Qué diría Montessori ante las leyes educativas actuales

Maria Montessori / Wikimedia

La política de los tiempos de Montessori no fue muy distinta a la actual. Los gobernantes se rigen por intereses y prejuicios que imponen ante quienes, y con datos contrastados, les demuestran su error. Montessori ya veía con mal ojo las reformas educativas de su momento que tendían a la rebaja de las exigencias ¿se repite hoy en día la historia? Este artículo es el resumen de gran parte del libro de Catherine L’Ecuyer titulado Montessori ante el legado pedagógico de Rousseau.

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista @DAVIDRABADA

El método Montessori no es un tratado fácil de abordar y cabe analizarlo con mucha atención y detalle. María Montessori, y ante muchas travas machistas a finales del XIX, se formó desde la clase media como médico en la Italia pobre y con un Mussolini que pronto llamaría a las puertas. Este, y más tarde, quiso apropiarse del método Montessori para sus fines en 1924. Pero Montessori, y desde Roma, se centró en la docencia observando a los niños necesitados de enseñanza y formación, todo ello ante unos pobres docentes mal preparados ante la escuela pública italiana. Ello la llevó a diseñar un método que fuera un ascensor social, real y aplicable a los críos de su época, y no una manipulación de las masas, todo lo contrario, ella pretendía una orientación y proyección individual para el beneficio de toda la sociedad.

El método Montessori, y desde primaria e infantil, fue diseñar un ambiente educativo de los sentidos ordenado, bello y real que impulsara a los escolares a devenir autónomos, doctos y cívicos

El método Montessori, y desde primaria e infantil, fue diseñar un ambiente educativo de los sentidos ordenado, bello y real que impulsara a los escolares a devenir autónomos, doctos y cívicos, algo que falla en nuestro sistema educativo vigente sin rutinas claras, muchos ámbitos y pocos especialistas como docentes. El orden, para Montessori, no era una bondad innata del aprendiz, sino el único camino para que este la alcanzara. Ya sabemos que, si en el aula actúa el desorden, el alumno pierde pronto la atención y se cansa. En cambio, si el niño es capaz de trabajar sin interrupción gracias a su hábito de atención plena, este es capaz de superar su falsa fatiga para motivarse internamente con paciencia, perseverancia y orden.

Con todo lo anterior Montessori, y centrándose en la importancia de la relación entre el niño y la realidad, diseñó un material sencillo, ordenado y didáctico para infantil y primaria, bajo ejercicios bien conducidos, repetitivos y acordes con cada edad para que los niños aprendieran, y sin distracciones, a dominar sus emociones, a ser silenciosos y a concentrarse ante lo que aprendían bajo una previa explicación corta, clara y concisa del maestro, alguien que debía interrumpir al niño cuando no usara este material. La concentración en todo ello era el eje para evitar conflictos en el aula, y la mano devenía el centro de desarrollo como la herramienta base. Y todo ello antes que la neurobiología actual decretara que la mano es el estimulador base en nuestro cerebro. Pero Montessori insistía que la repetición de ejercicios y actividades devenía otro gran eje de su método. La repetición era la forma de interiorizar las ideas, de construir la personalidad del infante, de adquirir la disciplina interna y la base para dirigirse hacia la perfección. La disciplina no es un obstáculo a la libertad, sino una condición para llegar a ella con conocimientos reales que permitan al individuo poder decidir con razón y no con prejuicios de otros.

Montessori insistía que la repetición de ejercicios y actividades devenía otro gran eje de su método. La repetición era la forma de interiorizar las ideas, de construir la personalidad del infante, de adquirir la disciplina interna y la base para dirigirse hacia la perfección

A todo lo anterior cabe añadir que las fantasías debían descartarse en todo ello para inhibir la credulidad y las experiencias ficticias entre los niños, ya que estas sólo alimentarían su inmadurez y manipulación. A pesar de ello Montessori, profundamente religiosa, aunque crítica y no clerical, rechazaba que la religión fuese una elección adulta desaprobando la laicidad en la educación. Para ella se debía suscitar el sentimiento religioso entre los niños, pero no como un aprendizaje de memoria de oraciones y nociones para ir a la iglesia, sino cómo un eje moral de perfección. Añadía que la motivación del escolar no debía venir de estimulaciones externas, sino de una educación que indujera al estudiante a tomar partido desde su interior en el deseo de conocimientos y valores. De otro modo, la educación sólo crearía individuos destinados al interés y los prejuicios actuales.

