Salvar al soldado Mas

¿Quién irá a los debates de TV3? ¿Lancelot/Romeva, Morgana/Forcadell… o el número cuatro de la lista que va para presidente? / Imagen: Wikipedia

En el país de Wondercat

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Xavier Massó_editedXavier Massó / x.masso@catalunyavanguardista.com

¿Alguien se imagina qué ocurriría en los Estados Unidos si el candidato a presidente anunciara que cuando gane las elecciones dimitirá en favor del vicepresidente, y que si se presenta a presidente es para que lo sea el otro, al cual la gente no votaría porque cae mal? Pues bien, esto es ni más ni menos que lo que está ocurriendo actualmente en la Cataluña preindependiente de nuestros días, en el año de gracia de 2015.

Más allá de lo inconcebible que resulta pensar semejante escenario en los Estados Unidos, no cuesta mucho especular con el destino político de un candidato así: no pasaría ni de las primarias de su pueblo. O en cualquier otro país, con independencia de que sea mínimamente serio o no, sin distinciones. Pasó en Argentina, sí, pero incluso allí fue bajo otros condicionantes. Héctor Cámpora se presentó como candidato peronista a las elecciones que convocaron los milicones el año 1973, a las que Perón no podía concurrir porque estaba exiliado. Cuando las ganó, autorizó el retorno de Perón y le cedió los bártulos.

Pero aquí no hay nadie exiliado que no pueda concurrir a las elecciones; luego, ¿cómo se puede entender que un tío que va de número cuatro vaya a ser el investido como presidente si dicha lista gana las elecciones? Porque esto es exactamente lo que se ha anunciado, por parte del propio interesado, con esta suerte de lista para la independencia que concurrirá a las elecciones catalanas del próximo veintisiete de septiembre. Un apaño con ribetes de surrealismo daliniano, pero que a uno se le antoja que más bien enraíza con la mejor tradición del esperpento, eso sí, en su variante bombero torero y la banda del empastre.

De momento, ya es público quiénes serán los tres testaferros que precederán al Sr. Mas y a su escudero Junqueras

De momento, ya es público quiénes serán los tres testaferros que precederán al Sr. Mas y a su escudero Junqueras: un tránsfuga y dos activistas empesebradas que viven del momio, a cuenta de las subvenciones públicas del gobierno presidido por el número cuatro de la lista. El tránsfuga es el Sr. Marc Romeva, que encabezará la lista: un político que vegetó por el Parlamento europeo y que abandonó hace poco su formación, ICV-EUiA, tras comprobar defraudado, para su sorpresa, que los herederos del PSUC no eran suficientemente independentistas. Para su sorpresa… y para la mía ante la suya; porque aunque ICV se parezca al PSUC como la gimnasia a la magnesia ¿desde cuándo el PSUC fue una formación independentista? ¿No sabe el camarada Romeva lo que les contestó Einstein, durante su visita a Barcelona en los años treinta, a un grupo de activistas que se le presentaron como nacionalistas y de izquierdas? “Das passt nicht zusammen”: no pueden darse ambas cosas a la vez.

Por lo demás, entre los incumplimientos del Sr. Romeva cabría destacar su solemne afirmación, al abandonar ICV-EUiA, según la cual dejaba la política. Claro que, seguramente y como corresponde a un buen nacionalista, encabezar esta candidatura no es hacer política, sino país. Una distinción de matiz que acostumbra a escapársele al común de los mortales. Y eso sí, según afirma el tránsfuga, la candidatura que encabeza “no es la lista de Mas ni de ERC”, ¿Tal vez un lapsus línguae? Porque no deja de ser curioso que cite a Mas por su nombre, mientras que, en cambio, cita a ERC, no a Junqueras. ¿De quién es la lista, Sr. Romeva?

