Referéndum del «Brexit»

Wikimedia - Autor: Rlevente

Tal día como hoy… 23 de junio de 2016 se celebraba el referéndum del «Brexit»

 

El 23 de junio de 2016 se celebraba en Gran Bretaña el referéndum del «Brexit», convocado por el primer ministro David Cameron para que los ciudadanos británicos se pronunciaran sobre la permanencia de su país en la Unión Europea. Participó un 72,2% del electorado, con un ajustado resultado del 51,9% de los votantes a favor de la salida de la UE, frente a un 48,1 a favor de la permanencia. No era el primer plebiscito sobre el tema, había habido otros en 1975, con un resultado opuesto: el 67% a favor de la permanencia.

 

CV / Aunque sea recurrir a los tópicos, lo cierto es que  un determinado tipo de mentalidad inglesa anda tan sobrada de ellos como cualquier otro hijo de vecino. Y uno de ellos es sin duda la división de Europa en dos mitades, el Continente, por un lado, y Gran Bretaña, por el otro. En esta línea se inscribiría el titular atribuido al Daily Mail con motivo de unas espesas brumas: “Niebla en el Canal: El Continente, aislado”.

Hay quien piensa que la política británica en relación a Europa ha consistido en intentar evitar a toda costa que surgiera en el «Continente» algún poder dominante

Más allá de esta y otras ironías anecdóticas, lo cierto es que la integración de Gran Bretaña en la Unión Europea ha sido siempre polémica. Y sus suspicacias hacia cualquier proyecto europeo han sido desde siempre más notorias que en cualquier otro país. Incluso hay quien piensa que la política británica en relación a Europa ha consistido, durante los últimos cinco siglos, en intentar evitar a toda costa que surgiera en el «Continente» algún poder dominante que pudiera representar una amenaza a su hegemonía. Algo que, por cierto, si tenemos en cuenta algún ejemplo relativamente reciente, como el de Hitler, convierte los recelos británicos en más que razonables y justificados.

Sea como fuere, cuando en la posguerra se planteó establecer algún tipo de vínculos entre los países europeos que hasta entonces se habían estado dedicando a matarse entre ellos, la actitud británica fue distante y displicente al respecto. A la ceremonia de la firma del Tratado de Roma en 1957 –primera piedra de la Unión Europea- Gran Bretaña se limitó a enviar a un funcionario de rango intermedio como invitado. Algunos años después, los gobernantes ingleses se percataron de que tal vez habían cometido un error dejando solos a los franceses y a los alemanes, y el primer ministro laborista, Harold Mcmillan solicitó el ingreso en 1961. Surgió entonces el veto francés de la mano de Charles De Gaulle, que consideró a Gran Bretaña el «Caballo de Troya» de Europa… Hasta que 1973, muerto ya De Gaulle, Gran Bretaña ingresó en el Mercado Común.

Tras entrar en el Mercado Común aparecieron las disidencias desde todos los sectores políticos –Tories, Wicks, Labours…- y surgieron voces contra la claudicación ante «Europa»

Pero pronto aparecieron las disidencias desde todos los sectores políticos –Tories, Wicks, Labours…- y surgieron voces contra la claudicación ante «Europa». Para la derecha torie, era la renuncia a «mil años de independencia»; para la izquierda labour, y muy especialmente para la extrema izquierda, la integración en Europa era ni más ni menos que el ingreso en la catedral del capitalismo. Algo chocante si tenemos en cuenta la revolución industrial que propició el surgimiento del capitalismo surgió precisamente en Inglaterra. La polémica arreció tanto que el gobierno optó por convocar un referéndum de ratificación en 1975, apenas dos años después de su ingreso.

Ganó el «Sí», pero muchos líderes políticos se mantuvieron, impertérritos, en su euroescepticismo. A título de ejemplo, Margaret Tatcher, que se convirtió en primera ministra tory en 1979, defendió el «Sí» en 1975, pero luego, ya como primera ministra, proclamó que la Unión Europea era una montaña de mantequilla y poca cosa más. Uno de sus más agudos críticos, el líder e intelectual laborista Michael Foot, siempre defendió el «No»…

David Cameron ganó las elecciones con la promesa electoral de celebrar un referéndum sobre la permanencia en la UE. Dimitó tras la victoria del Brexit

Algunos han visto en esta reluctancia británica la nostalgia del perdido imperio victoriano, otros el ultraliberalismo contrario a la Europa «Social». Siempre, a derecha e izquierda, en Gran Bretaña hubo corrientes fuertemente arraigadas contrarias a la integración europea. Incluso se dijo que si permanecía en ella era para evitar que el «Continente» fuera a más… Por supuesto, Gran Bretaña no se integró en el «Euro» como moneda única, manteniendo su histórica Libra Esterlina.

La crisis económica del 2007 agudizó aún más el euroescepticismo. En el año 2010, el líder tory David Cameron ganó las elecciones con la promesa electoral de celebrar un referéndum sobre la permanencia en la UE, siendo él mismo partidario de continuar en ella. También prometió un referéndum para Escocia. Se salvó por los pelos en el caso escocés, pero calculó mal en el siguiente. Dimitó tras la victoria del Brexit. Pero los términos en que Gran Bretaña abandonará la UE todavía no están claros tres años después…

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