Fotografía: Pablo Hojas

El coreógrafo Ramón Oller enseña a ir más allá de la técnica en la danza con la voz y el silencio del propio cuerpo

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Ramón Oller, la danza y Marina Rossell, la música. Dos formas de comunicar, una mediante el cuerpo y la otra con la voz. El coreógrafo y la cantautora son la simbiosis en su máximo exponente. Hasta tal punto, que ella termina o apostilla las anécdotas que cuenta el artista. “Sólo necesitamos dos cosas para alcanzar el mismo fin, mirarnos y respirar”, ha explicado el también pedagogo catalán y director del taller Respirar la danza, en el que los alumnos trabajan “diferentes aspectos teórico-prácticos y herramientas coreográficas de la danza moderna”.

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UIMP Santander.Entre estos elementos, Oller ha destacado la respiración. “La respiración es vida y la danza es respirar, están en comunión”, y ha añadido que es el vehículo para transmitir emociones porque, en definitiva, “no hay cosa más tierna, brillante y bonita que la desnudez del alma”. A su juicio, más allá de la técnica, un buen bailarín debe alcanzar la purificación y no caer en la mera concentración, ya que la excesiva fijación por el “medio complica la transmisión de la historia” y puede derivar en la representación de un simple ejercicio físico.

A juicio de Oller, más allá de la técnica, un buen bailarín debe alcanzar la purificación y no caer en la mera concentración

En el taller, Oller ha empleado la técnica de danza moderna Limón, creada por José Limón, y conocida por ayudar a desarrollar una amplia expresión dramática y musicalidad en la danza. Este método, que enfatiza la importancia de la respiración, debe ser adaptado a cada persona. “Cada uno tiene que saber cómo entrenarse. El bailarín es un atleta de alto rendimiento y es difícil tratarlo en conjunto, la preparación física es algo muy personal”, ha explicado el coreógrafo catalán. Sin embargo ha señalado que “lo más importante es desnudar el alma, si no la danza sería algo muy artificial y plástico”.

Además, ha recomendado a sus alumnos del taller que sean sinceros con ellos mismos, ya que las “carencias técnicas se pueden suplir con la construcción de una historia y una emoción”. Emoción ha sido la palabra más empleada durante la jornada, en la que los bailarines, bajo la batuta del artista, han aprendido que un baile, pese a ser elaborado, debe transmitir un mensaje directo y simple al espectador.

Por su parte, la cantautora catalana Marina Rosell ha puesto la banda sonora al curso propiciando la unión entre la voz y el movimiento. Y es que el objetivo, según Oller, es conocer el “instrumento del cuerpo con un acompañamiento de la voz y, en paralelo, ver cómo este tiene la suya propia y sus silencios”. Ambos artistas, que poseen un recorrido profesional de más de treinta años, han trabajado juntos en numerosas ocasiones desde que se conocieron en los años noventa. “Somos como hermanos y compañeros de viaje”, han coincidido en señalar.

Además, estas dos destacadas figuras del panorama cultural español comparten un origen común: “Somos nacidos en la periferia de las grandes ciudades catalanas, de origen agrícola y rural, donde el baile y la música emanan del campo”, ha indicado la cantautora, que ha elogiado la figura de Oller. “Es un genio, porque coge nuestra cultura, la depura y plasma la esencia en el escenario”, ha concluido.

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