Todo lo anterior topa hoy en día con la escuela del aprendizaje fácil, feliz y falaz que muchos pedagogos y políticos predican con el estandarte del teclado en contra de la manualidad defendida por Montessori y la neurobiología actual. En todo ello Montessori leyó muchos tratados médicos, filosóficos y pedagógicos para defender desde el conocimiento un aula de los sentidos y la realidad que erradicara la delincuencia y la criminalidad muy en alza en la Roma de inicios del XX. En cierta forma Montessori defendía que con la educación se podía prevenir, y antes que curar, las desigualdades sociales y sus consecuencias delictivas. Para ello defendía que la libertad individual resultaría imposible sin una disciplina personal interna. La libertad, para Montessori, no era desear sin antes conocer. Sin conocimientos ningún humano puede escoger su destino, ya que antes debe contrastar, y con conocimientos, el resto de sus opciones futuras. Para ello, y según Montessori, el niño no debía estar abandonado a su suerte, sino que el material del aula debía estar cuidadosamente diseñado para controlar el error y la autocorrección del aprendiz. Con una educación bien dirigida, y como un ascensor social universal, se podrían reducir las desigualdades sociales futuras.

Defendía que la libertad individual resultaría imposible sin una disciplina personal interna. La libertad, para Montessori, no era desear sin antes conocer. Sin conocimientos ningún humano puede escoger su destino

Montessori inicialmente lo aplicó en una escuela de discapacitados en donde logró mejores resultados que los obtenidos por otros niños normales. Lo anterior quizás situaría a Montessori lejos de la actual escuela inclusiva defendida por muchos pedagogos y políticas actuales. De hecho, Montessori decía que los alumnos disruptivos debían recibir, y aparte, una mayor atención adaptada a su situación.

Al final Montessori acabó aplicando lo aprendido entre alumnos discapacitados a infantes normales con tan éxito que la prensa del momento alabó y difundió su método a inicios del XX. Un claro ejemplo fue el aprendizaje de la escritura en donde sus alumnos la adquirían antes que la lectura. Tocando figuras de letras con la punta del índice y dibujándolas en la arena, el niño descubría, asociaba y se organizaba el mismo. En ello el aprendiz no estaba abandonado a sí mismo creando de la nada, todo lo contrario, el material didáctico y la atención de un docente humilde estaban en el control del error, y sobre todo cuando la atención del niño devenía dispersa o desordenada.

Colegio Montessori en los Países Bajos, 1915. Fotografía recogida en el libro Van Holkema & Warendorf’s Uitgevers Mij, Ámsterdam, 1916, que trata sobre el método Montessori. / Wikimedia

Montessori decía que el maestro es aquel que domina el arte de saber cuándo intervenir. De esta manera los alumnos del método Montessori se hallaban preparados para escribir a los cuatro años y a leer a los cinco, algo que el sistema actual rechaza, elude y no alcanza. En todo ello el maestro no devenía una fuerza pasiva, sino una presencia silenciosa que no podría dar lo que no sabe, es decir, y en contra de las direcciones ministeriales, el docente debía saber mucho para enseñar a los que no saben. El conocimiento era un eje muy importante para Montessori, y no el recorte de los currículums actuales. Hoy en día, y en secundaria, algunos políticos dicen que se enseña demasiado y que hay que reducir tantos contenidos. En ello cabe citar, y este sentido, las declaraciones del anterior consejero de la Generalitat catalana, el señor Bargalló.

