“Su debate se reaviva debido a la reciente publicación de otro artículo en la revista Journal of the American Medical Association en el que se describe la relación entre un bajo consumo de sodio y la muerte cardíaca”

Estudio científico sobre la necesidad de recalcular la cantidad ideal de sal

.

Nadie es ajeno a las advertencias sobre la reducción del uso de sal para proteger la salud del corazón. Ahora, una nueva investigación de un grupo internacional de investigadores sugiere que una concentración excesivamente alta o baja de sal puede aumentar el riesgo cardiovascular en pacientes de determinadas afecciones, como cardiopatías o diabetes.

Al estudio, publicado en la revista Journal of the American Medical Association, han contribuido investigadores de Canadá, Alemania, Irlanda, Filipinas y Reino Unido y sus resultados podrían poner en duda la relación vigente en el entorno médico que existe entre la sal y los problemas cardíacos.

Sus investigaciones confirman, tal y como se esperaba, que el consumo moderado de sal está asociado con un riesgo menor de sufrir problemas cardiovasculares.

Además, demostraron que mientras que un mayor consumo de sal estaba asociado con un aumento del riesgo de ictus, infarto de miocardio u otras afecciones cardíacas, un consumo bajo de sal estaba asociado con un aumento del riesgo de muerte cardiovascular y hospitalización por insuficiencia cardíaca congestiva.

El grupo obtuvo los resultados de su estudio examinando a 28 880 personas con riesgo de enfermedad cardíaca, e investigaron la relación entre actividad cardiovascular y la excreción de sodio, como método para medir el consumo de ese elemento, componente principal de la sal.

Uno de los autores del estudio, el profesor Martin O’Donnell de la Universidad Nacional de Irlanda (NUI) en Galway, explicó que esta nueva investigación concuerda con el corpus científico existente al respecto: «Esta investigación aborda un importante problema de salud pública: la asociación entre el consumo de sodio (sal) y las cardiopatías. Su debate se reaviva debido a la reciente publicación de otro artículo en la revista Journal of the American Medical Association en el que se describe la relación entre un bajo consumo de sodio y la muerte cardíaca. En general, en estudios de observación anteriores se han descrito relaciones positivas, una ausencia de relación o relaciones inversas entre el consumo de sodio y las cardiopatías y el ictus, resultados que han provocado gran controversia».

En relación a esta última investigación, destacó: «Nuestro estudio es el primero en demostrar una relación en forma de J entre el consumo de sodio y las cardiopatías, lo cual explica por qué en estudios anteriores se han obtenido distintos resultados».

Ahora bien, ¿cómo es posible adoptar los hábitos más saludables? ¿Cabe la posibilidad de actuar de algún modo que resulte más positivo que otro?

.

Contradicciones con la OMS

Los resultados ponen sin duda en entredicho las directrices actuales de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en relación al consumo de sal, que aconseja consumir menos de 2,3 gramos al día.

Estas directrices se basan principalmente en ensayos clínicos en los que se describe que la tensión arterial disminuye ligeramente cuando se reduce el consumo de sal a la cantidad mencionada, hecho también confirmado en este nuevo estudio.

Pero la laguna que presentaba la investigación, y que el grupo ha identificado, se refiere a no haber explorado más este resultado para determinar si dichos niveles bajos de sodio reducen la incidencia de infartos de miocardio e ictus.

En el caso de pacientes con cardiopatías, es de vital importancia precisar el consumo diario de sodio pues podrían verse afectados por un consumo de sal tanto alto como bajo. Sin embargo, según el conocimiento médico vigente, lo más probable es que se les aconseje reducir el consumo de sal.

«Nuestra investigación confirma una relación entre el consumo alto de sodio y el aumento del riesgo de cardiopatías, lo cual pone de manifiesto la importancia de la reducción de la sal en las personas que consumen dietas ricas en sodio (entre seis y siete gramos al día) y la importancia de los esfuerzos para reducir el contenido de sodio de muchos alimentos manufacturados ricos en sal», comentó el profesor O’Donnell.

Sin embargo, expresó su preocupación por la «incertidumbre que existe sobre si las personas con un consumo moderado o medio de sal deben reducir aún más su consumo».

«El único modo de resolver esta incertidumbre requiere un gran ensayo controlado y aleatorio que determine si reducir aún más un consumo moderado de sodio hasta unos niveles más bajos, reduce la incidencia de cardiopatías e ictus. Si bien podemos aceptar que existen retos para llevar a cabo dichos ensayos, la realización de los mismos es necesaria, dadas sus implicaciones en la salud pública», subrayó el profesor O’Donnell.