Séneca

El suicidio de Séneca (1871), por Manuel Domínguez Sánchez. / Wikimedia

Tal día como hoy… 12 de abril del año 65 Séneca se quitaba la vida

 

El 12 de abril del año 65, se quitaba la vida cortándose las venas Lucio Anneo Séneca, filósofo, político, orador, senador, y antiguo preceptor del emperador Nerón, acusado por éste de haber participado en una conjura contra él. No esperó a que la sentencia se ejecutara y prefirió quitarse la vida él mismo.

 

CV / Séneca es una de las figuras intelectuales más prominentes de su época, y acaso el filósofo propiamente romano más significativo de la corriente estoica, la escuela helenística de la Stoa, fundada a finales del siglo IV aC por el griego Zenón de Citio (336-261aC); corriente filosófica en la cual también se inscribirían Cicerón (106-43aC) o Marco Aurelio (1221-180).

Séneca es una de las figuras intelectuales más prominentes de su época, y acaso el filósofo propiamente romano más significativo de la corriente estoica

Se sabe poco de la vida de Séneca antes de su irrupción como cargo público en Roma, y lo que se sabe procede del propio Séneca. Nació probablemente en Córdoba, hijo de una rica e influyente familia de la orden ecuestre. Llegó a Roma de muy joven bajo la protección de su tía Marcia, y fue introducido en el estoicismo por su maestro Atalo. Se sabe también que en el año 37, cuando Calígula sucedió a Tiberio, era ya un afamado senador que destacaba por su capacidad oratoria. Tras el asesinato de Calígula y el nombramiento de Claudio, fue condenado a muerte, a instancias de la emperatriz Mesalina, que al parecer le odiaba. Séneca era un importante miembro del Senado romano, y Claudio había sido coronado por la guardia pretoriana. Es posible que Mesalina viera en Séneca un peligro para el nuevo emperador. En cualquier caso, Claudio acabó conmutándole la pena de muerte por la de destierro en Córcega.

Eran tiempos truculentos en los que nadie tenía la cabeza segura sobre los hombros. La propia y todopoderosa Mesalina, su enemiga, cayó en desgracia ocho años después, tras un sonoro escándalo sexual, y fue ejecutada por orden de Claudio. Séneca regresó entonces a Roma y supo ganarse la amistad y la confianza de la nueva esposa imperial, Agripina la Menor, que le confió la instrucción de su hijo, el futuro emperador Nerón, al cual Claudio nombró su sucesor en perjuicio de su propio hijo, Británico.

Aunque no hay ninguna evidencia de que Séneca participara en el envenenamiento de Claudio, es difícil creer que fuese ajeno a la trama

Aunque no hay ninguna evidencia de que Séneca participara en el envenenamiento de Claudio, es difícil creer que fuese ajeno a la trama. También parece que Claudio, cuyas desavenencias con Agripina eran cada vez más notorias, estaba pensando en desheredar a Nerón y nombrar sucesor a Británico. Y esto ciertamente no debía ser del agrado de Séneca. El caso es que Agripina decidió quitar de en medio a Claudio, tras cuya muerte su hijo Nerón, pupilo de Séneca, fue nombrado emperador. Y también está claro que a Séneca no le debía caer muy bien Claudio, a juzgar por su Apocolocyntosis divi Claudio, una sátira que refiere la fallida apoteosis –conversión en dios- del «divino» Claudio y su transformación en calabaza.

Tras su coronación, Nerón –que tenía entonces 17 años-, nombró a Séneca consejero imperial y ministro. Hizo además buenas migas con el oficial pretoriano Sexto Afranio Burro, y ambos fueron durante los siguientes quienes gobernaron de facto el Imperio romano, mientras Nerón se dedicaba a dar pábulo a sus veleidades poéticas y olímpicas, todavía por entonces inocuas. Y según las crónicas, Séneca y Burro no lo hicieron nada mal como gobernantes. Pero la cosa se complicó cuando Nerón decidió empezar a gobernar.

Tras su coronación, Nerón –que tenía entonces 17 años-, nombró a Séneca consejero imperial y ministro

La primera reafirmación de Nerón fue, ni más ni menos, asesinar a su propia madre en el año 59. Séneca se vio privado de su principal valedora, pero no está claro si vio venir el peligro, pues llevó a cabo una campaña de lavado de la imagen pública del matricida emperador, aduciendo que Agripina había estado conspirando contra su hijo.

Tres años después le tocó a Burro, que fue asesinado por Nerón y substituido al mando de la guardia pretoriana por un carnicero –en ambos sentidos del término- llamado Tigelino, amigo íntimo de la influyente esposa de Nerón, Popea. Sí olió el peligro entonces Séneca, que renunció a sus cargos y se dedicó a viajar. Son los tiempos de sus ‘Cartas a Lucilio’, gobernador de Sicilia que era, a la sazón, sobrino suyo.

Nerón y Séneca. Eduardo Barrón González,1904. Museo de Zamora / Wikimedia

Pero cuando Nerón le cogía manía a alguien, era perseverante y, además «conspiranoico». Por otro lado, sus excentricidades y crueldades hicieron que empezara a cundir el descontento, tanto entre la población como entre el Senado. Séneca, aunque ya anciano, enfermo y retirado, seguía siendo un símbolo del poder senatorial. Y esto era un peligro, para Nerón ciertamente, pero sobre todo para el propio Séneca. En el año 65, fue acusado de haber participado en la conjura de Pisón, y Nerón lo condenó a muerte; un destino que el anciano Séneca aceptó con resignación estoica, nunca mejor dicho.

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