El conocimiento era un eje muy importante para Montessori, y no el recorte de los currículums actuales. Hoy en día, y en secundaria, algunos políticos dicen que se enseña demasiado y que hay que reducir tantos contenidos

Montessori, aunque nunca diseñó su método para los adolescentes, sí indicó que podía aplicarse su método con muchas adaptaciones. En ese sentido insistió que era para que no aprendieran sólo cosas, sino que adquirieran conocimientos y cultura, algo muy alejado de las directrices políticas actuales. De hecho, Montessori ya veía con mal ojo las reformas educativas de su momento que tendían a la rebaja de las exigencias ¿se repite hoy en día la historia?

Tras el éxito, Montessori entró en contacto con muchos personajes influyentes del momento. Estos, aunque ajenos o no a su método, comportaron la difusión de su escuela. Así, y en 1910, Montessori dejó su profesión médica para dedicarse exclusivamente a la educación. Un ejemplo de su auge llegó durante 1914 en Barcelona cuando su método fue aplicado con éxito en dos instituciones educativas, así como también en centros de Nueva York. Desgraciadamente su neutralidad política ante el conflicto catalán y español en 1919, la llevó a la pérdida del apoyo del gobierno autonómico. Posteriormente, y en 1924, la dictadura de Primo de Rivera cerró sus escuelas, un preludio del 1933 en donde los Nazis hicieron lo mismo en Alemania y luego, y en 1934, Mussolini aplicó igual represión en Italia. La política, como en la actualidad, busca sus rendimientos educativos bajo sus intereses y prejuicios. Hoy en día los intereses son los económicos de la OCDE, y los prejuicios de las ideologías pedagógicas sin demostración científica. Ambos se confabulan para estafarnos con una educación fácil, feliz y falaz. Los padres deberían saberlo antes de ver a sus centros educativos como una guardería en donde la política estafa a sus hijos con poca enseñanza y mucha diversión.

En los tiempos de Montessori los demagogos acusaron sus escritos de complicados, ambiguos, y hasta sofistas, pero cabe hundirse en ellos para ver una persona con ideas y objetivos claros

La política de los tiempos de Montessori no fue muy distinta a la actual. Los gobernantes se rigen por intereses y prejuicios que imponen ante quienes, y con datos contrastados, les demuestran su error. Así ningunean a quienes, con su experiencia educativa y estudios argumentados, les llevan la contraria. En los tiempos de Montessori los demagogos acusaron sus escritos de complicados, ambiguos, y hasta sofistas, pero cabe hundirse en ellos para ver una persona con ideas y objetivos claros, la enseñanza con todas sus mayúsculas. Ciertamente Montessori no cumpliría con las exigencias científicas actuales, que no las de sus tiempos, más bien practicó la prueba y el error, algo muy alejado del método científico. De hecho, su hipótesis no permitía verificar y reproducir los experimentos bajo una descripción objetiva y cuantitativa de las observaciones. Cabe añadir que muy a menudo no citaba sus fuentes, y si lo hacía era de manera incompleta. Además, Montessori sentía su misión como una revelación religiosa.

Montessori, y por suerte, no se quedó en la educación cómo algo sólo religioso, sino que cuestionó las políticas educativas de su época defendiendo el esfuerzo en el proceso del aprendizaje en contra de quienes iniciaban la llamada fácil, feliz y falaz ‘Educación Nueva en Europa’, algo plagiado en la actualidad, y pasados casi cien años, por los de ‘Escuela Nueva 21’ y otros afines que, quizás sin saber del pasado, han predicado lo mismo que las ideologías de hace un siglo. Todos ellos, y llamándose innovadores, hunden sus raíces en ideologías de hace trescientos años, unas anclas del romanticismo de Rousseau que dan por supuesto que colocar al niño en el centro del proceso educativo implica abolir la transmisión de conocimientos, el esfuerzo en ellos y su proyección profesional.

