Protocolo de Londres

Guerra de Independencia Griega / Wikimedia - National Gallery

Tal día como hoy… 3 de febrero de 1830, Gran Bretaña, Francia y Rusia firmaban el Protocolo de Londres

 

El 3 de febrero de 1830, Gran Bretaña, Francia y Rusia firmaban el Protocolo de Londres, por el que estas naciones declaraban y reconocían la independencia de Grecia, que desde diez años antes estaba en guerra contra el Imperio otomano. Pero había muchos «peros» en esta declaración de reconocimiento. Entre otros, se negaban el régimen republicano y la constitución que los griegos habían redactado, imponiendo en su lugar una monarquía extranjera de corte absolutista.

 

CV / La guerra de independencia griega fue la primera manifestación de lo que luego se denominó «la cuestión de Oriente», o la sucesión de problemas que acarreó la descomposición del Imperio otomano y la consiguiente expansión colonialista de las potencias europeas, principalmente Gran Bretaña, Francia y Rusia, es decir, los tres firmantes del protocolo.

Políticamente se trataba de ciudades-estado que con frecuencia competían entre sí, siendo las más importantes Atenas, Esparta, Corinto, Tebas…

En realidad, Grecia no había sido nunca un estado. La Grecia clásica fue más bien un crisol cultural, la Helada, cuya extensión geográfica fue mucho más amplia que la del actual estado griego, y que abarcaba amplias zonas de la costa de Asia Menor, en su límite oriental, y hasta Sicilia en la occidental. Ello sin contar con las colonias griegas mediterráneo-occidentales en las costas provenzales y del levante español. Políticamente se trataba de ciudades-estado que con frecuencia competían entre sí, siendo las más importantes Atenas, Esparta, Corinto, Tebas…

Fue un pueblo bárbaro –no griego- pero helenizado, Macedonia, el primero unificó Grecia manu militari, pero en el contexto de un imperio global mucho más amplio, el imperio de Alejandro Magno, que abarcó desde la India hasta Egipto, tras cuya desaparición surgió la época denominada «helenística», cuyo epicentro fue la Alejandría de los Tolomeo. Luego vino la dominación romana…

La división del Imperio romano en dos, el de oriente y el de occidente, situó a Constantinopla –la antigua Bizancio- como capital del primero, con el griego como lengua hegemónica. A trancas y barrancas, el Imperio bizantino sobrevivió hasta 1453, año en que su capital –lo último que quedaba prácticamente del antiguo imperio- cayó en manos de los turcos, que se expandieron por el cuadrante sudeste de Europa, llegando a sitiar Viena en dos ocasiones, en el siglo XVI y en el XVIII. Luego vino la decadencia turca y, desde finales del siglo XVIII, empezó a surgir un nacionalismo griego que fue visto con simpatía, muy especialmente por las élites culturales e intelectuales europeas, por lo que Grecia había representado en la cultura occidental.

En 1821, tras casi cuatro siglos de dominación otomana, los griegos se rebelaron contra los turcos y empezó la guerra, promovida por la organización Fililí Atería

En 1821, tras casi cuatro siglos de dominación otomana, los griegos se rebelaron contra los turcos y empezó la guerra, promovida por la organización Fililí Atería. En Europa se organizaron comités helenófilos con la intención de recaudar fondos para los griegos. Lord Byron, el poeta romántico inglés por excelencia, se alistó voluntario en las milicias helenas, muriendo en Messolonghi mientras estaba sitiada por los turcos; Delacroix pintó sus célebres ‘Matanza de Kios’ y ‘Grecia expirante ante las ruinas de Messolonghi’, denunciando las masacres que llevaban a cabo los otomanos; Luis I de Baviera lo resumió así: “Europa tiene una enorme deuda con Grecia, les debemos las artes y las ciencias”.

Pese a todo, los griegos no conseguían zafarse de los turcos y, además, incapaces de organizarse y presentar batalla unidos, empezaron a pelearse entre ellos. Por su parte, Francia y Gran Bretaña simpatizaban con Grecia, pero recelaban del expansionismo ruso y de sus intenciones… Al final, más por razones crematísticas que por ideales altruistas, intervinieron la armada británica y el ejército francés. La escuadra turca fue destruida en Navarino (1827) y un ejército francés desembarcó en la Grecia continental, desequilibrando definitivamente el conflicto a favor de los griegos. Los helenos, por su parte, en uno de los pocos momentos de unidad que tuvieron, elaboraron una constitución más o menos democrática para la época, con una república como forma de estado.

El protocolo de Londres fue un jarro de agua fría para las aspiraciones griegas, dejando claro que se iba a tratar de un estado tutelado por las grandes potencias

El protocolo de Londres fue un jarro de agua fría para las aspiraciones griegas, dejando claro que se iba a tratar de un estado tutelado por las grandes potencias. Además, su extensión territorial quedó restringida al Peloponeso y una pequeña franja al norte del Ática, con Nauplia como capital inicial –pasó después a Atenas, en vistas de que la que consideraban su capital histórica, Constantinopla, era inalcanzable. Y se le impuso a Grecia un rey que las grandes potencias se sacaron de la manga, Otón de Wittelsbach –Otón I de Grecia-, hijo del anteriormente mentado Luis I de Baviera.

A Lord Byron, que murió por la libertad de Grecia, seguro que no le hubiera gustado.

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