras en ser distribuidas en la UE), el hecho de que la tecnología sea nueva no quiere decir que sea desconocida. Aunque no se había aprobado antes para vacunas en humanos, es el resultado de más de una década de avances en el ámbito biomédico. Además, su seguridad se ha probado a lo largo de las tres fases de los ensayos clínicos.

La principal incógnita que queda por despejar es durante cuánto tiempo van a ofrecer protección estas vacunas.

¿Qué ocurre con las vacunas que están siendo distribuidas en otras regiones del mundo? Las dudas en cuanto a su eficacia quedarán despejadas en cuanto los detalles de los resultados finales sean comunicados y publicados.

 

Las vacunas no supondrán el fin de la COVID-19 (al menos por ahora)

En primer lugar, y pese a que varias de las vacunas más avanzadas han mostrado una efectividad superior al 90% en los ensayos clínicos, ninguna de ellas alcanza el 100% de efectividad. Es de esperar que haya un porcentaje de personas que enfermen de COVID-19 a pesar de estar vacunadas. Por este mismo motivo, tampoco se puede descartar que alguna persona vacunada llegue a morir como consecuencia del contagio y posterior desarrollo de la COVID-19.

Es de esperar que haya un porcentaje de personas que enfermen de COVID-19 a pesar de estar vacunadas. Tampoco se puede descartar que alguna persona vacunada llegue a morir como consecuencia del contagio

En segundo lugar, aún no se sabe si las vacunas lograrán evitar la transmisión viral –es decir, evitar que nos infectemos e infectemos a otros–, además de prevenir el desarrollo de la enfermedad. Por lo tanto, hasta que un porcentaje considerable de la población no esté vacunado, será imprescindible seguir aplicando medidas preventivas como el uso de mascarillas y la distancia social.

Finalmente –y aunque resultados preliminares indican que las variantes virales que han surgido en el Reino Unido, Sudáfrica o Brasil siguen siendo susceptibles al efecto de las vacunas–, es previsible que en el futuro el SARS-CoV-2 acumule mutaciones que podrían necesitar la adaptación de vacunas y tratamientos.

 

Ante el reto de la inmunización global, o nadamos o nos hundimos juntos

El único escenario parecido al control de la COVID-19 a medio-largo plazo pasa por alcanzar en el conjunto del planeta la llamada “inmunidad de grupo” que interrumpa la transmisión y evite nuevos brotes descontrolados del virus SARS-CoV-2 y la aparición de nuevas variantes. Esto implica necesariamente el acceso generalizado a una vacuna eficaz y segura.

 

Las vacunas están alterando el tablero geopolítico global

Las vacunas se han convertido en un instrumento de la geopolítica. Las potencias productoras y donantes ejercen su influencia para favorecer a las regiones aliadas. Las omisiones son aprovechadas por los adversarios en un contexto internacional de enorme inestabilidad.

En América Latina, por ejemplo, la incertidumbre con respecto al alcance de los mecanismos de solidaridad internacional y la disponibilidad de las opciones de Pfizer/BioNtech, Moderna o Astra Zeneca ha llevado a algunos países a comprometer la compra de la vacuna rusa (Brasil, México, Venezuela o Argentina, entre otros).

 

El modelo de innovación farmacéutica y acceso a medicamentos esenciales no podrá ser el mismo después de la COVID-19

La pandemia de la COVID-19 y la respuesta farmacéutica global han abierto un doble cuestionamiento al modelo global de innovación y acceso a medicamentos.

  1. Por un lado, las dificultades en la producción y abastecimiento de diagnósticos, tratamientos y vacunas han llevado a India y Sudáfrica a liderar ante la Organización Mundial del Comercio una iniciativa para la suspensión temporal de los derechos de propiedad intelectual que afectan a estos productos. Con ello se facilitaría una producción más abundante y descentralizada y, por tanto, el acceso de más personas a precios más asequibles. Docenas de países de ingresos bajos y medios apoyan la propuesta, pero los principales países de rentas altas lo han rechazado de plano. En la opinión de estos últimos, el sistema de propiedad intelectual es necesario para incentivar nuevas vacunas, diagnósticos y tratamientos, que podrían agotarse en su ausencia.
  2. El segundo argumento está relacionado con la inversión sin precedentes que el sector público ha realizado en la generación y desarrollo de estas innovaciones. La pregunta es si esta inversión va a dotar a los poderes públicos de la capacidad para definir el precio y las condiciones de acceso a las innovaciones farmacéuticas.

 

Esto es lo que están haciendo la UE y España para apoyar el reto de la vacunación global. Y no es suficiente

España participa en el esquema COVAX de la mano de la UE, fundamentalmente. El programa Team Europe articula la respuesta de la cooperación europea a la pandemia, que se ha concretado en 400 millones de euros en garantías y 100 millones de contribución directa a COVAX. Con esta cantidad se plantea un mínimo de 88 millones de dosis. Complementariamente, España ha realizado una aportación directa propia de 50 millones. Se trata de valiosas aportaciones iniciales que deben tener continuidad en el futuro si queremos acabar con la pandemia.

Además de sus contribuciones financieras, España y la UE deben jugar un papel relevante en la batalla por no dejar desprotegidos a cerca de 2.400 millones de personas que viven en países autofinanciados de ingreso medio (incluyendo gran parte de América Latina).

Finalmente, España ha caído en el mismo defecto de sobrecompra de los países de nuestro entorno. Como hemos explicado más arriba, la saturación del mercado puede suponer un obstáculo grave para lograr el reto de la inmunización global.

 

¿Qué más pueden hacer España y la UE para lograr este objetivo?

El éxito de la batalla contra la COVID-19 depende de que logremos consolidar una estrategia global de inmunización eficaz, segura, universal y equitativa. Recomendaciones:

  • Consolidar COVAX como la referencia global para la negociación, compra y aprovisionamiento de vacunas.
  • Liderar una ofensiva en el seno de la UE y del G20 para garantizar el acceso a las vacunas de países de renta media.
  • Los países más desarrollados, empezando por los de la UE, deben reconsiderar una estrategia de acumulación de vacunas que amenaza el aprovisionamiento de otras regiones.
  • Liderar un debate sobre la reforma del modelo de investigación y acceso a medicamentos esenciales.
  • Fortalecer los sistemas de sanidad publica que están permitiendo el éxito de las vacunas contra la COVID-19.
  • España debe definir una Estrategia de Salud Global que ordene y oriente sus acciones en este campo.

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