Imagen: Retrato de Enrique II de Castilla (1334-1379) en el cuadro La Virgen de Tobed, de Jaume Serra

Tal día como hoy… 22 de marzo de 1369,  se lanzó la popular frase: “Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor

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El 22 de marzo de 1369, el jefe «routier» Bertrand du Guesclin empujaba al rey castellano Pedro I haciéndole caer al suelo, tras lo cual su hermanastro Enrique de Trastámara se abalanzó sobre él dándole muerte. Se dice que durante el empujón, y como si la cosa no fuera con él, pronunció la siguiente frase: “Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor”. Desde entonces, dicha cita se utiliza para indicar una situación en la que alguien dice lo contrario de lo que está haciendo.

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CV / En la segunda mitad del siglo XIV los ideales caballerescos medievales empezaban a estar bastante desacreditados, tanto por la manifiesta felonía que acostumbraba a caracterizar el comportamiento de sus supuestos paladines, como por el creciente anacronismo de la sociedad feudal que los había inventado. En realidad, lo del ideal de la caballería fue una ucronía situada siempre en un incierto pasado, que de modelo moral había ya metamorfoseado por entonces en materia literaria.

Pedro I de Castilla (1334-1369) -el cruel o el justiciero, según el caso- no fue ciertamente un monarca que destacara por sus especiales dotes “haciendo amigos”

Pedro I de Castilla (1334-1369) -el cruel o el justiciero, según el caso- no fue ciertamente un monarca que destacara por sus especiales dotes haciendo amigos. Aunque también hay que reconocer que en esto no se distinguía de la mayoría de sus regios coetáneos. Sostuvo durante su reinado varios conflictos, lo cual tampoco era tan raro: contra nobles liderados por su hermanastro Enrique; contra su homónimo aragonés Pedro IV -como él apodado también el «cruel», o el «ceremonioso»-, en lo que se conoce como la Guerra de los dos Pedros, que arruinó a ambos; y participó también indirectamente en la Guerra de los Cien Años entre Francia e Inglaterra, hasta que esta misma guerra acabó implicándole directamente en su reino, costándole la corona.

La Guerra de los Cien Años se encontraba en aquellos momentos en una fase de tregua, y esto suponía un cierto problema. Con la guerra generalizada habían surgido soldados profesionales; es decir, con la guerra por único oficio. En Francia se les conocía como «routiers», y entre ellos destacaban las denominadas «compañías blancas». Toda esta soldadesca era de gran utilidad a los reyes en época de guerra, pero durante las treguas se convertían en un auténtico engorro. Básicamente porque, si bien ellos seguían haciendo lo mismo de siempre, la consideración no era la misma según hubiera guerra o paz. En la guerra eran «soldados del rey», en la paz bandidos, salteadores de caminos, asesinos desalmados, saqueadores… Siempre que fuera posible, solía buscárseles algún destino lo más alejado posible hasta que se requirieran de nuevo sus servicios. Y esto fue precisamente lo que ocurrió.

Retrato del rey Pedro I del libro Retratos de los reyes de España de 1788

El rey de Francia puso al servicio de Enrique de Trastámara sus compañías blancas, que estaban al mando Bertrand du Gesclin, un noble bretón que se había distinguido en la guerra contra los ingleses. A su vez, el rey castellano fichó entonces a otro guerrero desocupado, inglés en este caso: Eduardo de Woodstock, conocido desde Shakespeare como el Príncipe Negro. Con ello la guerra castellana se internacionalizó.

El Príncipe Negro destrozó en Nájera a las compañías blancas de Du Gesclin, y con ello la guerra parecía decidida a favor de Pedro I. Pero entonces, seguro de su triunfo, decidió darles largas a los ingleses en relación a los cuantiosos pagos y prebendas que les había prometido por su ayuda. Comprensiblemente, los ingleses se tomaron muy a mal el incumplimiento, así que tras algún que otro saqueo para no irse con las manos vacías, se fueron con lo puesto. Entonces regresó du Gesclin y Aragón le declaró nuevamente la guerra a Castilla.

Con la mayoría de nobles castellanos cambiando de bando ante el cariz que iban tomando las cosas, Pedro I fue completamente derrotado en Montiel el 14 de marzo de 1369, consiguiendo refugiarse en el castillo del mismo nombre, que fue puesto bajo asedio. Y entonces intervino de nuevo du Guesclin con un ardid que, si bien no muy gallardo, fue de lo más efectivo.

Entabló contactos secretos con el rey asediado, ofreciéndose a facilitarle la fuga a cambio de dinero, o incluso cambiar de bando. No era tan extraño, de modo que el bueno de Pedro I debió creerle y siguió sus indicaciones. Pero era una trampa, porque du Gesclin lo condujo a la tienda de su hermanastro. Al verse, ambos se enzarzaron en una pelea que du Gesclin decidió con un empujón y su frase para la historia.

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También un 22 de marzo se cumplen estas otras efemérides

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