Serguéi Kírov

Kírov, tercero desde la izquierda, junto a Stalin (segundo), en Leningrado, 1925, durante el enfrentamiento con Zinóviev. / Wikimedia

Tal día como hoy… 1 de diciembre de 1934 era asesinado el dirigente soviético Serguéi Kírov

 

El 1 de diciembre de 1934 era asesinado en la sede central del Partido Comunista en Leningrado –actual San Petersburgo- el dirigente soviético Serguéi Kírov. El autor del atentado, Leonid Nikoláev, era también miembro del partido. Nunca se supo qué hubo detrás de este atentado, que algunas versiones atribuyen a Stalin, aunque Kírov era aparentemente uno de sus más devotos seguidores.

 

CV / Kírov había nacido el 27 de marzo de 1886 en Urzhum (Rusia). Hijo de una familia de la pequeña burguesía local, su padre abandonó a la familia al poco tiempo y su madre falleció poco después, siendo criado, primero por su abuela, y posteriormente en un orfanato. Desde muy joven militó en el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso –POSDR-, en el cual destacó como activista. Participó en la revolución de 1905 y fue detenido en varias ocasiones. Tras la escisión del POSDR, Kírov se fue con los bolcheviques, y destacó en todo momento por su fidelidad a Stalin, convirtiéndose desde 1917 en un dirigente de segundo nivel, por debajo de la cúpula de los Lenin, Trotsky, Stalin, Zinóviev, Kámenev, Bujarin…

Tras la escisión del POSDR, Kírov se fue con los bolcheviques, y destacó en todo momento por su fidelidad a Stalin, convirtiéndose desde 1917 en un dirigente de segundo nivel

Tras la muerte de Lenin y la defenestración y exilio de Trotsky, fue subiendo puestos en el escalafón a medida que el propio Stalin iba afianzándose en el poder, y arrinconando a los rivales que le quedaban de la vieja guardia bolchevique. En 1934, Kírov era la gran promesa del partido bolchevique, considerado por muchos el sucesor de Stalin.

Su asesino, Leonid Nikoláev, era un personaje definible, cuando menos, como opaco. Había sido sancionado por indisciplina en varias ocasiones por el partido, y detenido por el NKVD –la policía del Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos- acusado de vagancia en noviembre de 1934. No era una acusación baladí en los tiempos de la Rusia soviética, pero ello no obstante, fue liberado sin cargos y con autorización para seguir llevando su revólver.

Leonid Nikolaev / Wikimedia

El 1 de diciembre, entró en la sede del partido –instalada en el antiguo Instituto Smolny-, subió sin problemas a la tercera planta, entró en despacho de Kírov y lo mató de un disparo. Fue detenido inmediatamente, y según la versión oficial, presa de un estado de enajenación total. El propio Stalin fue a visitarle –sin que se sepan las razones-, y ni siquiera lo reconoció. Esto último fue lo que indujo a considerarlo un loco. Si alguien en la URSS no sabía distinguir a Stalin, es que estaba enajenado. Se decidió «en atención» a este hecho, no llevar a cabo un juicio público como los que se solía realizar. Fue juzgado en secreto el 29 de diciembre, declarado culpable de actividades contrarrevolucionarias y ejecutado con un tiro en la nuca este mismo día, inmediatamente después de leerse la sentencia.

Serguéi Kírov

Poco después, se empezó a divulgar que Nikoláev no había actuado solo –que hubiera sido lo previsible en un loco- sino que era un agente trotskista -Trotsky estaba por entonces exiliado en Francia- que había actuado siguiendo las órdenes de Kámenev y Zinóviev, los dos principales rivales de Stalin en aquellos momentos. Se iniciaron entonces las consiguientes purgas, que llevaron a la detención y ejecución de estos dos dirigentes que, precisamente, habían apoyado en su momento a Stalin contra Trotsky.  Más adelante, se acusó al único dirigente veterano de la revolución de 1917 que quedaba, Bujarin, de haber sido el auténtico instigador. Fue obligado a confesar públicamente sus «errores» e igualmente ejecutado.

Con el asesinato de Kírov, Stalin mató no dos, sino tres pájaros de un tiro. El pretexto le sirvió para desencadenar sus tristemente famosas purgas, que ya no se detuvieron hasta su muerte, en 1953. Pero quién estuvo verdaderamente detrás del asesinato de Kírov es algo que nunca se sabrá, aunque muchos indicios apuntan al propio Stalin.

Quién estuvo verdaderamente detrás del asesinato de Kírov es algo que nunca se sabrá, aunque muchos indicios apuntan al propio Stalin

Kírov era en cierto modo el delfín de Stalin, y todo indica que le era ciegamente fiel, tanto, que hasta tenía confianza en él y se había permitido discrepar ocasionalmente de sus expeditivos métodos. Era además muy popular, algo que a Stalin no debía gustarle nada. La propia trayectoria de Nilolaiev es en sí sospechosa. Además, en el XVII Congreso del PCUS, que había tenido lugar el mismo 1934, Kírov había sido el líder que menos votos contrarios había recibido –tres votos negativos-, mientras que Stalin fue el más rechazado -222 votos de reprobación-. En 1934 todavía podían ocurrirle a Stalin estos contratiempos. Fue la última vez.

Nunca se sabrá si verdaderamente Kírov estaba conspirando contra Stalin, pero sí que éste fue el gran beneficiado con su muerte. La implicación de Stalin en el asesinato de Kírov nunca ha podido materialmente probada, pero demasiados indicios apuntan hacia ello.

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