‘Real Expedición Filantrópica de la Vacuna’

El María Pita, navío fletado para la expedición, partiendo del puerto de La Coruña en 1803 (grabado de Francisco Pérez) / Wikimedia

Tal día como hoy… 30 de noviembre de 1803 se iniciaba la ‘Real Expedición Filantrópica de la Vacuna’

 

El 30 de noviembre de 1803 zarpaba del puerto de la Coruña el buque ‘María Pita’ iniciando la ‘Real Expedición Filantrópica de la Vacuna’ con la misión de llevar la vacuna de la viruela hasta los últimos confines del Imperio Español. De ella dijo el descubridor del principio de la vacuna, el inglés Edward Jenner: “No imagino que los anales de la historia contengan un ejemplo de filantropía tan noble y extenso como éste”. Se la conoce también como ‘Expedición Balmis’, por el nombre del jefe de la expedición, Francisco Xavier Balmis y Berenguer.

 

CV / La viruela era una de las mayores plagas de la época. En 1796, el médico rural inglés Edward Jenner descubrió que la viruela «vacuna» –cowpox en el original inglés- era una variante leve de la mortífera viruela humana. Tomó suero de vacas infectadas y lo inoculó en un niño que quedó inmunizado. Había descubierto el principio de la vacuna. Publicó sus trabajos en 1798, y en el 1800 ya había llegado a España, concretamente a Puigcerdà, donde el doctor Francesc Piguillem obtuvo suero por su cuenta y empezó a aplicarlo exitosamente.

Balmis era un médico militar y cirujano valenciano, con un amplio y brillante historial médico, que había llegado a médico honorario en la corte de Carlos IV

Balmis era un médico militar y cirujano valenciano, con un amplio y brillante historial médico, que había llegado a médico honorario en la corte de Carlos IV. Enterado de las prácticas de Piguillem, convenció al rey de la necesidad de emprender la expedición. El rey, especialmente sensibilizado por haber perdido una hija debido a la viruela, aceptó promover y financiar tan ambiciosa expedición.

Balmis contó como segundo con otro destacado médico militar y cirujano, el catalán José Salvany y Lleopart. Como personal sanitario contaron también con dos prácticos, tres enfermeras, y con la directora del orfanato de la Coruña, Isabel Zendal. El principal problema técnico era como conseguir que la vacuna se conservase en buen estado durante la travesía. La solución consistió en utilizar reserva humana: 22 niños del orfanato que se irían pasando la vacuna periódicamente mediante contacto con las heridas. Solo uno falleció durante toda la expedición; el resto se fueron quedando en distintos lugares del viaje, adoptados por familias del lugar. La tripulación total del María Pita la componían 37 personas, además de los niños-vacuna. El barco llevaba consigo instrumental quirúrgico, instrumentos científicos y cientos de ejemplares del ‘Tratado práctico e histórico de la vacuna’, para irlos dejando allí donde fueren.

En Puerto Rico se llevaron una sorpresa: el médico catalán Francisco Oller Ferrer estaba practicando desde 1792 la inoculación preventiva de la viruela con linfa. La expedición llevó la vacuna hasta las islas Canarias, América, Filipinas y China. Se calcula que, en total, fueron vacunadas más de un millón y medio de personas.

Fue sin duda una expedición precursora de las intervenciones médicas preventivas y humanitarias, una gesta ambiciosa y admirable, desgraciadamente olvidada en nuestras tierras

En Venezuela, la expedición se dividió en dos grupos. Salvany se adentró hacia Colombia Perú y Bolivia, falleciendo a consecuencia de las penalidades del viaje en Cochabamba, el 21 de julio de 1810, siete años después de haber zarpado de la Coruña. Balmis, por su parte, pasó por Venezuela, Cuba, Florida, Texas y México. En 1805 partió con otro buque de Acapulco con rumbo a Filipinas. Pasó por China y, de vuelta, incluso vacunó a los ingleses en la isla de Santa Elena. Conocedor allí de la invasión napoleónica de España, se dirigió a Nueva España, donde arribó en 1810.  No regresó a España hasta 1814. Murió en Madrid el 12 de febrero de 1819.

Fue sin duda una expedición precursora de las intervenciones médicas preventivas y humanitarias, una gesta ambiciosa y admirable, desgraciadamente olvidada en nuestras tierras. De la expedición Balmis dijo el ilustre Alexander von Humboldt: “Este viaje permanecerá como el más memorable en los anales de la historia”.

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