Saco de Roma

Saqueo de Roma. 6 de mayo de 1527. Grabado diseñado por Martin van Heemskerck y publicado en 1555. / Wikimedia

Tal día como hoy…. 6 de mayo de 1527 las fuerzas imperiales hispano-germanas entraban en Roma sembrando el terror

 

El 6 de mayo de 1527 las fuerzas imperiales hispano-germanas de Carlos V entraban en Roma sembrando el terror en la ciudad durante tres días, causando un gran número de víctimas e incontables daños materiales. Fue el Saco de Roma, probablemente el mayor saqueo que haya sufrido jamás la Ciudad Eterna en toda su historia, desde los tiempos del saqueo vándalo en el año 455, más de mil años antes..

 

CV / Italia se había convertido en el campo de batalla entre españoles y franceses. Esta pugna se había recrudecido con la entronización de Carlos I de España como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico como Carlos V, añadiendo al conflicto los intereses que desde siempre había mantenido el Imperio en la península itálica.

Las ciudades y los principados italianos se aliaban con unos o con otros según el caso

Las ciudades y los principados italianos se aliaban con unos o con otros según el caso. La situación la había definido muy bien el rey Francisco I de Francia cuando afirmó, que «a pesar» de las guerras que sostenían, entre su primo Carlos y él había acuerdo, ambos querían lo mismo: Milán.

El año anterior los franceses habían sido derrotados en Pavía y Carlos V se convertía en el dueño de la situación. Para intentar compensar lo que para los estados italianos era un desequilibrio indeseable, el papa Clemente VII firmó entonces un pacto con Francisco I de Francia, Enrique VIII de Inglaterra –que se desmarcó al poco tiempo-, Venecia, Milán y Florencia contra el emperador, constituyendo la Liga de Cognac. Lógicamente, Carlos V se lo tomó muy mal.

Los imperiales derrotaron de nuevo a los franceses y se hicieron con el control de Milán, dominando todo el norte de Italia. Pero las cuentas del emperador no andaban muy finas y las tropas no recibían su paga desde hacía tiempo. El descontento entre la soldadesca indujo al comandante del ejército, el condestable Carlos de Borbón, a marchar hacia el sur, hacia Roma, para tomar la ciudad antes de que la Liga pudiera formar un nuevo ejército. El ejército imperial estaba compuesto por unos 700 hombres de armas, 800 jinetes, 3000 infantes italianos, 5000 españoles y unos 10000 landsquenetes germanos.

Muy especialmente para estos  diez mil germanos, la mayoría de ellos luteranos, Roma era mucho más que la posibilidad de obtener un suculento botín: era la morada del anti-Cristo, la Babilonia bíblica, la lujuriosa sede del papa católico; así que iban a pagar dos pájaros de un tiro.

Carlos de Borbón tenía prisa, corría el riesgo de verse atrapado entre el asedio de la ciudad y el nuevo ejército que la Liga estaba formando, de modo que optó por un ataque rápido

Carlos de Borbón tenía prisa, corría el riesgo de verse atrapado entre el asedio de la ciudad y el nuevo ejército que la Liga estaba formando, de modo que optó por un ataque rápido y fulminante. Roma estaba defendida por unos 3000 soldados de la Liga, unos 200 guardias suizos y unos 5000 milicianos reclutados entre la población de la ciudad. No fueron suficientes.

El 6 de mayo atacó las murallas de Roma por el Janículo –el actual barrio romano del Trastévere- y la colina vaticana. Cuando el ejército asaltante había empezado a superar la murallas, el condestable de Borbón fue alcanzado por una bala de arcabuz y murió al poco rato. La tropa asaltante perdió entonces toda disciplina y se dedicó a empezar el saqueo de la ciudad, sin que sus mandos pudieran ni hicieran nada para evitarlo. La guardia suiza fue exterminada en las escalinatas de la basílica de San Pedro y el papa corrió a refugiarse en el castillo de Sant’Angelo por un pasadizo secreto que todavía existe. Desde allí pudo contemplar el saqueo de su ciudad durante tres días.

Se destruyeron y robaron objetos de las iglesias y los palacios, excepto los de aquellos pagaron el correspondiente rescate para evitarlo. Hubo asesinatos, violaciones. Para hacernos una idea, baste el siguiente ejemplo. El cardenal Pompeo Colonna, miembro de una de las familias históricamente más influyentes de Roma, estaba enemistado con el papa Clemente VII. En sus trifulcas, el papa había ordenado hacía poco saquear sus propiedades y tierras –lo del saqueo no era patrimonio exclusivo de españoles y germanos. Conocedor de la ocupación de Roma, acudió con algunas fuerzas seguidas de sus campesinos, para vengarse del anterior agravio, pero cuando vio la devastación quedó conmovido y hasta ofreció su palacio como refugio.

El príncipe de Orange, nuevo jefe del ejército en substitución del fallecido Borbón, ordenó a los tres días que cesara el saqueo, pero solo fue obedecido parcialmente

El príncipe de Orange, nuevo jefe del ejército en substitución del fallecido Borbón, ordenó a los tres días que cesara el saqueo, pero solo fue obedecido parcialmente. El papa se rindió el 6 de junio y acordó pagar un rescate de 400.000 ducados a cambio de su vida y varias cesiones territoriales. Venecia cambió de bando y ocupó Rávena…

Es difícil dar cifras precisas, pero parece que Roma perdió unos 45.000 habitantes entre muertos, heridos y huidos, además de incalculables daños materiales en edificios, obras de arte… Carlos V quedó profundamente impresionado por tanta barbarie, muy especialmente porque se consideraba el defensor de la fe católica. Se dice que vistió luto durante un tiempo en señal de duelo. Eso sí, Clemente VII nunca más se atrevió a contrariar al emperador.

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