Silvestre II

Murió cuatro años después, en Roma, el 12 de mayo del 1003

Tal día como hoy… 2 de abril del año 999, Gerberto de Aurillac era consagrado Papa

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El 2 de abril del año 999, el monje benedictino Gerberto de Aurillac (945-1003) era consagrado en Roma como el Papa número 103 de la Iglesia católica, con el nombre de Silvestre II. Fue uno de los hombres más ilustrados de su época: introdujo en Occidente el sistema numérico decimal indo-arábigo y el cero. Trabajó las matemáticas y la astronomía, diseñó ábacos, relojes de agua, astrolabios, un órgano y un globo terrestre. Fue también el precursor de un sistema taquigráfico que recuperó de antiguos textos romanos. Todos estos méritos le valieron la fama de nigromante, de hermético y de tener un pacto con el diablo.

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CV / Generalmente, suele asociarse a la Iglesia católica con la intolerancia y la persecución de la ciencia. Esto ha sido cierto, y ahí están los nombres de Bruno, Galileo o tantos otros para recordárnoslo. Pero la posición abiertamente contraria a la ciencia la adoptará la Iglesia a partir del siglo XVI. En realidad, la Iglesia católica no fue siempre la caverna oscurantista que suele creerse, sino incluso en ocasiones todo lo contrario. Y ahí está, también, el Papa Silvestre II como prueba.

La Iglesia católica no fue siempre la caverna oscurantista que suele creerse, sino incluso en ocasiones todo lo contrario. Y ahí está, también, el Papa Silvestre II como prueba

Gerberto de Aurillac nació en Auvernia, Francia. Según una leyenda, cerca de su aldea vivía un viejo ermitaño, Andrade, que se proclamaba descendiente de los druidas e inició a Gerberto en el esoterismo y la magia celta; en otras versiones, Andrade era el mismo diablo y Gerberto, como un Fausto avant la lettre, vendió su alma a cambio del conocimiento. Sea como fuere, ingresó muy pronto en el monasterio benedictino de Saint-Géraud d’Aurillac, donde tomó las órdenes y fue instruido en el Trivium –Gramática, Retórica y Dialéctica-. En el año 967 se trasladó al monasterio de Ripoll, en la Marca Hispánica, que era la frontera entre la Europa cristiana y el Califato de Córdoba musulmán.

Por influencia árabe, en Ripoll entró en contacto con las matemáticas y la astronomía. Allí conoció a un enigmático personaje, un archidiácono llamado Sunifredo, conocido también como «Lupito de Barcelona», que al parecer había estudiado en Córdoba, fabricaba astrolabios y conocía la numeración árabe. Es muy probable que ambos realizaran un viaje a Córdoba durante el cual, según la rumorología de la época, Gerberto leyó «El Corán», para espanto de la mojigatería rampante por aquellos tiempos. Consta una carta en la que, veinte años después, a punto de ser nombrado Papa, le pedía a Lupito la traducción latina de un tratado astronómico árabe: Sententiae Astrolabii.

Hacia el año 969/70, acompañó en peregrinación a Roma al conde de Barcelona Borrell II. Allí conoció al Papa Juan XIII y al emperador Otón I, que quedaron impresionados ante sus amplios conocimientos… tanto, que el emperador le nombró tutor de su hijo, el futuro Otón II. Años después se le sitúa en Reims, enseñando las disciplinas del Quadrivium –Aritmética, Geometría, Astronomía y Música-. En el año 983, su antiguo pupilo, ya emperador, le nombró Abad del monasterio de Bobbio, en Italia. Se sabe que tuvo también algún papel en entronización de Hugo Capeto como rey de Francia. Ya en este tiempo tenía fama de brujo y de nigromante, por los «diabólicos» dispositivos que fabricaba.

A raíz de su erudición circularon sobre él los bulos más variopintos, centrados todos ellos en la idea del pacto con el diablo

Tras verse involucrado en las rencillas entre el Hugo Capeto y el Papa, se refugió en la corte del emperador y fue nombrado Arzobispo de Rávena en el año 998. Finalmente, fue elegido Sumo Pontífice y consagrado Papa el 2 de abril del año 999. Murió cuatro años después, en Roma, el 12 de mayo del 1003. Eso sí, pasó el año 1000 sin más preocupaciones que intentar convencer a sus aprensivos feligreses que el mundo no se iba a acabar porque cambiara el dígito.

A raíz de su erudición circularon sobre él los bulos más variopintos, centrados todos ellos en la idea del pacto con el diablo. Quizás el más curioso sea la leyenda del súcubo. Un súcubo es un demonio con forma de mujer –un íncubo lo es con forma de hombre-. Se decía que el diablo le proporcionó una diablesa como guardiana -un súcubo- y para que tuvieran trato carnal. Pero la «demonia» acabó enamorándose de Gerberto y, en una anticipación de la leyenda de la Sirenita –con final feliz en este caso-, renunció a la inmortalidad para convertirse en mujer mortal por amor a él. Siguiendo con la leyenda, a su muerte los enterraron juntos en San Juan de Letrán-, y de su tumba emanan aún fluidos con poderes afrodisíacos…

Otra leyenda sostiene que cuando se oye ruido de huesos en su tumba, es el anuncio de la muerte inminente del Papa.

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También un 2 de abril se cumplen estas otras efemérides

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