En 2015, el campus de la Universidad Técnica de Delft (Países Bajos) fue el escenario de un test de Bell en el que dos electrones separados más de un kilómetro mantuvieron una conexión invisible e instantánea. / UT Delft

Se buscan voluntarios cuánticos para participar en el Gran Test de Bell

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¿Cambian los átomos cuando los miramos? ¿Pueden hablar entre ellos para decirse que los estamos observando? Un nuevo proyecto tratará de responder a estas preguntas con la ayuda de todos los ciudadanos dispuestos a generar ceros y unos de forma aleatoria en el Gran Test de Bell, un proyecto mundial coordinado desde el Instituto de Ciencias Fotónicas, en Barcelona, para realizar experimentos de física cuántica en diferentes laboratorios de todo el mundo el 30 de noviembre.

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SINC / El sentido común nos dice que la materia existe independientemente de nosotros, pero la física cuántica de Niels Bohr afirma que observar el mundo lo puede cambiar, una idea a la que se oponía con vehemencia su amigo Albert Einstein.

Una de las vías con la que los físicos investigan cuál de los dos grandes científicos tenía razón es el test de Bell, con el que tratan de descubrir si las partículas cuánticas realmente están entrelazadas de forma secreta y ‘conspiran’ cambiando su apariencia solo cuando las miramos.

El próximo 30 de noviembre cualquier persona tendrá ocasión de participar en el denominado Gran Test de Bell (The BIG Bell Test, en inglés), para demostrar, por primera vez, que las decisiones humanas pueden contribuir a la ciencia fundamental, y, a la vez, poder llevar a cabo pruebas científicas nunca antes realizadas.

Los participantes se enfrentarán al reto de crear una secuencia de ceros y unos los más aleatorios posible

Este proyecto está coordinado por el Instituto de Ciencias Fotónicas (ICFO), que con la ayuda de los bellsters, ese día llevará a cabo experimentos de física cuántica de forma simultánea en diferentes laboratorios de todo el mundo.

Para que la iniciativa funcione se requiere la contribución de al menos 30.000 personas, que podrán participar a través de un videojuego, creado específicamente para este proyecto, en el sitio web http://www.thebigbelltest.org.

Todo aquel que se una a la iniciativa se enfrenta al reto de crear una secuencia de ceros y unos los más impredecibles o aleatorios posible. Estos bits se enviarán en tiempo real a los experimentos de física cuántica, donde van a determinar las ‘preguntas’ (es decir, las mediciones realizadas) de los objetos cuánticos, que incluyen átomos, fotones y superconductores.

Carlos Abellán, estudiante de doctorado en el ICFO e instigador del proyecto, además de ser el diseñador de la plataforma que redirigirá los datos a cada laboratorio, señala: “Lo más fascinante del BIG Bell Test es que las personas y los científicos juegan un papel de igual importancia para el éxito del experimento. Es una oportunidad única para acercar la investigación de frontera en física cuántica a la gente”.

El objetivo principal de The BIG Bell Test es demostrar, por primera vez, que las decisiones humanas pueden contribuir a la ciencia fundamental, y, al mismo tiempo, llevar a cabo una serie de experimentos nunca antes realizados.

“La física esconde misterios muy profundos que sólo pueden estudiarse mediante preguntas impredecibles de la naturaleza”, comenta el profesor Morgan Mitchell, del ICFO. “En términos generales, la idea recae en que si la naturaleza sabe lo que le vamos a preguntar, podría engañarnos con una respuesta preparada”.

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Una paranoia apropiada

“Normalmente los científicos no son tan paranoicos, pero algunas de las predicciones hechas por la física cuántica son tan extrañas –partículas diminutas que se hablan la una a la otra separadas por enormes distancias, objetos que se comportan de manera diferente cuando no los estamos mirando–, que llevan a pensar que la paranoia es completamente apropiada, incluso necesaria. En este contexto, los seres humanos toman decisiones independientes, las cuales son muy valiosas, y comprenden una forma única de hacer preguntas impredecibles, sin importar qué secretos la naturaleza nos podría estar escondiendo”, añade.

Esta iniciativa surgió a raíz de las contribuciones hechas por el ICFO a los experimentos de Bell realizados en el 2015, experimentos que supusieron una atención y dedicación extraordinaria a la naturaleza de la aleatoriedad y su papel en experimentos de física. Este instituto contribuyó a estos experimentos aportando un generador físico de números aleatorios que produce números aleatorios muy puros y a una velocidad muy rápida.

Aquellos experimentos fueron los que inspiraron la idea de realizar un experimento a gran escala controlado por seres humanos y utilizando las tecnologías de internet actuales.

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Nueve experimentos globales para The BIG Bell Test

El próximo 30 de noviembre habrá nueve experimentos del Gran Test de Bell llevándose a cabo de forma simultánea en instituciones científicas de todo el mundo:

CQC2T – Universidad de Griffith y EQUS – Universidad de Queensland (Brisbane, Australia)
CEFOP / Departamento de Ingeniería Eléctrica de la Universidad de Concepción (Concepción, Chile), nodo que incluye al Departamento de Ingeniería Eléctrica de la Universidad de Linköping, la Universidad de Sevilla y el Dipartimento di Fisica en la Sapienza Università di Roma.
CAS –Universidad de Ciencia y Tecnología de China (Hefei, China)
ICFO (Barcelona)
IQOQI / OEAW (Viena, Austria)
Universidad LMU-Ludwig-Maximilian (Munich,Alemania)
CMLP – Université Nice/CNRS (Niza, Francia)
QUDEV- ETH Zurich (Zurich, Suiza).

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