Como decía Maritain, una educación que entregue al niño la responsabilidad de adquirir informaciones es un simple fracaso de la educación. Y toda esta paradoja, y en sus tiempos, ya ofendía a Montessori y a sus acólitos

Como decía Maritain, una educación que entregue al niño la responsabilidad de adquirir informaciones es un simple fracaso de la educación. Y toda esta paradoja, y en sus tiempos, ya ofendía a Montessori y a sus acólitos. El desprecio de Rousseau y seguidores por los libros, el esfuerzo y la enseñanza sigue vigente subliminalmente hoy en día, algo que Montessori vería como un camino hacia la sobreestimulación, el desorden y la ignorancia. Ello se hace patente hoy en día con el recorte de contenidos a impartir en nuestros centros educativos, el abuso de las pantallas digitales y la creencia que todo está en Internet, incluidas muchas informaciones nefastas que no conocimiento. Todo se repite y nadie recuerda y aprende. Los estímulos externos, tan defendidos por los predicadores de la educación emocional como eje del aprendizaje, deben ser los justos y estrictamente necesarios. De hecho, y lo apunta la psiquiatría, los estímulos excesivos saturan al alumno para aprender nuevos conceptos, algo que Montessori ya dijo hace unos cien años.

Ante el vigente desorden educativo actual, y hoy en día, cada vez hay más voces exigiendo una educación ordenada y basada en las evidencias reales, que no en las ocurrencias romanticistas. Entre los críticos cabe citar a escritores como Andreu Navarra, Gregorio Luri, Xavier Massó, David Rabadà, Carlos Fernández Liria, Francisco López Rupérez, Héctor Ruiz, Joan Carles Mèlich, Pascual Gil, Ricardo Moreno, Enrique Moradiellos y otros más. Todos ellos, y desde geografías y tendencias políticas diversas, e incluso opuestas, están de acuerdo en fortalecer la transmisión de conocimientos en contra de los dictámenes gubernamentales. Para ello el próximo setiembre de este 2022 firmarán un libro conjunto bajo la queja de la actual educación sin contenidos. Ello no es nada nuevo en la historia.

En 1957, y cuando Rusia lanzó el satélite Sputnik adelantándose a los Estados Unidos, quedó en evidencia que la trasmisión de conocimientos fallaba por Norteamérica. Tras ello, y en la revista Life, fue publicada una carta del presidente Eisenhower criticando el romanticismo educativo de Dewey y otros afines a Rousseau. Así acusaba, y con gran razón, a estos del declive de los Estados Unidos ante el adelanto de Rusia con su Sputnik. De esta manera Eisenhower proponía volver a una instrucción y transmisión de conocimientos en la educación estatal abandonado las tesis romanticistas de Dewey y acólitos de Rousseau. Pero ¿cómo se llegó a creer en las tesis de Rousseau y afines?

Rousseau pensaba que todo infante era bueno por naturaleza, que la instrucción manipulaba, corrompía y empobrecía sus impulsos y que, por tanto, no había que corregirlos

Rousseau pensaba que todo infante era bueno por naturaleza, que la instrucción manipulaba, corrompía y empobrecía sus impulsos y que, por tanto, no había que corregirlos, sólo había que dejar que el estudiante llegara a sus objetivos sin un docente instructor en ello. Es decir que debíamos entregar al alumno a su destino ante sus caprichos para construirse a sí mismo. Añadía que la ciencia, las letras y las artes habían corrompido la sociedad moralmente, y que el hombre que medita es un animal degenerado, es decir que el hombre que desee ser feliz no debe aspirar al saber, y que la ignorancia es el único medio de evitar el error. Según este pensador del siglo XVIII, era mejor dejar que los críos llegaran por sí mismos a su educación pura, primitiva y salvaje en contra de las influencias de la instrucción social. Imagínese entonces a su hijo si usted no le evitara la violencia, el egoísmo, y hasta las drogas.

Maria Montessori (1870-1952) / Wikimedia

Todos vemos en nuestros hijos, y por experiencia ante los hechos, que ellos son dirigibles bajo buenos criterios. De otro modo engendraríamos vástagos sin orden, valores y objetivos claros. Montessori, de hecho, decía que la ciencia debía tener un papel clave en la pedagogía. Hoy en día, y recuerdo unas palabras del antiguo consejero de educación de la Generalitat de Catalunya, Ernest Maragall, que ante unos informes de neurobiología en contra el abuso de pantallas entre los adolescentes me dijo despectivamente “esto es ciencia”. No hay más comentarios.

