Sacco y Vanzetti

Nicola Sacco (der.) y Bartolomeo Vanzetti (izq.).

Tal día como hoy… 23 de agosto de 1927 eran ejecutados Sacco y Vanzetti

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El 23 de agosto de 1927, en Massachusetts (EEUU), eran ejecutados en la silla eléctrica los anarquistas italianos Nicola Sacco (1891-1027) y Bartolomeo Vanzetti (1888-1927). Habían sido acusados de asesinar a dos personas en South Braintree (Massachusetts), el portador de las nóminas para pagar a los obreros de una fábrica y su escolta. Fueron hallados culpables y condenados a muerte en un juicio plagado de irregularidades y en una atmósfera social de racismo anglo-sajón hacia la inmigración italiana.

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CV / Se dice que la cultura de los Estados Unidos es la del melting pot, un concepto acuñado por el autor británico de origen judío Israel Zangwil (1864-1926), que significa algo así como «crisol» de razas, etnias o culturas, para describir cómo sociedades heterogéneas se organizan y combinan acabando por formar una sociedad multiétnica. Siendo muy prudentes, diremos que, en todo caso, el proceso hacia este melting pot fue en los EEUU muy «accidentado» y que llevó intrínsecamente aparejada la asociación, según el grupo, a un determinado ghetto socioeconómico fuertemente estratificado. El caso de Sacco y Vanzetti, es una prueba de ello.

Sin duda habían participado en acciones violentas, pero se ignora en qué medida. Lo que nunca pudo probarse es su participación los hechos que se les imputaron

A falta de una aristocracia de rancio abolengo como las europeas, la pirámide socioeconómica norteamericana se estructuró en grupos étnicos cuya disposición corrió pareja su poder económico. En la cúspide, la población de origen inglés, a la que se incorporaron también las de culturas europeas más o menos asimiladas –holandeses y escandinavos…-, emblematizados por la figura del W.A.S.P –White, Anglo-Saxon, Protestant-. En los estratos inferiores y en orden descendente, la población blanca de origen irlandés, centroeuropeo eslavo e italiano. Finalmente, los colectivos latinoamericanos y mestizos y, en el último eslabón, la población negra. Los indios ni contaban…

Sacco y Vanzetti eran inmigrantes italianos, zapatero y pescadero, respectivamente. De ideología anarquista militante, se sabe que formaban parte de grupos seguidores de Luigi Galleani –deportado de los EEUU en 1919-, que postulaba la violencia armada contra la injusticia social y como respuesta al pistolerismo empresarial. Sin duda habían participado en acciones violentas, pero se ignora en qué medida. Lo que nunca pudo probarse es su participación los hechos que se les imputaron.

La pistola con que se cometieron los asesinatos no era la de Vanzetti, que declaró haber estado vendiendo pescado todo el día. Sacco afirmó que había estado en el consulado italiano de Boston para renovarse el pasaporte. El funcionario que le había atendido se encontraba en Italia y enfermo cuando se celebró el juicio, y declaró por escrito sin que su testimonio fuera tenido en cuenta. Los testigos de la acusación fueron contradictorios. Aunque no consta por escrito, posteriores declaraciones de gente presente en la sala de vistas aseguraron que el juez del caso, Webster Thayer, se dirigió al jurado afirmando que aunque aquellos hombres no hubieran cometido el crimen del que se les acusaba, eran culpables porque eran enemigos de las instituciones americanas. Tras deliberar solo tres horas, incluido un receso para cenar, el jurado los declaró culpables. Aplicando las leyes de Massachusetts, correspondía la pena de muerte.

Durante los seis años siguientes sucedieron las apelaciones y las protestas. Intelectuales como Bertrand Russell, John Dos Passos, Dorothy Parker, George Bernard Shaw o H. G. Wells, se manifestaron públicamente pidiendo un nuevo juicio, porque el anterior había estado viciado desde un buen principio. En el mismo sentido se pronunciaron eminentes juristas, entre ellos Felix Frankfurter, entonces afamado abogado y futuro juez de la Corte Suprema de los EEUU. La misma Corte que el 8 de abril de 1927 rechazó todas las apelaciones confirmando la sentencia de muerte.

Intelectuales como Bertrand Russell, John Dos Passos, Dorothy Parker, George Bernard Shaw o H. G. Wells, se manifestaron públicamente pidiendo un nuevo juicio

Las últimas palabras de Vanzetti fueron de agradecimiento a los guardias por su amable trato y una declaración de inocencia, perdonando a «algunas» personas por lo que le estaban haciendo. Las de Sacco fueron “Viva la anarquía”.

En 1977, cincuenta años después de la muerte de su muerte y tras una revisión del proceso judicial, el gobernador del estado de Massachutsetts, Michael Dukakis, hizo una declaración oficial admitiendo que Sacco y Vanzetti fueron injustamente encarcelados, juzgados y condenados, y que cualquier desgracia debería ser para siempre borrada de sus nombres. No emitió el perdón póstumo porque hubiera sido el reconocimiento de su culpabilidad.

En realidad, no se sabe si Sacco y Vanzetti fueron los autores de los hechos que les imputaron. Lo que sí se sabe es que no había prueba concluyente alguna que lo demostrara, y esto, en un estado de derecho, sí es concluyente.

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