Robespierre

Imagen: Retrato de Maximilien de Robespierre (1758-1794) / Wikimedia

Tal día como hoy… Robespierre era ejecutado en la gillotina

Fue detenido el 27 por la tarde y ejecutado el 28 por la mañana, todo muy rápido

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El 28 de julio de 1794 eran sorpresivamente ejecutados en la guillotina quienes en los últimos tiempos a más gente habían enviado a ella: Maximilien de Robespierre (1758-1794)) y su estrecho colaborador  Louis-Antoine de Saint-Just (1767-1794). Concluía con ello la denominada «época del terror» y comenzaba la de otro terror no menos temible, el de la reacción y el imperialismo que llevaría a las guerras napoleónicas.

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CV / Uno de las máximos y más lúcidos críticos de la Revolución francesa, el inglés Edmund Burke (1729-1797), se refirió a la época del terror y al aguillotinamiento indiscriminado entendiendo que los «pobres» franceses se estaban moviendo en base a abstracciones. Un mal originario el despliegue de cuyo proceso lógico pasa necesariamente por la eliminación de la diferencia de la individualidad que, por el hecho de serlo y de ser por ello diferente, no solo merece, sino que exige ser suprimida. Todo lo que no sea el ciudadano ejemplar entendido como un universal escolástico, ha de ser también suprimido por sus debilidades. Y claro, tomar un concepto teórico por una realidad materializada que se resiste a serlo, lleva a lo que lleva.

Antes de la Revolución Robespierre era lo que hoy en día conoceríamos como un activista pro derechos humanos, radicalmente opuesto a la pena de muerte

De Robespierre y de Saint-Just se ha dicho prácticamente todo, y poco bueno, casi nada… Antes de la Revolución Robespierre era lo que hoy en día conoceríamos como un activista pro derechos humanos, radicalmente opuesto a la pena de muerte y a todo tipo de arbitrariedad autoritaria. Un rousseauniano integral. Desde el primer momento de la Revolución, los conflictos de intereses entre los distintos grupos y sectores sociales que la promovían le inclinaron hacia el partido de los sans-culotte, los parias y desheredados que hacían de carne de cañón, y se opuso a los especuladores que encarecían los precios para socavar a la Revolución. Dirigió el sector más radical política y socialmente, y llegó a disponer de un poder casi omnímodo. Fue uno de los promotores de la ejecución del Luis XVI y María Antonieta.

A medida que las rencillas entre los revolucionarios de la Convención arreciaban, se fue distanciando de Dantón, hasta llevarlo a la guillotina en un juicio político e instrumentalizado desde el primer momento, y liquidando por el mismo medio a los girondinos. No titubeó en llevar a la guillotina a amigos suyos, ni a desencadenar la represión contra la multitud que hizo sorna de su discurso encumbrando en la cima del universo a la diosa Razón.

Se dice que la revolución acaba devorando a sus hijos, pero en rigor quizás habría que decir que son sus propios promotores quienes acaban devorándose entre ellos y que son los hijos los que realmente acaban desplazándoles, que es lo que al final hizo Napoleón.

Algo así ocurrió con Robespierre. De tanto eliminar revolucionarios, acabó olvidándose de los contrarrevolucionarios de verdad, que siguieron conspirando y favoreciendo las divisiones internas hasta que llegara el momento de tomar el poder. Y son los contrarrevolucionarios quienes le sucedieron después de la conspiración de Thermidor. Fue detenido el 27 por la tarde y ejecutado el 28 por la mañana, todo muy rápido.

Quizás, camino de la guillotina, debió pensar en sus últimos momentos que no mató a los suficientes. Se le hubiera podido recordar la frase de Séneca a Nerón: “Por más que mates, no estará entre ellos tu sucesor”.

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