Feynman obtuvo el Premio Nobel de Física en 1965, por sus investigaciones en electrodinámica cuántica

Tal día como hoy… 11 de mayo de 1918 nacía Richard Feynman

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El 11 de mayo de 1918 nacía en Nueva York, hace hoy cien años, Richard Phillips Feynman, uno de los físicos teóricos más destacados del siglo XX y Premio Nobel de Física en 1965, por sus investigaciones en electrodinámica cuántica, sobre la transformación de un fotón en electrón y en positrón. Una encuesta realizada por la revista Physics World entre 130 físicos de todo el mundo, lo situó entre los 10 físicos más grandes de todos los tiempos.

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CV / Su familia era de origen ruso y polaco, de ascendencia judía asquenazí, aunque no practicantes. Él mismo consideró siempre las diferencias étnicas e identitarias como “tonterías que abren la puerta a todo tipo de teorías raciales”, lo que no le impedía considerar el Talmud un libro maravilloso, a la vez que se declaraba ateo practicante: “Dios fue inventado para poder explicar los misterios. Dios siempre es inventado para explicar aquellos cosas que no puedes comprender”.  Destacó muy pronto en matemáticas, siendo trasladado en el instituto a niveles superiores a los que le correspondían por su edad. En el último año de Secundaria, ganó el campeonato de matemáticas organizado por la Universidad de Nueva York.

En 1944 entró en el Proyecto Manhattan, el proyecto secreto que los EEUU estaban llevando a cabo en Los Álamos para desarrollar la bomba atómica

Pero no consiguió ingresar en la Universidad de Columbia, aunque por razones extraacadémicas ligadas a lo que hoy llamaríamos «cuota»: el cupo de alumnos judíos estaba cubierto. Se matriculó entonces en el MIT -Instituto de Tecnología de Massachusetts-, licenciándose en 1939 e incorporándose como profesor auxiliar este mismo año.  Como docente, destacó a lo largo de su vida por la claridad de sus exposiciones y el éxito entre los estudiantes. Se le conoció entre los estudiantes como «el gran explicador».

Se doctoró con la máxima calificación en Princeton en 1942, y a su primer seminario asistieron, entre otros, Albert Einstein, John von Neumann y Wolfgang Pauli, dada la expectación que llegó a suscitar. En 1944 entró en el Proyecto Manhattan, el proyecto secreto que los EEUU estaban llevando a cabo en Los Álamos para desarrollar la bomba atómica. Allí conoció a Oppenheimer. Feynman siempre afirmó que lo único que le animó a participar en aquel proyecto fue evitar que los nazis consiguieran la bomba atómica primero. Tras la guerra, fue partidario de que no se fabricara ninguna más.

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Un avanzado de la cuántica y la nanotecnología

Pionero en la computación cuántica e introductor del concepto de nanotecnología, ilustrativamente expresado en una de sus obras con el título ‘There’s plenty of room at the bottom’ –Hay mucho sitio al fondo-, el campo de sus investigaciones y trabajos en física es extensísimo. Más allá de las que le valieron el Premio Nobel, entre sus principales aportaciones se encuentran los “diagramas de Feynman”, representaciones de las fórmulas matemáticas que describen el comportamiento de las partículas subatómicas; la formulación de la mecánica cuántica mediante las integrales de camino; la superfluidez del helio líquido subenfriado; el modelo Parton para la física de partículas…

Compaginó sus investigaciones con una amplia tarea divulgativa de la ciencia, y se pronunció abiertamente contra las pseudociencias, de cuya perniciosa influencia no consideraba libres a los científicos

Compaginó sus investigaciones con una amplia tarea divulgativa de la ciencia, y se pronunció abiertamente contra las pseudociencias, de cuya perniciosa influencia no consideraba libres a los científicos. En su conferencia ‘Ciencia de culto cargo’ (1974) –en alusión a los cultos «cargo» sobrevenidos en las culturas polinesias-, cargaba contra discursos con apariencia científica que en realidad no son sino pseudociencias, siendo ello consecuencia de la carencia de «una clase de integridad científica, un principio de pensamiento científico que corresponde al tipo de honestidad absoluta». Y proseguía: “El primer principio es que no se debe engañar a uno mismo –y tú eres la persona más fácil de engañar-. Por eso se debe ser muy cuidadoso. Después de no haberte engañado a ti mismo, es fácil no engañar a otros científicos. Tras esto solo debéis ser honestos de una forma convencional». Toda una declaración.

Fue miembro de la Comisión Rogers, creada para determinar las causas del accidente del transbordador espacial Challenger en 1983. Demostró que los materiales utilizados en las juntas tóricas no eran los adecuados, y denunció lo que hoy llamaríamos el economicismo en la ciencia u otros ámbitos, poniendo de manifiesto la ignorancia y desdén de los burócratas de la NASA frente a las exigencias científicas. Mientras los burócratas trabajaban con una probabilidad de siniestro de 1/100000, los ingenieros lo hacían con 1/200. Cuando se intentó prohibir la divulgación de los resultados, amenazó con dimitir. Lo dijo públicamente en televisión.

Richard Feynman murió a los 69 años, tras una intervención quirúrgica para tratarle los dos tipos de cáncer que padecía, el 15 de febrero de 1988. Se dice que sus últimas palabras fueron “No me gustaría morir dos veces; es tan aburrido”.

Pero esta entrada la concluiremos con otra cita suya, especialmente brillante y de rabiosa actualidad, en unos tiempos en que el desgaste de las palabras amenaza con adulterar su verdadero significado:

Lo que necesitamos es imaginación, pero imaginación encorsetada en una terrible camisa de fuerza que es el conocimiento”.

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También un 11 de abril se cumplen estas otras efemérides

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