El estudio señala que los niños son más volátiles en sus decisiones, no siguen una estrategia fija y se fijan más en su entorno. /woodleywonderworks

La cooperación entre humanos cambia con la edad

.

UB / UC3M / UNIZAR-  Una investigación llevada a cabo por las universidades de Barcelona (UB), Carlos III de Madrid (UC3M) y de Zaragoza (Unizar) demuestra que la actitud colaborativa entre humanos cambia a lo largo de la vida. Los mayores son los más cooperativos, mientras que la actitud de los niños a partir de la adolescencia se hace muy dependiente de las reacciones de los demás.

El trabajo, publicado en la revista Nature Communications, es uno de los primeros estudios experimentales en el mundo que analizan cómo evoluciona la actitud cooperativa en diversas franjas de edad, según sus autores.

El trabajo, realizado por expertos en sistemas abiertos, biocomputación y sistemas complejos, ha incluido un experimento, que se presentó como un juego a través de una interfaz web desarrollada por investigadores del Instituto de Biocomputación y Física de Sistemas Complejos (BIFI) de la Universidad de Zaragoza en el que participaron 168 personas de entre 10 y 87 años, elegidas aleatoriamente durante un festival de juegos de mesa.

El equipo instaló un laboratorio portátil con una docena de ordenadores y captó voluntarios entre los asistentes al festival hasta completar una muestra estadísticamente relevante. Posteriormente, se repitió el experimento para confirmar los resultados, que quedaron corroborados con 53 alumnos de 12 y 13 años del colegio Jesuïtes Casp de Barcelona. Se utilizó una versión virtual del dilema del prisionero, un problema de la teoría de juegos que sirve de modelo para estudiar el comportamiento humano y, en este caso, la cooperación entre las personas.

Los adultos toman en consideración sus acciones pasadas; por ello, su manera de actuar es más predecible y colaborativa

Los participantes se dividieron en grupos de cuatro por franjas de edad, además de un grupo de control. Durante 25 tandas consecutivas, debían elegir entre cooperar o no hacerlo con sus compañeros, con diferentes recompensas según cada acción.

El mayor beneficio para las personas que interactúan se produce cuando ambas colaboran; si una colabora y la otra no, esta última tiene más beneficio que la que coopera; pero si nadie coopera, nadie gana nada. Los voluntarios tenían información sobre las acciones de sus oponentes y de las recompensas obtenidas por cada uno. Al terminar las rondas, el total de los puntos que había obtenido cada uno se transformaban en dinero, que se les pagaba en el mismo momento y, en el caso de los menores, se les daba a sus padres.

Los resultados más novedosos del experimento muestran un comportamiento diferenciado en la franja de edad más joven. “En general, a la hora de colaborar la gente tiene en cuenta lo que han hecho los demás, lo cual se conoce como cooperación condicional, pero nuestros experimentos demuestran que los adultos también consideran sus propias acciones pasadas; es decir, su manera de actuar es más predecible y ayuda un poco a mantener la cooperación”, explica Yamir Moreno, uno de los autores e investigador de sistemas complejos de la Universidad de Zaragoza.

.

Cooperación condicional

Sin embargo, el comportamiento de los más jóvenes no sigue este patrón. “Según nuestro estudio, los niños son más volátiles en sus decisiones, no siguen una estrategia fija, y son esencialmente cooperadores condicionales, ya que se fijan mucho más en su entorno. La tendencia de los niños es estar pendientes de los otros jugadores y reaccionar según su respuesta, en lugar de estar condicionados a sus acciones pasadas. Esto dificulta que se llegue a generar un entorno cooperativo”, dice Mario Gutiérrez-Roig, experto en sistemas abiertos de la UB.

En el lado opuesto, hay otra peculiaridad en los resultados, señala el profesor Anxo Sánchez, del departamento de Sistemas Complejos de la UC3M. “Los mayores de 75 años parecen ser más cooperativos que el resto de edades, aunque la estadística que tenemos en este caso no es muy grande y habría que comprobarlo mejor”.  Esto sugiere, como ya apunta algún otro estudio, que “adelantar la edad de jubilación puede no ser beneficioso para las empresas y que puede ser interesante buscar maneras de mantener a esa población en el trabajo o alternativamente en una situación en la que puedan seguir siendo cooperativos”, indica Sánchez.

En el segundo experimento, realizado con estudiantes del colegio Jesuïtes Casp para corroborar los resultados, las conclusiones fueron las mismas. “Los niños estaban más cooperativos, pero el comportamiento se mantuvo igual de cambiante”, indica Carlos Gracia-Lázaro, del departamento de Física de la Materia Condensada. de la Unizar. “Estos resultados invitan a pensar que hay un componente evolutivo y cultural a lo largo del ciclo de la vida y que ser más proclives a cooperar es una cualidad que se puede aprender”, añade el investigador.

.

Tácticas para enseñar a colaborar

Los resultados también tienen implicaciones en cuanto a las tácticas para fomentar la colaboración en esta franja de edad. “Sería necesario desarrollar estrategias específicas, diferentes a las de los adultos, para promover una transición hacia una conducta prosocial más persistente y para ayudarles a entender la necesidad de una cierta perseverancia. Trasladado a la educación, por ejemplo, se podría convertir en reglas más claras en los trabajos en grupo para facilitar que lleguen a acuerdos beneficiosos para todos”, explica Josep Perelló, del departamento de Sistemas Abiertos de la UB.

En otros experimentos previos ya se había observado que los niños entre seis y diez años desarrollan cooperatividad y esta investigación señala el momento en el que esto cambia: la adolescencia. “Las causas no están claras, pero pensamos que lo que puede ocurrir es que en fases anteriores empiezan a desarrollar una teoría del otro, como la llaman los psicólogos, lo cual les permite empatizar y ser altruistas; pero luego al hacerse mayores podrían tener una fase en la que creen que entender al otro les pone en posición de aprovecharse de él”, dice Anxo Sánchez del departamento de Sistemas Complejos de la UC3M.

“Es una idea un poco intuitiva, por lo que sería necesario hacer más experimentos para ir concretando mejor causas de este cambio”, puntualiza Yamir Moreno.

El estudio ha contado con una muestra más representativa que la utilizada habitualmente en los trabajos sobre el comportamiento. Tal y como explica Josep Perelló, “este tipo de estudios normalmente emplean muestras de estudiantes de ciencias sociales y económicas, con lo que eso significa en cuanto a un perfil de gente con un nivel educativo universitario y de un cierto nivel económico.

Además, continúa el experto, podrían estar sesgados incluso por las propias teorías económicas que aprenden en clase. “Nuestra muestra es más diversa en cuanto a la edad y el nivel socioeducativo, lo que da más generalidad a nuestras conclusiones.