Pero Rousseau no se quedó corto y continuó alimentando las ideologías románticas actuales en la educación. Como espartano fuera de contexto, proponía que el niño, y antes de los ocho años, quedara expuesto a las intemperies, al hambre y al cansancio para que no se acostumbrara a las comodidades, algo parecido a los talibés del Senegal, un extremismo del islam. A pesar de todo, y desde el siglo XVIII pasando por Froebel, Beaumont, Fichte, Piaget, Dewey, Claparède, Demolins, la elitista Educación Nueva y el idealismo alemán, se han implantado ciertas pedagogías en nuestras leyes educativas llenas del romanticismo de Rousseau et al., y en contra de Eisenhower. Añadamos que Montessori ya criticó a Claparède por querer por eliminar asignaturas para así aliviar a los alumnos, es decir, por querer vaciar el esfuerzo y el contenido en el currículum de los escolares. En fin, y hoy en día, la historia se repite con la reducción de currículums.

Por suerte las investigaciones en neurobiología han dado la razón a Eisenhower y a Montessori en detrimento de Dewey y su inspirador Rousseau. En ello Montessori ya se avanzó decenas de años antes

Por suerte las investigaciones en neurobiología han dado la razón a Eisenhower y a Montessori en detrimento de Dewey y su inspirador Rousseau. En ello Montessori ya se avanzó decenas de años antes. Para ella el niño nacía en un estado salvaje que sólo la educación podía sacarle e instruirle con conocimientos hábiles para el progreso social de su estado. Esto era contrario a lo que Rousseau y plagiadores como Dewey predicaban. Estos pretendían devolver al niño a su estado original, pero la educación es una forma de mejorar la sociedad, no una educación romántica que se opone a la instrucción reglada. Es decir, los niños no pueden quedar abandonados a sí mismos en contra de lo que en cierta forma defiende la educación emocional y las Flipped Classroom por competencias, proyectos, ámbitos y la abolición de las asignaturas, ¿estaremos repitiendo los errores del pasado?

Para Tomás de Aquino sólo había dos modos de acceso al conocimiento, por descubrimiento, las actuales competencias, y por instrucción, la transmisión de conocimientos. Ambas son útiles, y Montessori así lo veía, pero el actual sistema se entesta en sólo uno, el descubrimiento casi no guiado por competencias, algo diseñado no por docentes, sino por los más altos estamentos económicos internacionales coma la OCDE. Si cree en ellos intente ahora que su hijo, y por sí mismo deduzca la Teoría de la Gravedad de Newton, la Relatividad de Einstein, la Tectónica de Placas y toda la Tabla Periódica de los Elementos Químicos. Todo ello ha tardado, y en la historia, más de trescientos años de pensamientos, indagaciones y cálculos. Mejor, y como defendía Montessori, combinar trasmisión y descubrimiento, en otro caso significaría entestarse en sólo uno de ellos sin ver todo el bosque, sólo el tronco ante unos ojos ajenos a todo el contexto. Catherine L’Ecuyer dice, lo que se aprende porque nos lo enseñan, si lo entendemos, también es un descubrimiento.

Intente ahora que su hijo, y por sí mismo deduzca la Teoría de la Gravedad de Newton, la Relatividad de Einstein, la Tectónica de Placas y toda la Tabla Periódica de los Elementos Químicos. Todo ello ha tardado, y en la historia, más de trescientos años de pensamientos, indagaciones y cálculos

Estudios recientes confirman que la adquisición de conocimientos no se puede basar sólo en el aprendizaje por descubrimientos, es más Bryant y otros autores con su trabajo titulado Drivers of student performace de 2017, demuestran que los sistemas educativos con más éxito combinan de manera muy bien estructurada la instrucción directa con el aprendizaje por descubrimiento. En cambio, los métodos menos estructurados de aprendizaje por descubrimiento, y que permiten al niño diseñar sus experimentos (educación por competencias), resultan muy pobres en todos sus resultados y muy complicados de aplicar. Es decir, permitir que a los estudiantes diseñen sus propios experimentos provoca peores resultados en todos los ámbitos que una enseñanza estructurada. Eso pone en la palestra un hecho que toda lógica demuestra, ¿cómo puede un niño enseñarse a sí mismo lo que no conoce? En ello Montessori ya dijo que no rotundamente, y que era preciso educar para sacar al niño de su estado salvaje y para ayudarle a alcanzar sus fines. La educación no se improvisa al antojo del escolar, se ciñe a un plan para orientarle. Además, la educación por descubrimiento debe ser precedida por la instrucción de un docente docto en su especialidad. Pero toda esta lógica entra en contradicción con la actual política educativa de la Educación Nueva de Rousseau, Froebel, Dewey y seguidores sin saberlo, una paradoja llena de prejuicios e intereses por parte de dirigentes ajenos al aula.