Las dos activistas son Carme Forcadell y Muriel Casals. La primera fue hasta hace poco presidenta de la ANC, una plataforma pensada como agitprop de los designios independentistas del Sr. Mas, y receptora de todo tipo de subvenciones para la consecución de sus fines. Forcadell es una activista populista y sectaria que actúa como si fuera la Juana de Arco catalana, pero que boquea y bracea como Marine Le Pen. La segunda, Muriel Casals, más de lo mismo, sólo que menos populista y con pretensiones de mayor pedigrí. Es la presidenta de Òmnium Cultural, una asociación en sus orígenes dedicada al fomento y recuperación de la lengua catalana, hoy convertida en una plataforma más del agitprop independentista auspiciado desde el poder.

¿Para qué todo este montaje? ¿Se trata simplemente de «salvar al soldado Mas»?

Estos son los tres «independientes» que harán de testaferros en la lista urdida para taparle las vergüenzas a Artur Mas y facilitar que vuelva a ser investido presidente con el objetivo de declarar la independencia a los seis meses de las elecciones. A Mas le sigue Junqueras en la lista, de número cinco. Tras ellos, puede que otro par de «independientes» paniaguados y gente de CDC y de ERC, al 60 y 40%, respectivamente. La pregunta es, si Más va a ser el presidente y así se proclama explícitamente ¿Para qué todo este montaje? ¿Se trata simplemente de «salvar al soldado Mas», aunque quizás mejor debiéramos decir «saldado», porque es un político amortizado que se resiste a perder su lugar en el Sol? ¿O hay algo más?

Miquel Iceta (PSC) hacía unas interesantes observaciones sobre esta lista/embrollo. Se preguntaba el dirigente socialista si Mas asistirá a los debates, mítines y actos electorales en representación de su lista, o si, por el contrario, dejará que los otros se batan el cobre por él. Es decir, si hará campaña o si delegará en sus testaferros y se situará por encima del bien y del mal, adoptando el perfil de un «roi fainéant», como su tocayo el rey Arturo en los relatos de la Materia de Bretaña. ¿Quién irá a los debates de TV3? ¿Lancelot/Romeva, Morgana/Forcadell… o el número cuatro de la lista que va para presidente? O lo que es lo mismo ¿Se dará gato por liebre?

Porque no es otra cosa que un monstruoso engaño, y un insulto a la inteligencia de la ciudadanía, que se presente a un debate el camarada Romeva presumiendo de izquierdista y con propuestas contra la privatización de la sanidad, por ejemplo, para que luego nos encontremos de nuevo con el inefable Boí Ruiz como consejero de sanidad, un individuo cuya desfachatez ha llegado hasta los límites, parafraseando a Groucho Marx, de ser ambas partes contratantes de las partes contratantes en los contratos de privatización de la sanidad pública catalana, uno de los auténticos «dorados» de la corrupción del gobierno del Sr. Mas. ¿Qué hay detrás de todo este montaje?

CDC nunca fue un partido en el sentido estricto del término, sino más bien una suerte de «movimiento»

CDC nunca fue un partido en el sentido estricto del término, sino más bien una suerte de «movimiento» que pivotaba alrededor de la familia Pujol y allegados. Mas fue uno de estos allegados, y Pujol le nombró sucesor interino a la espera de que su hijo Oriol estuviera en condiciones de hacerse llevar las riendas. Dicho proyecto se truncó, al menos por dos razones. La primera fue el estallido de los innumerables casos de corrupción que afectaron a CDC y que afectaron directamente al «heredero» Oriol, hoy procesado; así como también a sus hermanos y resto de la «familia», incluido el propio patriarca.

La segunda razón incide muy probablemente el cúmulo de circunstancias que llevaron a CDC a apostar explícitamente por el viraje independentista. Un proceso que capitalizó Artur Mas y que le consolidó en el liderazgo de CDC, en cuya cúpula aupó a toda una serie de personajes de segunda o tercera fila, crecidos durante el «pujolato», y con tales déficits de formación política e intelectual que más bien parece que, en lugar de categorías políticas, piensen con categorías futbolísticas.

