¿Se puede predecir la gravedad de la COVID19?

Araceli Díaz Perales, del Centro de Biotecnología y Genómica de Plantas de la UPM / UPM

Investigadores de la UPM lideran un piloto en saliva como mas de 2200 diagnósticos que valida un nuevo método para el diagnóstico precoz del COVID y un ensayo clínico en suero con más de 650 diagnósticos que apunta a que es posible predecir la gravedad de la enfermedad en función de la cantidad de anticuerpos asociada a otros marcadores.

 

UPM / COVID 19: Una clase magistral de ciencia y tecnología”. Ese fue el título de la lección magistral que impartieron los  investigadores Araceli Díaz Perales, del Centro de Biotecnología y Genómica de Plantas de la UPM; y Miguel Holgado Bolaños, del Centro de Tecnología Biomédica de la UPM en el acto de conmemoración de la festividad de Santo Tomás de Aquino. En ella, ambos pusieron en valor el trabajo realizado durante estos meses en sus grupos de investigación para desarrollar sistemas de diagnóstico de COVID19, resaltando además la “dificultad que conlleva y dejando constancia de la importancia de la transferencia de la investigación”.

Su trabajo arroja interesantes conclusiones sobre la evolución de la enfermedad y su detección precoz,  pone de manifiesto que “cuando eres grave da igual la edad que tengas”

Pese a que los resultados del trabajo están aún en fase de publicación, los investigadores avanzaron algunos datos sobre los mismos. Gracias a la unión del CTB y el CBGP, y al apoyo de la empresa de base tecnológica BIOD, los investigadores de la UPM, han realizado hasta la fecha más de 2.200 diagnósticos en saliva y más de 650 diagnósticos en sangre. Su trabajo arroja interesantes conclusiones sobre la evolución de la enfermedad y su detección precoz,  pone de manifiesto que “cuando eres grave da igual la edad que tengas”.

Además, durante su ensayo clínico, los investigadores de la UPM descubrieron que un “20% de los donantes sanos de sangre de finales de febrero de 2020 habían pasado o estaban pasando la enfermedad siendo asintomáticos”, y “que había pacientes que aunque pasen la enfermedad parece que no generaban anticuerpos”, explicó Miguel Holgado.

Los investigadores comenzaron a trabajar en el desarrollo de un kit de diagnóstico. “La primera tarea era desarrollar la proteína recombinante, o la parte del virus, que posteriormente íbamos a inmovilizar en los KITs de diagnóstico. Para este primer proyecto fue necesario pasar el primer Comité de Ética de Investigación Clínica y acceder a muestras de pacientes positivos en COVID19. En el mes de abril ya se producía proteína vírica y se podían empezar a utilizar técnicas diagnósticas de laboratorio como ELISA”.

 

Resultados prometedores

En mayo de 2020, la UPM  disponía ya de los primeros KITs de diagnóstico COVID19 capaces de ser utilizados para predecir la gravedad consistentes en una tecnología de diagnóstico escalable, de bajo coste y con la capacidad de poder cribar a un gran número de pacientes, y para testarlo,  los investigadores debían manipular muestras de suero de pacientes que habían pasado el COVID19.“Afortunadamente el CTB dispone de un laboratorio de Nivel de Contingencia Biológica Clase 2, donde tras informar a la Universidad y al Servicio de Prevención de Riesgos Laborales, y seguir sus indicaciones, obtuvimos el permiso para realizar el ensayo clínico”, comentó Holgado.

Para desarrollar su estudio, los equipos de Holgado y Díaz, analizaron un total de 130 muestras del Biobanco del Hospital Clínico a las que  realizaron mediciones de  los títulos de anticuerpos específicos al SARS-COV-2 (IgGs, IgMs e IgAs) así como marcadores inflamatorios (Ferritina y Proteína C Reactiva). El ensayo clínico supuso la realización de 650 diagnósticos en verano, un total de 3250 determinaciones.

Miguel Holgado Bolaños, del Centro de Tecnología Biomédica de la UPM

Los resultados son prometedores. “Descubrimos que con un simple diagnóstico podemos predecir la gravedad y que esta se relaciona con la cantidad de anticuerpos y la ferritina como marcador inflamatorio. “Puede ser un gran avance a la hora de generar una herramienta que ayude a los facultativos médicos”, subrayó Holgado en su intervención.

