Se inventa el término “Serendipia”

El cometa Shoemaker-Levy 9 se descubrió en 1993 gracias a una serendipia / Wikimedia

Tal día como hoy… 28 de enero de 1754 se creaba el término Serendipia

 

El 28 de enero de 1754, o al menos en una carta fechada en este día, el político, arquitecto y escritor inglés Horace Walpole (1717-1797) informaba a un amigo suyo de la creación de una nueva palabra que acababa de acuñar: Serendipiaserendipity, en el original inglés-. Aunque hoy bastante en desuso y restringida a registros muy concretos, tuvo un mucho éxito en su momento y se exportó del inglés a la mayoría de lenguas cultas.

 

CV / No ha lugar, pues, a buscar en este vocablo raíces etimológicas ni evolución histórica alguna, ya que su significado es tan arbitrario como como su atribución a él. «Serendipia» proviene de «Serendip», término que en lengua persa designaba a la isla de Ceilán –hoy Sri Lanka-. Pero su significado no tiene nada que ver con dicha isla, o al menos, no sensu stricto.

La Real Academia de la Lengua define ‘Serendipia’ como un «hallazgo valioso que se produce de manera accidental o casual»

La Real Academia de la Lengua define ‘Serendipia’ como un «hallazgo valioso que se produce de manera accidental o casual». Añade a continuación, a modo de ejemplo, que «el descubrimiento de la penicilina fue una serendipia». Es decir, se trata de un hallazgo inesperado cuya obtención no es una consecuencia hipotéticamente prevista como posible resultado de un experimento que debiera llevarnos hasta él, sino que refiere a la obtención de algo distinto a lo que se estaba buscando. En lenguaje más coloquial, una aproximación, con muchos menos matices, a serendipia seria «chiripa», o “de carambola”.

También hay que considerar la capacidad de saber detectar la importancia de este hallazgo inesperado, de ahí que a veces también puede referir a la habilidad de un individuo para detectar o reconocer la importancia de aquello con lo que ha topado inesperadamente. Desde esta perspectiva, el individuo serendípico desmentiría aquella afirmación de Heidegger según la cual uno solo encuentra lo que estaba buscando.

 

Algunas ilustres serendipias

En el registro lingüístico de la historia de la ciencia, decimos que son frecuentes las serendipias. No en vano, el ejemplo de la Real Academia alude precisamente a una de las más famosas, el descubrimiento accidental de la penicilina por parte de Alexander Fleming, cuando al caérsele el contenido de un tubo de ensayo en unos cultivos de bacterias y al encontrárselas al día siguiente muertas, infirió la relación causa-efecto entre el vertido accidental y la extraordinaria importancia del descubrimiento: ni más ni menos que la penicilina, el primer antibiótico.

También la Real Academia alude precisamente a una de las más famosas serendipias, el descubrimiento accidental de la penicilina por parte de Alexander Fleming

Horace Walpole fue un singular personaje de la nobleza británica del siglo XVIII. Educado en Eton y en el King’s College de Cambridge, donde se licenció en arquitectura. Como escritor está considerado el fundador de la novela gótica por su obra ‘El castillo de Otranto’ (1754). Aunque no sabríamos precisar si la denominación «gótica» para el género literario de terror que fundó es demasiado serendípica, a poco que consideremos que el relato se sitúa en la Alta Edad Media italiana, época histórica ligeramente anterior a la aparición del arte propiamente gótico, pero en fin…

Walpole utilizó en sus escritos el término ‘serendipia’ que él mismo había acuñado, y tuvo éxito, porque su uso se generalizó, especialmente en los registros cultos. Según confesaba en esta carta de 1754, la idea de crear esta palabra se le ocurrió leyendo la traducción inglesa de  un antiguo cuento persa, ‘The Three Princeps of Serendip’, o sea ‘Los tres príncipes de Ceilán’, un relato en el cual los personajes iban solucionando sus problemas a partir de una concatenación de increíbles casualidades. Toda una serendipia gracias a la cual pasó a la historia.

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