Portada del libro Catherine L’Ecuyer

Por suerte, y para comprender todo el método Montessori, tenemos el libro de Catherine L’Ecuyer titulado Montessori ante el legado pedagógico de Rousseau. Este texto, y eje de este artículo, resulta una auténtica apuesta para una educación de calidad en la actualidad. Es más, todo político interesado por una enseñanza con proyecciones de un futuro mejor, debería leerlo y dejar de escuchar a muchos demagogos y fugitivos de la tiza que, fuera del aula, predican cómo deben enseñar los docentes. Así, y por desgracia, se han diseñado planes y leyes educativas desde un despacho alejado del aula, pero demasiado cerca de un gran número de estos fugitivos de la tiza. El libro de L’Ecuyer, fruto de muchos de años de investigaciones y documentación contrastada, describe con todos sus adverbios y adjetivos el método que María Montessori elaboró a contracorriente ante muchos demagogos de su época. Muchos de ellos, y hoy en día, se han convertido en la base de la pedagogía estatal.

La teoría del constructivismo de Piaget, hoy vigente, fue una ideología que Montessori ya desargumentó hace cien años posicionándose totalmente en contra. A pesar de ello, las leyes educativas españolas son fruto del constructivismo centenario de Piaget que ha conseguido convencer, que no demostrar de manera científica, a la mayoría de los políticos y asesores de estos. Leer el libro de L’Ecuyer hará comprender de dónde viene todo y de la estafa educativa que estamos sufriendo en este país tan latino.

Las leyes educativas españolas son fruto del constructivismo centenario de Piaget que ha conseguido convencer, que no demostrar de manera científica, a la mayoría de los políticos y asesores de estos

Montessori no ha pasado de moda, simplemente, y lo describe el libro, se oponía a las demagogias que reducen hoy en día nuestros niveles educativos, evitan el ascensor social escolar y tergiversan el real objetivo de la educación en favor de intereses económicos. Bienvenido sea este libro para que la enseñanza no devenga cuatro pasos hacia delante y cinco hacia atrás. Un neofeudalismo educativo cierra nuestro futuro ante los intereses y los prejuicios actuales. En ello el ascensor social que debe protagonizar la formación de nuestros hijos, queda borrado y sin ayuda por parte de nuestro gobierno. Para Montessori si la familia no tiene los medios suficientes, la sociedad debe promocionar no solo conocimientos, sino medios suficientes para educar a los niños, ¿queda clara la relación entre Montessori y la actualidad?

En 1954 con ochenta y dos años, Montessori falleció en Holanda con un legado que a muchos escuece y otros defienden. Incomprendida por muchos y continuada por otros, hoy en día sigue vigente entre nuestra política educativa, si es que nuestros dirigentes se atrevieran a leerla con atención. Los escritos de Catherine L’Ecuyer ayudan a ello.

Dejar comentario

Deja tu comentario
Pon tu nombre aquí

Ver más

  • Responsable: Eva Serra Sánchez.
  • Finalidad:  Moderar los comentarios.
  • Legitimación:  Por consentimiento del interesado.
  • Destinatarios y encargados de tratamiento:  No se ceden o comunican datos a terceros para prestar este servicio. El Titular ha contratado los servicios de alojamiento web a Nominalia que actúa como encargado de tratamiento.
  • Derechos: Acceder, rectificar y suprimir los datos.
  • Información Adicional: Puede consultar la información detallada en la Política de Privacidad.