Junto a ello, con el objetivo de validar un test en saliva como diagnóstico precoz de la enfermedad, en octubre se comenzó un proyecto piloto de investigación, voluntario experimental y no vinculante para detección precoz, vigilancia y control de COVID-19. Así, explica Holgado, en “noviembre teníamos los primeros datos y en el mes de diciembre de 2020 terminamos, con unos excelentes resultados para validar la tecnología”.

 

¿Qué hubiéramos hecho sin la tecnología para combatir al virus?

En su opinión, el caso de la UPM supone un claro ejemplo de que, “a pesar de la frustración por no encontrar una solución global a la pandemia en poco tiempo, desde su inicio la ciencia y la tecnología están siendo claves”. “Sin la tecnología, hubiera sido imposible investigar al virus, desarrollar nuevos sistemas de diagnóstico, crear una vacuna, ser capaces de producirla y distribuirla a escala mundial”, subrayó el investigador Holgado de la UPM.

Por indicar algunas, continuó, nos podríamos preguntar qué hubiéramos hecho sin la famosa invención de la PCR en el año 1983, o los test enzimáticos ELISA inventados en 1971 o el desarrollo de los microscopios. Pero no basta con el desarrollo del biosensor en un laboratorio o una vacuna en un centro de investigación.

A fecha de hoy, se han registrado aproximadamente 300 vacunas candidatas para prevenir el coronavirus a nivel mundial. Y las tres vacunas que ya están siendo empleadas en la vacunación masiva

Por su parte, Araceli Díaz, también participante en el ensayo, citó durante el acto el ejemplo de la científica húngara Katalin Karikó, que está detrás del descubrimiento clave para poder desarrollar vacunas basadas en la ‘tecnología RNA’. “Toda la carrera científica de Karikó se basaba en aprovechar el poder del RNA para luchar contra enfermedades provocadas por patógenos, o por degeneración de nuestras estructuras. Sin embargo, no fue capaz de encontrar financiación durante mucho tiempo”, señaló.

En este sentido, el investigador de la UPM Miguel Holgado puso el énfasis en la necesidad de desarrollar “acciones de transferencia al sector así como contar con los instrumentos de financiación y las alianzas estratégicas que aseguren la escalabilidad”. “Un buen ejemplo es el consorcio liderado por la Universidad de Oxford y la empresa farmacéutica AstraZeneca para el desarrollo de la vacuna contra COVID-19”, citó.

Y es que el desarrollo de las vacunas SARS-CoV-2 ha supuesto un “hito de colaboración y altruismo científico, pocas veces visto en la historia”, subrayó la profesora Díaz Perales. A fecha de hoy, se han registrado aproximadamente 300 vacunas candidatas para prevenir el coronavirus a nivel mundial. Y las tres vacunas que ya están siendo empleadas en la vacunación masiva, Pfizer/Biontech, Moderna y Astrazeneca/Oxford, han demostrado su seguridad, eficacia frente a la enfermedad, y eficacia frente a la transmisión de la enfermedad, indicó.

 

Un claro ejemplo de las consecuencias de no invertir y transferir en ciencia

En el caso de nuestro país, no falta capacidad científica, tampoco tecnológica, pero se necesita capacidad de transferencia. “España ocupa el puesto 11 o 12 en producción científica a escala mundial, y todavía algo mejor en el impacto de la ciencia que produce. Sin embargo, según la OCDE caemos al lugar 30 en innovación  y transferencia”, subrayó Miguel Holgado.

La ciencia es la vacuna que nos permite resistir una nueva e imprevista enfermedad, el airbag, el seguro, que nos permite reunir tiempo para afrontar los nuevos desafíos

Las pandemias, explicó Araceli Díaz, son consecuencia de una tormenta perfecta: invasión de nuevos ecosistemas y exposición a nuevos virus; una dispersión muy rápida; una deficiente respuesta socio-sanitaria; y una falta de medidas de control y prevención. Al igual que ocurrió con la pandemia de la gripe del 18, habrá nuevas plagas humanas, también amenazas a nuestra seguridad alimentaria, y nuevos retos ambientales, económicos, y sociales, que necesitarán un sistema previo de preparación, advirtió la profesora Díaz Perales.

“La ciencia es la vacuna que nos permite resistir una nueva e imprevista enfermedad, el airbag, el seguro, que nos permite reunir tiempo para afrontar los nuevos desafíos. Pero para ello hay que tener infraestructuras fuertes, estables, que permitan crecer. Por ello, deberíamos repensar cómo es la carrera científica española”, resaltó.

 

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