Rafael del Riego

«Riego conducido por los realistas a la cárcel de La Carolina». / Wikimedia - Autor: Iluminado. de J. Donon

Tal día como hoy… 7 de noviembre de 1823 era ejecutado públicamente Rafael del Riego

 

El 7 de noviembre de 1823 era ejecutado públicamente en la Plaza de la Cebada de Madrid el general Rafael del Riego. Tres años antes, había protagonizado el levantamiento de Cabezas de San Juan y reinstaurado la Constitución de 1812. Su ejecución marcó el final del periodo conocido como el Trienio Liberal y la vuelta al absolutismo.

 

CV / Tras las grotescas abdicaciones de Bayona, el único régimen legal en España era en realidad la monarquía de José I Bonaparte. Los contrarios a Francia carecían de referente y, en muchas ocasiones, de la más mínima coordinación: alcaldes de pueblo y curas de parroquia le declaraban por su cuenta la guerra al Imperio francés, a la vez que las juntas de defensa funcionaban como auténticos mandarinatos…

Los liberales ilustrados fueron hegemónicos, pero había también representantes de todo tipo de corrientes que aspiraban a un restablecimiento de la monarquía absoluta

La cuestión militar se estabilizó más o menos con el nombramiento de Wellington como capitán general, pero seguía sin haber un gobierno de España mínimamente constituido. Con este objeto, se convocaron Cortes Generales en Cádiz, acudiendo representantes de todos los territorios peninsulares y algunos de ultramar, para establecer una Constitución que diera carta legal a los españoles que luchaban contra los franceses. Los liberales ilustrados fueron hegemónicos, pero había también representantes de todo tipo de corrientes ultramontanas que aspiraban a un restablecimiento de la monarquía absoluta. Tras numerosos y largos debates, con Cádiz bajo asedio francés, el 19 de marzo de 1812 se proclamó una constitución de corte liberal que establecía una monarquía parlamentaria.

Al concluir la guerra, los sectores absolutistas y ultramontanos se desmarcaron inmediatamente de la Constitución e instaron al «nuevo» rey, Fernando VII, a que la derogara y restableciera la monarquía absoluta.  El rey hizo algo más que eso: declaró que nunca había existido… Y empezó la persecución de los liberales.

Retrato de Rafael del Riego (1785–1823) / Wikimedia

Rafael del Riego (1784-1823) era un joven oficial que había luchado en la guerra y jurado la Constitución ante el general Lacy –fusilado en 1817 por orden de Fernando VII-. A finales de 1819 se encontraba en Cabezas de San Juan (Sevilla), al frente del II Batallón Asturiano, que iba a partir hacia América.  El 1 de enero de 1820 proclamó la Constitución de 1812 y se declaró en rebeldía. Tres meses después, tras generalizarse la insurrección por toda España, Fernando VII se decidió a acatarla con su famosa frase: “Marchemos todos francamente, yo el primero, por la senda de la Constitución”.

Con el nuevo gobierno liberal comenzaron las divisiones, a la vez que los absolutistas empezaron a conspirar contra el nuevo régimen. Riego, por su parte, se convirtió en un héroe popular y en un personaje molesto para los políticos. Lo agasajaron, fue ascendido a general… pero lo mantuvieron apartado del poder. Durante este periodo fue acusado de haber participado en una conspiración republicana –algo probablemente falso-, y destituido como capitán general de Galicia. Aun así, su intervención contra la intentona golpista de la Guardia Real fue decisiva.

Riego presentó batalla en Jódar, siendo derrotado, herido y abandonado por sus hombres. Poco después, traicionado por algún colaborador, fue detenido y encarcelado

Pero el régimen liberal se hundía, víctima de sus propias disputas internas y de las conspiraciones absolutistas. Tras la derrota de Napoleón, Europa estaba dominada por las monarquías absolutas, y a nadie, menos a Inglaterra, le interesaba una España que funcionara por cuenta propia. Fernando VII pidió ayuda a la Santa Alianza y un ejército francés de cien mil hombres, al mando del duque de Angulema, invadió España. Previamente, se había llevado a cabo una insurrección en la Seu d’Urgell (Lleida) para que facilitara el paso a los invasores, por Cataluña y por Navarra.

El gobierno intentó presentar resistencia contra la invasión militar francesas, pero pronto, con la ayuda de los absolutistas mayoritarios entre la población rural, los franceses entraron de nuevo en Madrid. El gobierno liberal se llevó a Fernando VII a Cádiz como rehén, con la esperanza de conseguir algún canje. Riego presentó batalla en Jódar, siendo derrotado, herido y abandonado por sus hombres. Poco después, traicionado por algún colaborador, fue detenido y encarcelado. Con Cádiz asediado, Fernando VII prometió clemencia y todo lo que hiciera falta a cambio de su libertad. No cumplió ninguna de sus promesas; al contrario, desató una feroz represión que se recuerda con el nombre de «la década ominosa».

Riego fue torturado y obligado a pedir perdón públicamente al rey por sus «crímenes liberales». Obviamente en vano

Riego fue torturado y obligado a pedir perdón públicamente al rey por sus «crímenes liberales». Obviamente en vano. El 7 de noviembre de 1823, convertido en un deshecho humano, fue trasladado al patíbulo de la Plaza de la Cebada, entre los abucheos e insultos de la misma población que poco antes lo había aclamado como un héroe. Fue ahorcado y posteriormente decapitado.

Su memoria sobrevivió a los vergonzosos tiempos que siguieron a su muerte y, al final, venció en el juicio de la historia. Riego es recordado como un héroe de la lucha por las libertades, y la marcha que sus tropas entonaron durante los hechos de 1820 fue denominada «Himno de Riego». A Fernando VII, en cambio, se le recuerda como «el rey felón»; y es un epíteto benévolo.

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