Resaca electoral

En clave catalana, lo mínimo que se puede decir es que los resultados arrojan una clara derrota del independentismo frente al no-independentismo, ya sea éste partidario o no del referéndum

Conclusiones apresuradas tras unas elecciones generales

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Xavier Massó_editedXavier Massó / x.masso@catalunyavanguardista.com

Seguimos con las dos Españas. Lo que no sabemos es si estamos en los albores de una tercera que las supere a ambas. Resultado confuso, pero interpretable. A más C’s, menos PP, y a más PP, menos C’s; ha sido lo segundo y Mariano aguanta… por el momento. Correlativamente, a más Podemos, menos PSOE, y a más PSOE, menos Podemos; ha sido lo primero, aunque no del todo. Respectivamente, y aunque con más que probables distinciones generacionales, son vasos comunicantes.

En la izquierda se quiebra el monopolio instaurado por el monipodio González/Guerra & Cía, rubricado en 1974 con el Pacto del Betis y culminado en 1982. Nunca antes, desde entonces, el PCE o IU habían conseguido llegar más allá de la anécdota testimonial. Ahora no es así. Son 90 escaños contra 69. Y Podemos ha llegado para quedarse. El PSOE tendrá que acostumbrarse. Con Pedrito o con Susanita…

Las dos Españas siguen a cuatro bandas, pero no porque haya ahora cuatro partidos significativos, sino porque fue así siempre

En la derecha, si C’s sabe administrar sus tiempos y sus impulsos, también podría haber llegado para quedarse. Pero algún tipo de mutación será inevitable. Uno de los dos, PP o C’s, derivará inevitablemente hacia la derecha más pura y dura, y el otro podría derivar hacia una derecha laica y más o menos ilustrada que este país nunca tuvo, más allá de ilustres individualidades. Pero en España, cuando se habla de la derecha, como de la izquierda, ya se sabe que nunca se sabe…

Las dos Españas siguen a cuatro bandas, pero no porque haya ahora cuatro partidos significativos, sino porque fue así siempre; en los dos rincones opuestos de una diagonal del cuadrilátero, la derecha y la izquierda; en los de la otra diagonal, la España que se niega a morir y la que sigue culpablemente bostezando. Y hay de todo en todos los lados porque el cuadrado, en realidad, se troca en círculo. Es el precio de la historia; aquí la Ilustración pasó sólo de puntillas.

La victoria de Podemos en Cataluña y en el País Vasco arroja, a su vez, ciertas evidencias que muchos se niegan contumazmente a constatar. Fuera de la uniformidad, ambos territorios son tan españoles como no castellanos. Quizás la dicotomía no sea Cataluña contra España, o País Vasco contra España, sino Castilla, Cataluña y País Vasco… contra España. Pero cuesta superar las rémoras de la historia…, hay muchos y muy mezquinos intereses involucrados a ambos lados.

ERC tendrá que optar entre asimilarse a lo que pudo haber sido en su tiempo la de Companys, o seguir con el «montserratismo» de la que refundó Jordi Pujol durante la transición para que le hiciera de mamporrera. El desdén y la manifiesta contrariedad con que sus líderes acogieron los resultados españoles, y el integrismo esencialista actualmente hegemónicos, también entre sus bases, hacen presagiar lo segundo; con un destino más incierto que ayer, pero menos que mañana. Su victoria sobre los despojos Mas en Cataluña es en realidad un regalo envenenado, porque les puede obligar a decidirse, algo a lo que no están acostumbrados. Por otro lado, y más allá de sus veleidades manifiestamente bufonescas, no hay hoy en día nadie relevante en ERC de la talla de un Carod-Rovira, por ejemplo y sin ir más lejos; lo cual tampoco es mucho decir.

La sola idea de un referéndum en Cataluña, incluso ad calendas graecas, produce tanto pánico entre el nacionalismo español como entre el catalán

La paradoja de la dialéctica territorial en España amenaza con resolverse en forma de parodia esperpéntica. La sola idea de un referéndum en Cataluña, incluso ad calendas graecas, produce tanto pánico entre el nacionalismo español como entre el catalán. Por razones distintas, claro. Los primeros porque se rompe su idea de España; los segundos porque saben que lo iban a perder inexorablemente. Sólo la dinámica del enfrentamiento y la consiguiente retroalimentación entre sus respectivas parroquias de adeptos puede mantenerlos en liza. Créanme, si a alguien le produce en estos momentos más pánico que al nacionalismo español la mera posibilidad de un improbable referéndum, es al independentismo catalán. Coincidencias objetivas, podríamos llamarlo.

¿Y quién formará gobierno? Pues la verdad, no me atrevo a pronosticar nada con una geometría tan endiablada. Ya dije, son conclusiones apresuradas. Mariano lo tiene francamente difícil, a menos que el PSOE decida suicidarse. Pero es que todos lo tienen muy complicado. ¿Elecciones anticipadas? ¿Como en Cataluña?… Tampoco es descartable.

Y una coda para «el procés». En clave catalana, lo mínimo que se puede decir es que los resultados arrojan una clara derrota del independentismo frente al no-independentismo, ya sea éste partidario o no del referéndum. Entre las formaciones que han obtenido representación, las no explícitamente independentistas han obtenido un total de 30 escaños y un 64,61% de los votos emitidos -2.424.018-, mientras que las independentistas se han quedado en 17 escaños y un 31,06% -1.164.790 votos-. Si computamos el voto de las formaciones que no han obtenido representación, el porcentaje no-independentista se eleva hasta el 66,33%. Los números cantan.  Puede que no sea España el problema, sino una cierta España y una cierta Cataluña que es su correlato. Otrosí ¿Qué va a ser ahora de Mas?

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