Sin duda alguna, el clan Pujol no fue ajeno en absoluto a este viraje. Al contrario, muy probablemente fue el propio patriarca quien lo auspició y bendijo. ¿Con qué finalidad? Aquí aparecen ciertas dudas que, en todo caso, se quedan en lo meramente especulativo visto como han ido las cosas. Puede que Pujol considerara que la situación ya estaba madura para apostar por la independencia -ERC no deja de ser un hijo natural suyo, al fin y al cabo, concebido como avanzadilla de combate-; o puede también que lanzara a Mas para que se batiera el cobre y, si la cosa salía mal, aplicarle luego la receta «Ibarretxe», irrumpiendo entonces el heredero natural, y acaso retornando al pragmatismo, al «seny» político. Cierto que «seny» político y «Oriol Pujol» constituyen un oxímoron paradigmático, pero fuera como fuere, la cosa se torció por las corruptelas del entrañable Oriolet. Y Mas acabó mandando y consolidado.

Tras apuntarse al independentismo, Mas decide convocar elecciones anticipadas en la confianza que su «conversión» sería su talismán. Pedía una mayoría excepcional, pero fue que no: doce diputados migraron casi íntegramente a ERC, en cuyas manos quedó. Y mientras la crisis arreciaba y los recortes en Cataluña superaban con creces a los del resto de España, Mas se enrocó en el «procés» como única tabla de salvación.

Sintiendo el aliento de ERC en su nuca, y tratando desesperadamente de recuperar la iniciativa, promete un referéndum que acaba convertido en una mojiganga. Después propone anticipar nuevamente las elecciones con la condición de que se configure una lista unitaria por la independencia. Todo ello pensando en cómo vampirizar a ERC, principal receptora de sus votos perdidos. Mientras tanto, la corrupción seguía escampándose en su partido como una mancha de aceite, hasta implicándole directamente. ERC, pensando en el «sorpasso», se resistió a los cantos de sirena de Mas. Pero le impuso la agenda.

Desde el referéndum/barbacoa del 9-N hasta las recientes elecciones municipales, los acontecimientos se han precipitado

Desde el referéndum/barbacoa del 9-N hasta las recientes elecciones municipales, los acontecimientos se han precipitado. Por un lado, C’s amenaza con superar de largo el techo electoral del españolismo en Cataluña. Por el otro está PODEMOS, considerado lerrouxista por el propio Mas. Ambos fenómenos apuntan hacia el peor de los posibles escenarios para el «procés»: una españolización de la política catalana en la que el independentismo podría quedar diluido o descolocado. Las elecciones municipales fueron un aviso de lo que podría ocurrir, y al final Mas se ha salido con la suya.

CDC y ERC han hecho cada uno sus cuentas; y no les salen. Las siglas CDC apestan a corrupción y son un lastre en estos momentos. Y luego está el todavía incierto impacto de la ruptura con la Unió de Duran Lleida.  Mas se encuentra, pues, más débil que nunca. Sin duda su opción hubiera sido no convocar elecciones anticipadas, aguantar un año y medio más, y luego a ver qué pasa. Pero sabe que eso sería su muerte política.

Tampoco ERC cumplió con sus expectativas, quedando lejos del sorpasso y estancada. De ahí puede inferirse que la migración del voto convergente hacia ERC ya ha dado de sí todo lo que podía dar. Además, con la irrupción de PODEMOS, hasta puede que algunos descubran que ERC sólo tiene de izquierdas la «E» de sus siglas, y largarse a PODEMOS o a las CUP. No, tampoco para ERC el panorama era, ni de lejos, tan halagüeño como felizmente se las habían prometido.

Y se recurrió a la componenda. Con un testaferro pseudoizquierdista y dos activistas para dar el pego y crear el espejismo de una candidatura transversal y «despolitizada», con la independencia como único objetivo. Pero la duda sigue siendo quién irá a los debates y a los mitines; quién dará la cara.

Lo antiguos reyes tenían un esclavo que les probaba la comida para saber si estaba envenenada. Si se moría, el rey no la probaba. Si no se moría, quien se daba el festín tras la cata era el rey; y el esclavo a comerse las sobras. Puede que sea ni más ni menos que esto. Estamos en Wondercat, no lo olvidemos.

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